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El acceso a fuentes para este tema es difícil en ambos países. Intentamos poner a disposición del público en general artículos, información e imágenes que puedan servir para aclarar lo que pasó en aquel año de 1969.

No deje de leer en nuestra sección de Investigaciones:

La Guerra de las Cien Horas
Mario Overall
Guatemala
 
Jorge Arieh Gerstein
El Salvador

 

Indice

 

por Francisco Zepeda Andino
 
por Noel Oseguera Fletes
 
por Wilfredo Sánchez V.
 
Por Manuel Gamero
 
por el Cnl. José Martínez Sánchez

Paralización de la FAS

Fusiles G3 pagados con oro

Fin de juego en el Azteca y la selección salvadoreña se lleva la victoria.

 

 

Hondureños atacados por salvadoreños en el Estadio Flor Blanca

 

 

Oficiales hondureños obteniendo información sobre posibles posiciones del enemigo

 

 

Patrulla de avanzada de la OEA

 

 

Matías Hernández, Luque Portillo y Torres Arias, oficiales hondureños

 

 

Tropas hondureñas combatiendo en el frente sur

 

 

Slogan pro guerra impreso en Honduras contra los Salvadoreños

 

 

Aspecto interior del cuartel de Ocotepeque destruido por las fuerzas militares salvadoreñas que se habían entrenado allí varios meses atrás.

 

 

Aduana de El amatillo en Honduras saqueada por tropas salvadoreñas

 

 

Un oficial salvadoreño posa en las ruinas del cuartel de Ocotepeque

 

 

 

Tropas del Agrupamiento Táctico Especial en el Valle de Sensenti, Ocotepeque en Julio 1969

 

 

Miembros de la Guardia Civil en plática con el presidente Fidel Sánchez Hernández de El Salvador

 

 

El humo se levanta desde la refinería de Cutuco, recién bombardeada por pilotos hondureños al atardecer del 16 de Julio 1969

 

 

 

El pueblo salvadoreño recibió con júbilo a sus combatientes

 

 

 

Desfile del Dia de la Victoria el 3 de Octubre de 1969. en primer plano Policarpo Paz García.

 

 

 

Funcionarios de la OEA inspeccionan el Cuartel de Ocotepeque

 

 

 

Monumento al soldado en Ocotepeque

 

 

 

Firma del Tratado de Paz en Lima, Perú.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

 



Por el Cnel. F.A.H (r)Francisco Zepeda Andino.
Ex comandante Gral. de la Fuerza Aérea Hondureña.


 

Foto colección de los archivos históricos de la F.A.H



Formación de aviones corsarios sobre los cielos de Tegucigalpa previo al conflicto armado de julio, 1969
Es ampliamente conocido que durante la agresión armada de la República de El Salvador contra Honduras en julio de 1969, la Fuerza Aérea Hondureña, (FAH), logró una superioridad ostensible sobre la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS).

Esa superioridad fue parte importante para lograr contener el avance de las tropas salvadoreñas en los dos teatros de operaciones, el de Occidente y el del Sur, debido a que nuestras fuerzas de infantería carecían de apoyo de artillería y de armamento individual adecuado, la FAH tuvo que asumir, aparte de sus misiones propias, una de “artillería volante”, que restara movilidad y fuerza a la tropa invasora.

En lo que se refiere a las misiones propias de una fuerza aérea, la FAH cumplió a plenitud las de carácter estratégico, (ataque a la Refinería de Acajutla, a los depósitos de combustible de Cutuco y al aeropuerto de Ilopango), las de apoyo aéreo cercano, así como las de Interdicción Aire-Aire.

La obtención de la llamada SUPERIORIDAD AÉREA, es indispensable en los conflictos armados que se originan desde la segunda mitad del siglo pasado, hasta nuestros días.

¿Cuál es el origen de la capacidad de la FAH para lograr esa superioridad? ¿Cómo la FAH logró esa supremacía sobre la FAS?

Podemos decir que después de 1920, por razones geográficas, políticas o sociales, la aviación en Honduras se desarrolla en una forma acelerada o intensa, comparada con otros países centroamericanos. Asimismo, la rama aérea de las fuerzas militares nacionales existentes, adquiere un carácter profesional de mayor capacidad y equipo, que nuestros vecinos, a excepción de la década de los sesentas cuando la Fuerza Aérea Guatemalteca (FAG), empujada por la insurgencia interna, recibe aviones jets tipo T-33 y A-37, mientras que la FAH mantiene como primer equipo de combate, los viejos Corsarios F4-U4 y F4U-5.

Desde los años cincuenta, aun cuando los equipos no eran de primera línea, las tripulaciones de la FAH estaban calificadas en Combate Aire-Aire, Bombardeo de Blancos en Tierra, Vuelo Nocturno, Navegación, etc. Recordemos que en 1957, al darse las acciones armadas en el departamento de Gracias a Dios, los pilotos de la FAH, en sus aviones P-38, P-63 y Corsarios, cumplieron misiones en apoyo a las tropas de infantería, lo mismo que del tipo llamado Reconocimiento Armado, sin que los pilotos de la Fuerza Aérea Nicaragüense, (FAN) se atrevieran a retar la capacidad combativa de la FAH.

La habilidad de nuestros pilotos, periódicamente también era aumentada por las especializaciones que se recibían en países amigos o en nuestro territorio, más que todo por medio de los llamados Equipos Móviles de Entrenamiento de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

Pero, independientemente de cualquier capacitación o equipo que se recibiera, era y ha sido más importante el Espíritu de Cuerpo, el profesionalismo y amor a su Patria de todos los integrantes de la FAH.

Una situación poco conocida es el que, tanto en Guatemala como en El Salvador y Nicaragua, el joven que ansiaba convertirse en Aviador Militar, tenía, obligatoriamente, que ser egresado como Sub Teniente de Infantería, de las respectivas Academias o Escuelas Militares de esos países. Se daba entonces el caso, que la formación básica o primigenia de ese futuro piloto de la Fuerza Aérea, era con un alto grado de influencia de Oficial de Infantería, al haber cursado los cuatro años de estudios en ese ambiente. Al contrario, la FAH admitía desde sus comienzos, y sigue admitiendo a sus filas, como aspirantes a convertirse en Aviadores Militares, a jóvenes que venían directamente de los diferentes niveles de nuestra sociedad y que se graduaban con un espíritu de cuerpo, doctrina aérea, conocimientos, tradiciones y camaradería propia del que anda volando en un avión y depende de su compañero de ala o del personal de técnicos en tierra, para cumplir con la misión asignada.

También ha habido oficiales de infantería, graduados de la Escuela Militar Francisco Morazán, que han optado por convertirse en Aviadores Militares, pero siempre siguiendo el proceso de asimilación de las tradiciones, prácticas, espíritu de cuerpo y doctrina de la FAH.

Es así como llegamos al lunes 14 de julio de 1969, a las 6 y 20 de la tarde y al producirse el ataque al Aeropuerto Toncontín de parte de un solitario avión C-47 de la FAS, ya que los demás aviones F-51, que estaban también destinados para ese ataque, se perdieron en su vuelo desde El Salvador hacia Honduras, cuatro pilotos de la FAH despegan en aviones Corsarios F4U-5, para repeler el ataque. El entonces Tte. Cnel. José Serra, el Capt. Fernando Soto (QEPD), el que escribe y el Mayor Oscar Colindres, salen en esa secuencia, en persecución del agresor.

