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El Enclave Bananero:

BANANAS, ABOGADOS Y AMETRALLADORAS

Creada en 1899, la compañía bananera United Fruit se estableció en pocos años en alrededor de una decena de países del continente. Los pioneros del imperio del plátano no fueron economistas, ni contadores, ni administradores de empresa, ni –mucho menos– filántropos. Eran especuladores, aventureros y buscavidas dispuestos a enriquecerse por cualquier medio. 

por Roberto Bardini

banana1.jpgEn 1916, un diplomático estadounidense acreditado en Honduras calificó a una empresa, que luego se unió a la United Fruit, como “un estado dentro del estado”. Y aunque cambió varias veces de nombre, siempre fue un poder detrás del trono. Sobornó a políticos, financió invasiones, promovió golpes de estado, quitó y colocó presidentes, acabó a balazos con huelgas y respaldó a escuadrones de la muerte.

 

En 1970, la United Fruit se fusionó con otra firma y pasó a llamarse United Brands. En 1990 volvió a cambiar de nombre: ahora es Chiquita Brands. Con 15 mil hectáreas en América Latina y cerca de 14 mil trabajadores, sigue siendo un gigante del negocio.

 

“El rey sin corona de Centroamérica”

 

Antes de 1870 los estadounidenses nunca habían visto un plátano. Pero ese año el ingeniero ferroviario Minor Cooper Keith, nacido en Brooklyn y de sólo 23 años, exporta desde Costa Rica las primeras bananas al puerto de Nueva Orleáns. Tres décadas después, Estados Unidos consume aproximadamente 16 millones de racimos al año.

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Minor C. Keith, nacido en 1848, el año en que Karl Marx publicó El manifiesto comunista, no se detiene ante las dificultades de la época. Para el tendido de las vías que van de Puerto Limón a San José, ha reclutado un primer cargamento de 700 ladrones y criminales de las cárceles de Louisiana; sólo sobreviven 25 a las duras condiciones de junglas y pantanos. El hombre de negocios no se amilana y lleva a dos mil italianos. Al ver las condiciones de trabajo, casi todos prefieren escapar a la selva. El empresario atrae entonces a chinos y negros, al parecer más resistentes a las enfermedades tropicales. En la instalación de los primeros 40 kilómetros de rieles mueren cinco mil trabajadores.

 

El emprendedor Keith se casa con la hija del ex presidente José María Castro Madriz, primer mandatario de la república. Hace relaciones entre la provinciana alta sociedad costarricense, soborna políticos, compra autoridades y obtiene la concesión del flamante ferrocarril por 99 años. Ahora sí puede dedicarse de lleno al negocio del plátano.

 

En 1899, busca socios y funda en Boston la United Fruit Company, la compañía bananera más grande del mundo, con plantaciones en Colombia, Costa Rica, Cuba, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá y Santo Domingo. En poco tiempo es dueño del diez por ciento del territorio costarricense y conocido como “el rey sin corona de Centroamérica”.

 

Además de los trenes de Costa Rica y la producción bananera de América Central y el Caribe, Keith y sus socios controlan los mercados municipales, los tranvías, la electricidad y el agua, poseen 180 kilómetros de ferrocarril que unen las plantaciones con los puertos y en poco tiempo son dueños una línea marítima que lleva el banano hacia los muelles de Estados Unidos y Europa. Ese imperio naviero, creado en 1907 con cuatro barcos que aumentaron a cien en 1930, existe hasta hoy y se llama Gran Flota Blanca.

 

flota-blanca.jpgMinor Keith funda en 1911 la International Railroads of Central America, que une sus líneas férreas con México y El Salvador. Muere a los 81 años, en 1929, cuando se produce el famoso “martes negro” de Wall Street que da origen a la llamada Gran Depresión. El hombre que había llegado a Costa Rica con una mano atrás y otra adelante, tenía una fortuna de 30 millones de dólares que nunca se supo a dónde fue a parar.