Al mismo tiempo, en el Aeropuerto La Mesa, cuatro pilotos del recién establecido Comando Norte, también despegan en aviones Corsarios F4U-4, en prevención de un ataque a ese lugar. El Capt. Carlos Aguirre, el también Capt. Walter López y los tenientes Edgardo Mejía y Marco Tulio Rivera, cumplen así la primera acción de una guerra impuesta a nuestra nación.

La madrugada del 15 de julio, marca el comienzo de operaciones ofensivas de guerra en la FAH. Aproximadamente a las 3:00 de la mañana, un C-47, acondicionado para lanzar bombas de 100 libras por su puerta principal, tripulado por el Capt. Rolando Figueroa, el Stte. Reinaldo Silva (QEPD), y como lanzadores de bombas el Tte. Jorge Matamoros (QEPD), el Sargento Mayor Jorge Espinal, el Sargento Rafael Cerrato, el Sargento Antonio Ramón Lagos y el soldado José Blas Molina, salen de Toncontín con la misión de hacer ver a la FAS que nuestra Fuerza Aérea no está destruida, tal como lo pregonaban las emisoras salvadoreñas. Su misión: lanzar las bombas en el área de Ilopango.

A las 4:20 de la mañana, tres Corsarios F4U-5 y un F4U4, tripulados por el Mayor Oscar Colindres como líder, el Capt. Francisco Zepeda, como número dos, el Capt. Fernando Soto (QEPD) como número tres y el Sub Tte. Santiago Perdomo como número cuatro, despegan en la oscuridad de la madrugada con la misión de atacar la Base Aérea de la FAS en el Aeropuerto de Ilopango, proseguir a la costa sur de El Salvador y atacar los depósitos de combustible y puerto de Cutuco.

Casi a la misma hora, cuatro Corsarios F4U-4 salen del Aeropuerto La Mesa, tripulados por el Capt. Carlos Aguirre, el Capt. Walter López, el Tte. Edgardo Mejía y el Tte. Marco Tulio Rivera, con la misión de bombardear la Refinería y Depósitos de Combustible del Puerto de Acajutla.

Aun cuando se ha especulado al respecto en sectores salvadoreños, ni uno solo de los Corsarios hondureños es interceptado por aviones de la FAS, ni se producen combates aéreos en territorio de El Salvador en estas primeras misiones. Al contrario, sobre los cielos de la capital hondureña, aproximadamente a las 6 de la mañana, un Corsario F4U-5 tripulado por el Tte. Cnel. Serra y un T-28 tripulado por el Sub Tte. Roberto Mendoza, salen a repeler el ataque que era objeto la Base de la FAH en Toncontín, de parte de un Corsario FG-1D y un F-51 de la FAS y el Sub Tte. Mendoza logra disparar y dañar el Corsario salvadoreño. El Tte. Cnel. Serra, aún cuando logró colocarse en posición de tiro, no pudo hacer uso de su armamento por una falla en los cañones 20mm. de su Corsario. Esta falla se repetiría en otras ocasiones.

Este primer combate aéreo es presenciado por miles de capitalinos. Tanto los aviones basados en Tegucigalpa, como los del sector norte, inflingen graves daños a los depósitos de combustible en Acajutla y Cutuco y daños menores al Aeropuerto de Ilopango.

Durante los días 15, 16, 17 y 18, los Corsarios de Toncontín y La Mesa, llevan a cabo innumerables misiones de bombardeo a tropas de infantería salvadoreña e instalaciones cercanas a la línea fronteriza, como ser la Aduana de El Amatillo, en el lado agresor o las aproximaciones de la Aduana El Poy. El día miércoles 16 tiene lugar otra acción aérea cuando el Tte. Rivera, operando desde La Mesa en un F4U-4, en una de sus misiones de ataque, divisa un C-47 de la FAS que había estado bombardeando territorio hondureño y lo ataca, haciendo numerosos impactos en el mismo, dañándolo al grado que tiene que hacer un aterrizaje forzoso en Ilopango sin poder extender sus llantas.

El Capt. Edgardo Acosta Castro (QEPD), se integra en la mañana del día 15 a la escuadrilla de Corsarios de Tegucigalpa, mientras que el Sub Tte. Santiago Perdomo es asignado a la escuadrilla del Comando norte en sustitución del Capt. Walter López, quien en su regreso de la misión de bombardeo de Acajutla la madrugada del 15, tuvo que aterrizar en un campo de aviación en Guatemala, siendo internado junto con el Corsario FAH-617 que tripulaba.

Será el jueves 17 de julio, fecha grabada con honores en la historia de la FAH, cuando se producen dos acciones de combate aire-aire, en las cuales el Capt. Fernando Soto Henríquez derriba 3 aviones de la FAS. En la primera acción, tres Corsarios hondureños tripulados por el Capt. Soto, como líder, el Capt. Francisco Zepeda, como número dos y el Capt. Edgardo Acosta como número tres, en una misión de hostigamiento a tropas enemigas en el área de El Amatillo, uno de los Corsarios, el del Capt. Zepeda, presenta problemas con sus cañones, por lo que sobrevuela el lugar y es atacado por dos F-51 de la FAS tripulados por el Capt. Douglas Vladimir Varela y el Capt. Héctor Leonel Lobo. El Capt. Soto logra ubicarse atrás de los salvadoreños y con una descarga de sus cañones derriba al Mustang del Capt. Varela, quien herido, no puede hacer uso de su paracaídas y muere al caer su avión en tierra. El otro Mustang, al ver a su líder abatido, huye hacia El Salvador.

En la segunda acción, aproximadamente a la 1:30 de la tarde, tres Corsarios hondureños, tripulados por los Capitanes Soto, Zepeda y Acosta, salen de Toncontín, en otra misión de apoyo a nuestra infantería y al hacer la comprobación del armamento, los cañones de su servidor, no funcionan por lo que el Capt. Soto le cancela su misión y prosigue con el Capt. Acosta al área de combate. Cerca de la frontera, en territorio salvadoreño, el Capt. Soto avista dos Corsarios salvadoreños y se coloca en posición de ataque, derribando el avión tripulado por el Capt. Salvador Cezeña, quien se lanza en paracaídas y salva su vida. Luego de maniobras defensivas y ofensivas, el Capt. Soto logra colocarse atrás del Corsario del Capt. Reynaldo Cortez, considerado el mejor piloto de la FAS, y con una ráfaga de sus cañones hace explotar el avión en vuelo, pereciendo el piloto instantáneamente. Por una ironía de la vida, el Capt. Cortez, en 1960-61, había sido nuestro amigo, compañero de clases y graduación durante nuestro entrenamiento como Pilotos Militares en Bases de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América, USAF.

Mientras, en el Occidente del país, en el sector conocido como San Rafael de Las Mataras, este jueves 17 por la tarde, dos Corsarios F4U-4 del Comando Norte, tripulados por el Capt. Carlos Aguirre y Tte. Marco Tulio Rivera, escribirían otra página de honor en la historia de la FAH, cuando, en apoyo de nuestras tropas, atacan y destruyen con sus ametralladoras y cohetes, un convoy de tropas salvadoreñas que pecando de triunfalismo, ascendían, como en un paseo, por la carretera que conecta Nueva Ocotepeque y Santa Rosa de Copán.

Lo ocurrido ese día eleva tremendamente la moral de todo el personal de la FAH, quienes celebran las tres victorias aéreas del Capt. Soto y al contrario, en la FAS hay un derrumbamiento general al haber perdido dos pilotos y tres aviones en un lapso de 4 horas.

El viernes 18, la FAH no encuentra oposición en los cielos cercanos a las fronteras y cumple, con enorme confianza y si se quiere, con altanería, muchas misiones de bombardeo, en una de las cuales se integran como atacantes, en aviones Corsarios, al Tte. Cnel. José Serra y al Capt. René González Molina (QEPD), piloto de la Reserva y en otras se han también asignado a los recién graduados Subttes. Lázaro Urbina y Oscar Servellón, quienes piloteando aviones AT6-C artillados, llevan a cabo misiones de hostigamiento en el área de El Amatillo.

También es de resaltar las misiones que cumplieron pilotos de la reserva y civiles en avionetas particulares o aviones de empresas aéreas nacionales, sirviendo para transporte de combustible, personal u otros, operando muchas veces en carreteras de tierra o pavimentadas, donde no había campos de aviación.

El Cese al Fuego ordenado por la OEA entra en vigencia la noche del 18 de julio.

En un análisis de lo ocurrido esa semana de julio, en 1969, se puede deducir que lo logrado no fue una casualidad o suerte. Por generaciones, la FAH había mantenido programas de entrenamiento, práctica, disciplina de vuelo, aplicación correcta de doctrinas, camaradería, dedicación a su profesión, espíritu de cuerpo, tradiciones y amor a su Patria, que resultaron en lo ya conocido.

El combate aéreo es la máxima expresión de valentía, capacidad y determinación y a veces, de sacrificio individual, entre dos seres humanos, con flaquezas y fortalezas, sin tregua o rendición, donde uno tiene que prevalecer y el otro ceder y posiblemente, morir.

La Fuerza Aérea Hondureña debe continuar siendo bastión de la defensa de los intereses vitales de Honduras. Por casi cerca de ochenta años, muchos hondureños han ofrendado su vida por mantenerla en el sitial de honor que tiene. Hagamos que su sacrificio no haya sido en vano.

 

Foto coleccion de los archivos historicos de la F.A.H



 



 

Foto Coleccion del Cnel.(r) F.A.H Carlos Aguirre Lopez.



 

Foto Coleccion del Cnel.(r) F.A.H Carlos Aguirre Lopez.



 

Foto coleccion de los archivos historicos de la F.A.H



 

Foto coleccion de los archivos historicos de la F.A.H


 

Por el Capitán de Seguridad Aérea: Noel Oseguera Fletes.

 

Como catrachos le tenemos mucha admiración y respeto a un gran estratega del poder aéreo en Honduras, se trata del coronel(r) F.A.H Jose Enrique Soto Cano. Por estar próximo el 40 aniversario de la gesta heroica, hoy mencionamos algunos tópicos de la campaña aérea desarrollada por el cuando fungía como Comandante Gral. de la F.A.H durante la guerra de las 100 horas de 1969.

Primeramente, en cuanto a la superioridad aérea en operaciones ofensivas, Honduras obtuvo resultados muy positivos, el coronel Soto Cano sostuvo que se debían realizar ataques aéreos a los aviones enemigos en sus bases y a sus sitios de almacenamiento de combustible para cortar de esta manera el apoyo y los suministros a las Fuerzas Aéreas y Terrestres Enemigas. Su posición fue muy lógica y acertada por que tenia como objetivo principal lograr la superioridad aérea durante el conflicto.

En cuanto a operaciones defensivas, es importante mencionar el concepto de movilidad que utilizo nuestra F.A.H concentrando y dispersando personal y otros recursos. Se llevo a cabo el traslado de varios aviones Corsarios al Comando Norte en la ciudad de San Pedro Sula y así aprovechar el efecto de dispersión de los medios para minimizar los riesgos de perdida por ataque aéreo.

También el coronel Soto Cano se enfrento a una de las desventajas del poder aéreo, las opciones limitadas, que por las políticas impuestas por el alto mando, prohibió ataques permanentes al corazón del enemigo para evitar que ellos nos calificaran de agresores. Pero las limitaciones no significaron un problema, ya que nuestras aeronaves atacaron al enemigo con entera libertad.

Dentro de las misiones de bombardeo aéreo las mas importantes fueron las de superioridad aérea y de ataque estratégico. Pero también se brindo un oportuno apoyo aéreo cercano a las fuerzas del ejercito cuando la F.A.H apoyo el contra ataque del General Policarpo Paz Garcia en el frente sur y de la emboscada que se le tendió al ejercito enemigo en la batalla de San Rafael de las Mataras. Es en ese momento que también la F.A.H dijo presente y ayudo a nuestra hermana fuerza ejercito a detener la fuerza invasora que había ganado terreno.

En el uso de reservas, la F.A.H realizo operaciones de aero-movilidad para brindar concentración del personal de reserva en los sitios requeridos. Se llevo a cabo el transporte aéreo del Batallón Guardia de Honor a Santa Rosa de Copan para reforzar ese teatro de operaciones. También pilotos y mecánicos que laboraban para empresas de aviación civil, se sumaron como reserva de la aviación militar. El buen uso de nuestra reserva, aérea y terrestre transportada por aire, fue una sorpresa para el enemigo, lo cual causo un alto grado de incertidumbre en sus máximos lideres militares.

En el aspecto de la orquestación de la guerra, Honduras desde un principio empleo los conceptos y principios de superioridad aérea, el coronel Soto Cano mantuvo su criterio de atacar primero los aviones enemigos, inicialmente en tierra y después en el aire y sus almacenes de combustible. Esta postura fue muy acertada para lograr la superioridad aérea durante el conflicto y seguidamente llevar a cabo operaciones de interdicción y apoyo aéreo cercano. Por otro lado los enemigos tenían un plan muy elaborado pero su mayor debilidad fue en la ejecución, nunca acertaron con sus ataques a los centros de gravedad de las FF.AA de Honduras lo cual nos favoreció mucho y obviamente facilito las acciones para una mejor orquestación de nuestra parte.

Para cerrar, en el planeamiento de la campaña aérea, el coronel Soto Cano identifico muy bien los centros de gravedad enemigos, llevo a cabo las fases de las operaciones aéreas eficientemente y finalmente se utilizaron apropiadamente los recursos limitados que se tenían para ese momento critico,

Hoy en día vemos como para esas fechas de julio de 1969 se aplicaron acertadamente los principios y conceptos de la campaña aérea muy bien planificada y ejecutada por nuestro gran estratega aéreo, se logro repeler la agresión. Su actitud en ese momento es un ejemplo muy digno de imitar y la Guerra de las 100 horas de 1969, es un caso especial de estudio para todos los miembros de la gloriosa F.A.H.