 

 

“El hombre banana”

 

Samuel Smuri, hijo de un campesino judío de Besarabia (Rusia), llega a Estados Unidos en 1892, a los 15 años. A los 18, cambia su apellido por Zemurray y comienza a comprar a bajo precio plátanos a punto de descomponerse en los muelles de Nueva Orleáns, que luego vende rápidamente en pueblos cercanos. A los 21, posee cien mil dólares en una cuenta de banco.

 

b.jpgSam Zemurray no tiene estudios y no logra hablar bien el inglés, pero ya está listo para los grandes negocios. Se casa con la hija de Jacob Weinberger, el vendedor de bananas más importante de Nueva Orleáns, compra una empresa naviera en bancarrota y en 1905 desembarca en Puerto Cortés (Honduras). Allí adquiere otra compañía al borde de la quiebra, la Cuyamel Fruit Company.

 

En 1910 es dueño de seis mil hectáreas, pero está endeudado con varios bancos estadounidenses. Entonces decide apoderarse de todo el país a muy poco costo. Lo logra al año siguiente.

 

Zemurray regresa a Nueva Orleáns y busca a Manuel Bonilla, ex presidente hondureño exiliado, a quien convence de dar un golpe de estado para recuperar el gobierno. Bonilla es un ex carpintero, violinista y clarinetista que al calor de las guerras civiles llegó de cabo a general. Zemurray también entusiasma para participar en la aventura centroamericana al “general” Lee Christmas, un soldado de fortuna, y a su protegido Guy “Ametralladora” Molony, un pistolero profesional.

 

En enero de 1911, los cuatro se embarcan junto con una gavilla de corsarios rumbo a Honduras. Armados sólo con una ametralladora pesada, una caja de rifles de repetición, 1.500 kilos de municiones y varias botellas de bourbon, durante un año los mercenarios arrasan todo a su paso, llegan a Tegucigalpa y el 1 de febrero de 1912 instalan a Bonilla en el poder.

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En 1911, el agradecido presidente otorga a Zemurray una concesión libre de impuestos de diez mil hectáreas para cultivar bananos durante 25 años. “El territorio controlado por la Cuyamel es un estado en sí mismo”, informa el cónsul estadounidense en Puerto Cortés en 1916. “Alberga a sus empleados, cultiva plantaciones, opera ferrocarriles y facilidades terminales, líneas de vapores, sistemas de agua, plantas eléctricas, comisariatos, clubes”.

 

En 1929, en medio de una gran crisis mundial, el comerciante ruso vende la Cuyamel a la United Fruit a cambio de 3oo mil acciones valuadas en 31 millones de dólares, lo que le permite quedar como el principal accionista individual. Para entonces al especulador ya se le conoce como “el hombre banana”.

 

Sam Zemurray ocupa altos puestos en la United Fruit Company hasta 1957, incluyendo la presidencia. En 1961, a los 84 años, fallece víctima del mal de Parkinson. Es autor de una frase que pasa a la historia centroamericana: “En Honduras es más barato comprar un diputado que una mula”.

 

La masacre de Santa Marta

 

En 1928 la United Fruit Company llevaba casi tres décadas en Colombia y se beneficiaba de la falta de legislación laboral. El 6 de diciembre de ese año, luego de un mes de huelga, tres mil trabajadores de la empresa se reúnen en los alrededores de la estación de trenes de Ciénaga, en el departamento de Magdalena, al norte del país. Ha corrido el rumor que el gobernador llegará para escuchar sus reclamos. El funcionario nunca llega y a ellos los acribillan a tiros.

 

A pedido de la compañía bananera, el ejército había rodeado el lugar. El general al mando da cinco minutos para que la multitud se disperse. Transcurrido ese plazo, ordena a la tropa que dispare. Según el gobierno, murieron “nueve revoltosos comunistas”.