Tomado y recopilado de la Revista Oficial de la F.A.H en su LXXVIII aniversario(2009).

Por J. Wilfredo Sánchez V.

 

En la línea, nada, silencio, nosotros también hablamos en voz baja, para no hacer mucha bulla y oír a nuestros aviones cuando regresen, son como las cinco y treinta cuando… bum bum… dos cañonazos aquí nomás frente a nosotros; nos quedamos con el gesto de ¿qué fue eso? No atinamos en el momento, cuando escuchamos aquello, nunca lo había oído en la realidad, me acuerdo en el momento, como en un relámpago yo lo relaciono en la memoria con algunas películas con este fiiiiiiiiuuuuoooooooo,,,,Buuuuuuuuummmmmmmm….Buuuummmmmmm…. Ahora sí ya recordé que es artillería, aquí están ya. Este es el momento para el que sudé con aquel fusil en el recinto del cuartel de Comayagua; este es el momento por el que me siento orgulloso de ser soldado, y hace falta mucho de ese orgullo porque al oír ese horripilante silbido en crescendo como que empiezan a temblar a uno; y de pronto las manos se le sudan, se cambia de manos el fusil porque los dedos le tiemblan.

Por la mente pasa como en una película extra rápida; pero como que corriera a razón de un millón de metros por segundo, como instantáneo, como su vida en una píldora, así le corre el recuerdo de toda su vida a uno, pero cuando ya la vio toda, su familia, su papá, mamá, su niñez, su juventud, sus éxitos, fracasos, su esposa, los hijos, como que se siente que todo está bien, que cualquier cuenta pendiente está saldada; no tiene nada de que preocuparse, y ese frío que sentí con ese primer disparo y que originó esa parálisis inicial y el seguido grito de:


- A sus fosos, cúbranse todo mundo, artillería, nadie dispare, sólo a mi orden, pasen la voz.

 

Como a las cinco y cuarenticinco escuchamos dos aviones que pasan de regreso, al momentito otro, vítores y aplausos aquí abajo cada vez que pasa, no los podemos ver, hay nubes, seguimos escuchando, no sabemos cuántos pasaron para allá, sólo se escuchó el rumor como de tres o cuatro. Primero fue la alegría, cuando iban, ahora alegría porque regresan, pero nos queda una gran ansiedad por los que faltan, o ¿ya regresarían todos? Tal vez por otro lado, ojalá nadie haya caído.

Y siguen los silbidos pasando por encima y estallando allá atrás en OCOTEPEQUE, un calor me invade el cuerpo, una tranquilidad me da la sensación de que todo está bien, y mientras los silbidos siguen, siguen, como formando una cúpula sobre nosotros, escucho ya el ……..sssssssssss…….. del Stoner; antes no lo oía, me había separado del mundo; ya estoy de regreso y me asomo sobre el foso; creo que como yo, estamos todos enlodados; siento frescos los pies, están en el agua; siguen los silbidos pasando y me salgo del foso; apenas han transcurrido segundos me acuerdo de pronto del puente, la dinamita, me parece que ya pronto llegará el enemigo y me lo captura intacto; corro hacia allá, busco el explosor, reviso las conexiones para enviar esa chispa a esas cuatro mil candelas; subo la palanca y con todo mi impulso la hundo, rrach… nada, no estalló, zafo los alambres, los raspo con mi cuchillo, raspo los tornillos, los humedezco con saliva, los conecto nuevamente, resoco las tuercas, reviso por si no me han desconectado los alambres y le vuelvo a dar, nada y otra y otra vez, y nada, le doy una patada y lo dejo volcado, no comprendo qué pasó. Me voy a platicar con los soldados, es importante y qué alegría se siente al ver que poco a poco van asomando todos y ver que allí están, buscando en su fornitura un trapito y se pasan entre sí el aceite, con el que van limpiando y lubricando el fusil; algunos van poniendo alineaditos sobre el borde del foso, para que no cueste sacarlos en el momento de recargar el fusil, se oye allá el !crac! cuando se abre la tapa de la treinta, le secan el agua, le ponen aceite y tras acomodarle la cinta la cierran; un ras, ras, nos avisa que está lista.

El morterista trata de ver la burbuja, para alinear su pieza, su ayudante le da taconazos a las patas del bípode para que se entierren en el húmedo suelo, no queremos fallar ni un tiro, ……Buuuuuuuuummmmmmmmm Buuuuuummmmmmm……, siguen machacando a OCOTEPEQUE. Paso al otro lado de la carretera, visitando la línea. La pesada 81 está lista, BARDALES viene llegando con dos galones llenos de agua.

- Buenos días, mi Teniente, estoy preparándole agua a la máquina.
-Muy bien, hombre, hay que estar listo.

-Aquí lo estamos, mi Teniente, por aquí no pasan, eso que está pasando arriba, eso es nada, con eso no nos van a conquistar…… mi Teniente y ¿los aviones regresarían todos? Yo oí más poquitos de regreso.

-Sí, hombre, yo también estoy preocupado, pero ojala todos hayan salido bien; porque ahorita los necesitamos otra vez, ojala vengan.

 
Al frente escuchamos ahora las tupidas explosiones, están morteriando nuestras antiguas posiciones, las largas ráfagas de ametralladoras apoyan el ataque a lo que suponen nuestras líneas.

 

-Mi Teniente, acaba de llegar el Cabo CORTEZ, estaba con la patrulla de escucha allá adelante.

 
-¡Ajá! Vení, CORTEZ, ¿Vienen todos? ¿No tienes alguna baja?
No, mi Teniente, estamos todos bien, ¡Esa chusma no!

 
Pues poco antes de que pasaran los aviones, todos ellos desplegaron en la frontera, entraron un poco y se detuvieron allí por la Quebrada Honda; son una gran barbaridad, mi Teniente, yo vi ese llano atestado, cuando pasaban los aviones se tendieron, en la oscuridad, y esa gran nubosidad, ya les parecía que los miraban, aprovechamos nosotros para desprendernos y venirnos, estábamos cerca cuando los columbramos pero no nos vieron.
 

-Creo entonces que no pudieron ve por dónde vienen la mayoría ¿verdad?
-Bueno, yo vi a todo lo largo igual, si es un gran diablero.
-¡Ajá! muy bien CORTEZ, anda ocupá tu puesto entonces, que ya se nos llegó la hora.

 

Fuente: Ticante, Corporación Editora Nacional, Tegucigalpa, 1983


 

Por Manuel Gamero

 

En el frente occidental la lucha ha sido sangrienta, encarnizada. Muchas veces se han escrito allí, por parte del Ejército Hondureño, páginas de heroísmo. También en el haber el ejército salvadoreño, abundan los casos del más negro salvajismo.

A día y medio de entrar en vigor la orden del cese de fuego decretado por la OEA la agresión salvadoreña continuaba. Poblados fronterizos como San Marcos de Ocotepeque y Mapulaca, este último, en el Depto. de Lempira, fueron atacados irrespetando el mandato de la OEA, horas después de que los observadores de este organismo habían llegado a Tegucigalpa.

A escasos cinco kilómetros de la ciudad de Ocotepeque, el coronel Arnaldo Alvarado, jefe militar de aquella zona, mostraba a los periodistas extranjeros y nacionales las pruebas de la barbarie cuscatleca y daba pormenores sobre el constante hostigamiento del ejército enemigo, En una etapa en que todo mundo suponía que reinaba la tranquilidad en el frente.

Cuerpos humanos completamente fragmentados por los machetazos salvadoreños, familias enteras de campesinos degollados inmisericordemente, mutilaciones que van desde la medieval tortura con hierros al rojo hasta la amputación de miembros, constituyen el voluminoso expediente de esta “guerra sucia” planeada cuidadosamente y con bastante antelación por el gobierno de El Salvador.

A la orilla de la carretera de Occidente, a hora y media de La Labor, estaba el sacerdote franciscano Javier McTart, de nacionalidad norteamericana con la sotana salpicada de barro y el rostro ajado por la fatiga, relata cómo el ejército salvadoreño violó criminalmente el tratado de Ginebra, que obliga a permitir a los ejércitos en lucha la suspensión del fuego para las labores de salvamento de la Cruz Roja.

“Fui en una ambulancia de la Cruz Roja –cuenta el padre Javier- acompañado de Sor Amparo, también norteamericana, para llevar una petición de tregua para sacar a los heridos y curarlos, y a los muertos para enterrarlos. El comandante de las tropas salvadoreñas en Ocotepeque arrugó la nota tirándola con todo desprecio al suelo. Destruyeron las insignias de la Cruz Roja y decomisaron la ambulancia”.

El sacerdote franciscano y la monja tuvieron que caminar a pie hasta que se internaron en Guatemala. Desde allí retornaron a Santa Rosa de Copán. “Conté más de seiscientos muertos entre civiles y militares de ambos bandos –añade el cura-. Después… me cansé de contar”.

El Dr. Alberto Pérez Estrada médico jefe del Centro Asistencial de La Labor, dice que “lo que han hecho los salvadoreños con la población civil y con los soldados hondureños es lo más salvaje que se ha tocado mirar en toda la vida”.

Sin embargo, en el momento que realizábamos esta conversación, llegaba prisionero un soldado cuscatleco de la Guardia Nacional herido en el pecho y en la cabeza. Inmediatamente fue atendido por el cuerpo de médicos. Dos horas después los salvadoreños bombardeaban con morteros la gasolinera de La Labor hiriendo a varios civiles. El mismo trato humano reciben todos los salvadoreños reconcentrados en la Esc. de Santa Rosa. Doscientas personas, la mayoría de ellos hombres. Desde el inicio de la guerra los ancianos y las mujeres con pequeñuelos fueron llevados a casas particulares para ser atendidos con mayor solicitud.

Francisco Antonio Mata, uno de los reconcentrados declara que mejor no los podían haber tratado. “No nos queremos ir de Honduras”. El Lic. Jorge Bueso Arias diría más tarde: “Nosotros estamos demostrando al mundo que no somos unos salvajes”. Pero en Honduras todos nos preguntamos ¿Y eso es tomado en cuenta en la OEA? ¿Para qué sirve la OEA?

El Lic. Bueso Arias, inmediatamente que cayeron las primeras bombas en su ciudad, se apresuró a colaborar en la Defensa Civil. Ha realizado una tarea enorme, al lado de los militares, que no ha interrumpido un solo instante. Toda la población de aquel sector colabora con una voluntad inquebrantable.

San Pedro Sula, al anochecer del sábado, enviaba otra remesa de provisiones. Alimentos ropa, medicinas, y la pregunta ¿Qué es lo que más necesitan? Grandes unidades de refrigeración llevadas desde San Pedro Sula eran instaladas para conservar alimentos y medicinas.

Dentro de poco, los soldados, esos humildes hombres de hierro que son los verdaderos actores del drama en el campo de batalla, tendrían por lo menos un tiempo de comida caliente, en una semana de sólo comer enlatados y fiambre.

Cuando entramos en el cuartel de Santa Rosa todo era trajín y órdenes. Caminando por uno de los corredores, dimos con un salón amplio donde se trabajaba en silencio. Varios soldados clavaban con tachuelas banderas de Honduras sobre ataúdes. Los compañeros Inocencio Sánchez y Ramiro Hernández, de la aldea de Cualciera, Depto. de Lempira, cayeron con el pecho constelado a balazos en el campo del honor.

Hasta el último puesto de avanzada, a tres kilómetros de la ciudad de Ocotepeque estuvo LA PRENSA viendo, a la mortecina luz del atardecer, aquella castigada población con sus casas de techo rojo que pronto será recuperada.

Defender esa región ha costado incontables sacrificios. Las armas del pueblo, el campesino vestido de uniforme, el civil apuntalando la retaguardia, son indudablemente los artífices de ese muro de contención a la avalancha salvadoreña.

Una contienda muy desigual, por cierto. Los combatientes enemigos, energúmenos, drogados con Anfetamina y Serenal, se han lanzado en hordas combinadas con campesinos cuscatlecos cegados por el odio y con la locura de los criminales intoxicados por la heroína.

En todo el sistema de batallar salvadoreño se ven tácticas orientales. Utilización del terror para paralizar la población civil, avances masivos con abundancia de carne de cañón inexperta para hacer gastar municiones, drogas, acciones combinadas de pega y corre, violación completa de los tratados internacionales. Curioso proceder de un ejército entrenado a la manera occidental.

El general Medrano se encontraba el sábado en Nueva Ocotepeque. Lo comprobado por la inteligencia hondureña era corroborado por un prisionero, Andrés Juanes Novoa habla de pintura abstracta, de poesía, y que se sabe de memoria el tratado de Ginebra.

El teniente Víctor Manuel Guerra, inglés –dice fríamente el detenido- fusiló por la espalda a siete civiles hondureños en Ocotepeque”. Menciona a Sequeiros, a Diego de Rivera- ¿Y te gusta la pintura de Dalí? “¿De Danlí? –contesta-. Sí, me gusta mucho Danlí”. Frank Ramírez, cuando caminábamos por la carretera de Occidente rumbo a la frontera señala una choza. “Allí degollaron los soldados salvadoreños a toda una familia, incluyendo cuatro niños. Ocho muertos en total”, explica con mal contenida rabia. Era el sábado por la tarde. En Tegucigalpa los familiares y los amigos de Frank lo daban por muerto.

El subteniente Salvador Rojas Mendoza era herido en la rodilla. ¿Quiénes los atacaron “Soldados salvadoreños que parecen perdidos. La táctica les ha fallado”, concluye en el momento de ser trasladado a la avioneta que lo llevaría a San Pedro Sula, donde vive su esposa, Xiomara, maestra de escuela.

Los soldados salvadoreños, aprovechando las 96 horas del cese de hostilidades, siguen tratando de avanzar. Se les capturan ametralladoras calibre 50, fusiles G-3, modelo 1968, de la NATO y cañones antitanques de 37 milímetros.

Empero, en el frente occidental nadie quiere convencerse de que todo está a punto de terminar. ¿Cómo lo van a ofrecer si ayer mismo el automóvil de uno de los observadores de la OEA fue volado por la granada de un mortero salvadoreño cerca de La Labor?

Y nadie se explica por qué la Organización de Estados Americanos, con meticulosa lentitud hace hasta lo imposible por no declarar agresor a El Salvador.