 

Sin embargo, el 29 de diciembre de 1928 el cónsul estadounidense en Santa Marta envía un telegrama a Washington en el que indica entre 500 y 600 víctimas. En enero del año siguiente, el diplomático informa que los muertos son más de mil y menciona como fuente al representante de la United Fruit en Bogotá.

 

Los cadáveres habían sido llevados en trenes a la costa y arrojados al océano Atlántico. La empresa de ferrocarriles de la región es propiedad de la firma británica Santa Marta Railway Company, pero la mayoría de sus acciones pertenecen a la United Fruit.

 

“Mi banana republic

 

El neoyorkino Minor Cooper Keith también desembarca en Guatemala. En 1901, el dictador Manuel Estrada Cabrera otorga a la United Fruit la exclusividad para transportar el correo a Estados Unidos. Después, permite la creación de la compañía de ferrocarril como una filial de la empresa bananera. Luego le concede el control de todos los medios de transporte y comunicaciones. Y como si esto fuera poco, la propia firma se exime de pagar cualquier impuesto al gobierno durante 99 años.

 

Estrada Cabrera –personaje central de la novela El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias– se mantiene en el poder 22 años, hasta que en 1920 el Congreso lo declara “insano mentalmente”, pero la United Fruit continúa manejando los hilos de la política. El 75 por ciento de la tierra cultivable es propiedad de dos por ciento de la población y, dentro de ese escandaloso porcentaje, la United Fruit es la mayor poseedora. Para entonces, hacía mucho tiempo que Keith se refería a Guatemala como “mi banana republic”. A él deben agradecerle los centroamericanos y caribeños la denominación.

 

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En 1952, cuando el presidente Jacobo Arbenz intenta realizar una cuidadosa reforma agraria en beneficio de cien mil familias campesinas, la United Fruit sabe que se le acabarán todos sus privilegios y se pone en marcha para evitarlo. La solución está en Washington.

 

Uno de los accionistas de la firma es secretario de estado del presidente Dwight Eisenhower: se trata de John Foster Dulles, que también es abogado de Prescott Bush, abuelo del presidente George W. Bush. Su hermano menor, Allen Dulles, es el primer director civil de la CIA.

 

Con el pretexto del “peligro comunista” en Guatemala, los hermanos Dulles le hacen el trabajo sucio a la United Fruit. El 27 de junio de 1954, una fuerza militar encabezada por el general Carlos Castillo Armas –que parte de los campos bananeros de la empresa en Honduras– invade el país. Pilotos estadounidenses bombardean la capital. Arbenz es derrocado y se exilia en México. Doce mil personas son arrestadas, se disuelven más de 500 sindicatos y dos mil dirigentes gremiales abandonan el país.

 

Castillo Armas, formado en Fort Leavenworth (Kansas), es “barato, obediente y burro”, según el escritor Eduardo Galeano. Y asume la presidencia. Es el hombre que la United Fruit necesita para seguir siendo “dueña de campos baldíos, del ferrocarril, del teléfono, del telégrafo, de los puertos, de los barcos y de muchos militares, políticos y periodistas”.

 

La Chiquita Brands protagonizó su último escándalo en Colombia, donde se comprobó que desde 1997 le pagaba a los paramilitares por eliminar a dirigentes campesinos y sindicalistas “molestos”. Se retiró del país en 2004 y a comienzos de abril de este año fue multada con 25 millones de dólares por una corte estadounidense, tras admitir que pagó 1.7 millones de dólares a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) a cambio de seguridad.

 

La historia de la United Fruit-United Brands-Chiquita Brands es casi interminable. Pero se puede resumir en una frase de El Padrino, de Mario Puzo: “Una docena de hombres con ametralladoras son nada frente a un solo abogado con una billetera repleta”. A lo largo de 108 años, el imperio bananero ha recurrido a los servicios de unos y otros.

 


 

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