 

Fuente: La Prensa, San Pedro Sula, julio 16, 1969


 

Por el Cnel. (r): José Martínez Sánchez.

 


La historia de un país la escribe su gente, es importante transmitir a las nuevas generaciones los hechos históricos que se suceden, para evitar en muchos casos que estos se distorsionen o se modifiquen en forma significativa a través de los años. Esta perspectiva también permite entenderlos mejor, para evitar que estos se repitan, mas aun cuando la experiencia ha sido dolorosa y causado un efecto traumático en la sociedad.

Han pasado 40 años desde que vivimos esa guerra, bautizada por algún estúpido como "La Guerra del Futbol" que dejo dolor y muerte de gente inocente en ambos lados, se han escrito muchas versiones de la misma, unas señalan únicamente lo del momento o sea la causa aparente, sin tomar en cuenta las causas reales del suceso.

La verdad que esta empezó casi 30 años antes de su ejecución, cuando una misión militar extranjera en El Salvador, contribuyo al diseño de estrategias orientadas a ayudar a solventar TRES PROBLEMAS QUE AUN, SON PERMANENTEMENTE PREOCUPACIÓN DEL GOBIERNO Y LA OLIGARQUÍA DEL VECINO PAÍS:

1) Espacio geográfico muy reducido, es un Estado enano de apenas 20,000kms.

2)Creciente explosión demográfica.

3) Estado frustrado con deseos de tener acceso al océano Atlántico, es el único de Centroamérica que solo tiene contacto con el océano Pacifico, todo Estado trata de disponer de varios accesos a los mares importantes.

IDENTIFICANDO EL PROBLEMA, LAS ESTRATEGIAS A SEGUIR:
Prepararse militarmente (dicha preparación duro mas de 30 años) para invadir a Honduras por medio de las armas siguiendo 2 ejes de avance, uno en dirección a Ocotepeque, Copan, Santa Bárbara, tomándose San Pedro Sula y Puerto Cortes con ello la ansiada salida directa al océano Atlántico y el otro eje por el sur apoderándose de Valle y Choluteca, dejando a Honduras sin salida al océano Pacifico.


Como sabemos todos, esta estrategia les fallo, Honduras toda se defendió con los recursos disponibles, unas FF.AA incipientes y con un pueblo fervoroso respaldándolas. Aunque por ahora el ambiente o las condiciones, aparentemente no existen para un nuevo enfrentamiento, sin embargo las cosas reales del problemas están vigentes ( su aspecto geográfico muy reducido, creciente explosión demográfica y deseos de tener acceso directo al océano Atlántico) agregándole otros hechos que lo confirman, sino veamos:

1)Renuencia a reconocer el fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya de 1992, publicando mapas y su famoso "Libro Blanco" con la pretensión de apoderarse de territorios hondureños.

2)Solicitud de revisión del fallo, 10 años después, sin disponer de argumentos jurídicos validos.

3)Desconocer alevosamente el derecho que tiene Honduras en el Golfo de Fonseca, su zona económica exclusiva y libre transito hacia el océano Pacifico, sin que tengamos que someternos a autorizaciones de otros Estados ribereños.

4)Aseguran sin ningún empacho que nuestra isla del Conejo les pertenece.

5)Tardanza maliciosa(17años) en la delimitación de la frontera terrestre QUE AUN NO TERMINA.

6)Explotación y robo de nuestros bosques, provocando a las autoridades nacionales en la zona, que no actúan para evitar males mayores.

7) Pretendieron una alianza con Guatemala y Nicaragua con el fin de aislar a Honduras, sin resultado ya que dichos Estados entendieron el juego y no se prestaron al mismo.

A todas luces ESTA EN MARCHA LA OTRA ESTRATEGIA DISEÑADA LA Pacifica ( invasión económica) camuflajeada sutilmente con la globalización de la economía, la integración , la paz y hermandad de los pueblos, en donde grupos económicos salvadoreños (Roble-Cuscatlan-Excel-Q-Taca) hacen alianzas económicas con ambiciosos "hondureños" que no ven mas allá de sus intereses económicos personales. Además subrepticiamente hay una influencia en la toma de decisiones que afectan los intereses nacionales para beneficio salvadoreño, entre otras identificamos las siguientes:

1)El abandono de la isla del Tigre ( Amapala ) y su habitantes, construyendo un puerto ineficiente ( el Henecan ), los vecinos construyen el mega-puerto La Unión, que no tendrá competencia en la zona.

2)Cedimos territorios en función de la integración  para el Plan Trifinio, con el cual perdimos control de una de las regiones mas humadas de nuestro país, con grandes nacimientos acuíferos que en la actualidad y a futuro solo beneficiara a El Salvador.(Ellos planifican bien su supervivencia).

3)Ha sido autorizada la apertura del canal seco, sin analizar sus consecuencias inmediatas a futuro. A quien mas beneficiara es a ellos, tendrán acceso directo al océano Atlántico por nuestro territorio.

4) Han pretendido la construcción de la represa El Tigre, en nuestro territorio, bajo  control y nuestra ayuda, afectando a una enorme cantidad de hondureños humildes.

5)Hay una casi aceptación a una propuesta del gobierno salvadoreño, de administrar conjuntamente con Nicaragua el Golfo de Fonseca, sin aclarar primero nuestros derechos naturales y jurídicos al océano Pacifico.

6)El accidente de TACA y el cierre de Toncontín, dejo al descubierto de lo que somos capaces para beneficio de intereses malsanos que atentan contra nuestra nacionalidad.

7)Están invirtiendo en forma creciente en la adquisición de tierras con potencial agrícola, en diferentes zonas del país (Olancho, Atlántida, Colon, Yoro y a lo largo del llamado canal seco) bajo el argumento que es para el cultivo de granos básicos, las autoridades responsables lo ven como algo normal y que es difícil controlar debido a convenios suscritos.

Como decía el orador, escritor y político romano Marco Tulio Cicerón" LOS PUEBLOS QUE OLVIDAN SU HISTORIA, ESTÁN CONDENADOS A REPETIR SUS MISMOS ERRORES". Lo que sucedió el 14 de julio de 1969 provocado por el gobierno y la oligarquía del país vecino, podemos perdonarlo pero no debemos olvidarlo y ojo pongámosle atención a su embajador vitalicio en nuestro país y a lo que sucedió en los últimos días en NAHUATERIQUE".

 


Paralización de la FAS (16 de Julio).

La mañana del día 16, las tropas salvadoreñas ocuparon Nueva Ocotepeque y las colinas circundantes, forzando el retiro de las tropas hondureñas. Después de consolidar sus posiciones en Nueva Ocotepeque y contornos, se ordena al Primer Batallón del Ejército salvadoreño continuar avanzando sobre la carretera a Santa Rosa de Copan, con su flanco derecho cubierto por la Columna de la Guardia Nacional. Esta columna se había dividido en dos, con un grupo de soldados avanzando hacia Llano Largo con el objetivo de cortar los refuerzos que venían por la carretera de Santa Rosa de Copan, mientras el resto de las tropas permanecía con el Primer Batallón. De nuevo, aviones de la FAH – despegando de La Mesa – se presentaron y empezaron a atacar a las tropas salvadoreñas, sin mucho éxito. Por su parte, un C-47 y dos FG-1D de la FAS, proporcionaron apoyo aéreo cercano a sus tropas en el área, alcanzando algunas de las posiciones hondureñas en las colinas circundantes, pero sin lograr ningún resultado de importancia.

En Ilopango, dos Mustangs - uno de ellos el FAS-402 – taxiaban sobre la cabecera de la pista de aterrizaje. Su misión es bombardear las poblaciones costeras hondureñas en el Atlántico, especialmente Puerto Cortés. Sin embargo uno de los aviones, experimento una falla en su sistema de frenos y termino colisionando con el otro Mustang. Ambos aviones sufrieron daños, por lo que la misión se echa a perder.

De nuevo aparece el fantasma de la escasez, ya que en menos de tres días la FAS tiene cuatro aviones fuera de servicio (un C-47 y tres Mustangs). La pausa es usada por el Sr. Baldocchi quien, con la ayuda de los mecánicos de la FAS, empieza la instalación de radios en los Mustangs restantes. Éstos eran los radios que la Guardia Nacional de Panamá usaba en sus jeeps, y que habían sido vendidos al gobierno salvadoreño, a un precio altamente inflado por el Gobierno panameño. Al mismo tiempo, estaban llevándose a cabo las pruebas con las miras reflectivas construidas en los talleres de la FAS, y la remoción de los tanques de combustible de las alas, reemplazándolos con tapaderas de fibra de vidrio.

Encarando el avance salvadoreño en el sector de Nueva Ocotepeque y tomando ventaja de la escasa cobertura aérea por la FAS, el Alto Mando hondureño decidió llevar a cabo una operación de alto riesgo, pero que demostraba el nivel de confianza operacional que habían alcanzado en menos de tres días de combate: Transportar - por aire - el Batallón Guardia de Honor desde Tegucigalpa hasta Santa Rosa de Copan, con el propósito de reforzar y apoyar a las tropas hondureñas sitiadas en ese sector. Para este propósito, cuatro C-47 de la FAH establecieron un puente aéreo durante el que transportaron más de mil soldados, mientras los F4U y T-28 basados en La Mesa escoltaron todos y cada uno de esos vuelos.

Mientras las tropas del Batallón Guardia de Honor llegaban a Santa Rosa de Copan, cinco F4U-5N, dos AT-6C (en su primera salida sobre el área de operaciones, pilotados por los Tenientes Lázaro Urbina y Oscar Servellón), tres T-28A y un C-47 FAH-306 salieron de Toncontin y poco después, atacaban las posiciones salvadoreñas en el frente de El Amatillo. Durante el curso de ese día, estos aviones completaron trece salidas las que demostrarían ser decisivas para detener la ofensiva. Simultáneamente, las tropas hondureñas lanzaron un fuerte contraataque contra las fuerzas invasoras en ese sector, hasta lograr detener su avance, después de varias horas de duro combate.

El contraataque hondureño, considerado como el más intenso durante todo el conflicto, obligaría a las tropas salvadoreñas a consolidar sus posiciones en Alianza, Goascorán, Aramecina, Caridad y Langue, al punto que las operaciones ofensivas del Ejército salvadoreño se reducirían a sólo unas pocas y meticulosas patrullas, abandonando completamente cualquier idea de continuar avanzando en profundidad dentro del territorio hondureño, y volviendo su atención a la defensa de sus posiciones. Con estas acciones el Alto Mando hondureño estaba intentando resolver la complicada situación de sus tropas en Nueva Ocotepeque tratando de desviar la atención del Alto Mando salvadoreño al frente de El Amatillo, mientras intentaban reforzar las tropas asediadas en otro teatro de operaciones y detener el avance que claramente, apuntaba a alcanzar la ciudad de Santa Rosa de Copan.

Corsario FG-1D de la F.A.S
foto colección del Museo de la Aviación Nacional de El Salvador

La razón para la escasa actividad ofensiva por parte de la FAS ese día continúa siendo poco menos que un misterio. Según los historiadores hondureños, la pausa fue causada por la falta de combustible de aviación causada por los ataques a los puertos de Acajutla y Cutuco. Hemos visto sin embargo, que hay pruebas de que el gobierno salvadoreño había adquirido suficientes suministros de combustible en las dos semanas anteriores al conflicto, de tal manera que todas las gasolineras del país, así como los tanques de reserva de combustible de aviación en Ilopango, y los campos de aviación de dispersión, habían sido provistos y se mantuvieron convenientemente abastecidos. De esa forma, lograron evitar cualquier escasez de combustible no solo para la FAS y el Ejército salvadoreño, como también para uso público.

Otra razón que ha sido mencionada - quizás la más probable - es la disminución de la moral combativa por parte de los pilotos salvadoreños. Durante el conflicto, la FAS estuvo Comandada por el Mayor Salvador Adalberto Henríquez, quien tenía el serio problema de ser un oficial con un grado menor que el del resto de los oficiales del Estado Mayor salvadoreño, y esto hizo difícil para él ser escuchado con respecto a los requerimientos y necesidades de la FAS. El Alto Mando salvadoreño tenía una mentalidad completamente orientada hacia la infantería, y esto les hizo desestimar la ayuda de la FAS al esfuerzo bélico, reduciéndola únicamente a una herramienta de apoyo aéreo cercano para las tropas (con comentarios como el Ejército salvadoreño es auto-suficiente, circulando insistentemente entre los oficiales de infantería), y también el Mayor Henríquez fue incapaz de hacer algo para resolver la situación. Sumado a este problema, el hecho de que mientras la planificación de las operaciones estratégicas por la FAS durante los días 14, 15 y 16 fue excelente, la ejecución de las misiones fue extremadamente mala o errática, ya que no lograron cumplir sus objetivos establecidos. Indudablemente, el accidente en tierra de los dos Mustangs en Ilopango se convertiría en la gota que derramo el vaso. El accidente, agregado a los pobres resultados obtenidos, había puesto al Comandante de la FAS bajo fuerte investigación, al punto que se le negó la autorización para dirigir misiones estratégicas dentro del territorio hondureño, y a restringir las operaciones a misiones de apoyo aéreo cercano a las tropas en los diferentes frentes. A todo esto, tenemos que agregar la sorprendente falta de Cavalier Mustangs, los que, al final, habían dejado la responsabilidad del manejo de las emergencias al escuadrón de FG-1D. Éstos aviones, lejos de estar en óptimas condiciones, sufrieron numerosas fallas las que eran atendidas cuando se presentaba la oportunidad, por lo que estos aviones nunca volaron con todos sus sistemas operativos.

Fue durante este día, o probablemente durante sus últimas horas del día 15, que el último Cavalier Mustang en participar en la guerra llegaría a Ilopango, este sería el FAS-406 (F-51 Cavalier Mustang 750). Obviamente, el avión no entraría inmediatamente en combate, ya que había sido adquirido con una configuración civil y necesitaba tener instaladas ametralladoras, soportes para bombas y otros artículos, y esto tomaría a los mecánicos de la FAS para completarlo, por lo menos dos días.

En relación a los rumores y versiones no-confirmadas de que la FAS operó más de 18 Mustangs durante la guerra, debe decirse que esto simplemente, no ocurrió. Poco antes la guerra, hubieron planes para la adquisición de por lo menos 14 aviones de este tipo, pero al inicio de las hostilidades ninguno de ellos había llegado al país. Tiempo después, y tras curiosas maniobras para engañar a las autoridades de Estados Unidos, un grupo de pilotos extranjeros empezaron a traer al gobierno salvadoreño por lo menos siete aviones. Estas entregas empezaron el 19 julio, exactamente después de que había sido declarado el cese de hostilidades.

Fue en ese momento en donde los pilotos extranjeros - al ir arribando - fueron contratados como instructores por la FAS. Esto sin embargo, no elimina la posibilidad de que durante el conflicto, algunos pilotos mercenarios pudieron haber sido contratados por la FAS para volar misiones de combate, ya que existen versiones - una de ellas de parte del propio Sr. Baldocchi – manifestando de que por lo menos cinco pilotos extranjeros fueron contratados poco después del comienzo del conflicto, entre ellos el legendario Jerry Delarm, el piloto británico Red Gray, y el no-menos misterioso Bobby Coup.

Una situación similar sucedió con la presencia del famoso B-26 FAS-600. Algunas narrativas oficiales salvadoreñas mencionan que el avión tomó parte en la guerra, colocándolo sobre Toncontin o Catacamas el día 14, durante una arriesgada misión de bombardeo, en realidad el bombardero B-26 de la FAS, arribo a Ilopango poco después el fin del conflicto, y con una larga lista de problemas en sus sistemas, especialmente las compuertas del depósito de bombas, que exigieron la atención de los mecánicos de la FAS por un par de semanas. Quizás la declaración más sorprendente con respecto a la participación del B-26 durante la guerra fue escuchada recientemente por el historiador Marco Lavagnino de uno de los mecánicos de la FAS que tomó parte en la guerra: ¿Por qué diablos cree usted que usamos los C-47 como bombarderos?

P-51D Mustang de la F.A.S
Foto coleccion del Museo de la Aviacion Nacional de El Salvador.

De cualquier forma, los eventos del día 16, mostraron que en efecto, las actividades de la FAS habían cesado abruptamente, con sólo dos misiones de apoyo cercano a las tropas ejecutadas temprano por la mañana, por un C-47 y dos FG-1D sobre el frente de El Amatillo.

Avión corsario FG-1D de la F.A.S
Foto colección del Museo de la Aviación Nacional de El Salvador.


 

El general José Alberto (el chele) Medrano.
Foto colección del Ejercito de El Salvador.



A mitad de 1967, Julio Adalberto Rivera había dejado la presidencia, sustituido por el general Fidel Sánchez Hernández. La guerra parecía inminente.

El Chele Medrano, previendo la guerra, advirtió a Sánchez Hernández que con carabinas (M-1), fusiles Checos y Garand no podía mandar a su gente a la guerra. Eran armas obsoletas, de la Primera Guerra Mundial.

El Ejército salvadoreño estaba en una situación incómoda. Los Estados Unidos no habían querido prestar ayuda ni con dólares ni con armamento.

Esa posición era lógica. Los estadounidenses no tenían ningún interés que proteger en El Salvador; en cambio, en Honduras tenían a la United Fruit Company, su gran compañía bananera.

Entonces, Medrano, quien era tan arrojado como irreverente, le lanzó su propuesta: debían comprar armas en Europa. A eso, Sánchez Hernández respondió que eso era imposible, por la lejanía. Tendrían que atravesar todo el Atlántico.

--Mirá, Taponcito: (a Sánchez Hernández lo apodaban así), ¿quién es el presidente de Panamá?, le preguntó Medrano.
--(Omar) Torrijos, le respondió.
--¿En dónde estudió Torrijos? --repreguntó Medrano.
--En nuestra escuela militar --respondió el Presidente.
--Entonces, por qué p... no le pedís ayuda para que esas armas pasen rápido por el Canal --le espetó Medrano.

Sánchez, por su investidura de Presidente, era el comandante general de la Fuerza Armada. Y en la institución armada hay una ley: el respeto es de grado a grado y de empleo a empleo. Ambos eran generales pero Sánchez era comandante general. A Medrano, irreverente, eso le resbaló.

Así fue como llegaron los fusiles G-3 y las ametralladoras HK-21 de Alemania, que fueron distribuidos a la Guardia Nacional y a otras guarniciones hasta donde alcanzaron. El resto mantuvo los viejos Checos y Garand y las carabinas M-1.

De Yugoslavia llegaron baterías antiaéreas que fueron apostadas en el Puerto de Acajutla, la presa El Guajoyo, la 5 de Noviembre y otra infraestructura estratégica, con la que la aviación hondureña pudiera cebarse.

También llegaron morteros de 81 mm. y obuses 105 y 120 mm. Todas esas armas entraron a través de Panamá y como no había dólares, se pagaron con oro puro.



Artículo tomado y recopilado de:
http://comisioncivicademocratica.org/laguerradelfutbol.aspx

 

40 Aniversario de la guerra entre Honduras y El Salvador

Por José Marcos*

Fuente: El País 20/7/2009 tal como apareció publicada en:

 

Los jugadores de la eliminatoria entre Honduras y El Salvador que provocó la 'Guerra del Fútbol' rememoran el trágico choque 40 años después - La clasificación para México 70 sirvió de pretexto a un conflicto con 6.000 muertos (Foto: El salvadoreño Pipo Rodríguez anota frente al portero Varela el gol de la victoria de El Salvador ante Honduras)

"Hemos roto las relaciones con El Salvador. Posiblemente haya una guerra". El 27 de junio de 1969, nada más perder en la prórroga (3-2) sus opciones de figurar en el Mundial de 1970 tras tres partidos a sangre y fuego, el último en el Azteca de Ciudad de México, Armando Velázquez, coronel y a la sazón embajador de Honduras, adelantó a los futbolistas de su país la que se les venía encima. Apenas dos semanas después, del 14 al 18 de julio, los augurios del militar cobraron forma en la denominada guerra del fútbol -así la bautizó para la posteridad el reportero polaco Ryszard Kapuscinski-, uno de los conflictos más surrealistas de la historia, que, pese a durar menos de 100 horas, dejó entre 2.000 y 6.000 muertos según los distintos recuentos y alrededor de 15.000 heridos.

"La llamaron injustamente de esa forma. Fue un pretexto que nos pilló en medio. Jamás imaginé la repercusión que tendría uno de mis goles, lo que iba a desencadenar", cuenta el salvadoreño Mauricio el Pipo Rodríguez, que marcó el tanto decisivo a los 11 minutos del tiempo reglamentario en la capital mexicana, tras un fallo en cadena de los centrales y el portero. "Empezamos perdiendo, y empaté con un gol de chilena. Luego vino el 2-1, pero volví a igualar tras un centro del mediocampista Rosales, de volea. Pero para terminar una pifia de nuestros centrales nos hizo perder. No confiaban el uno en el otro... Los goles que concedimos siempre nos vinieron por ahí", relata Rigoberto la Shula Gómez. El hondureño, como tantos otros, insiste en que los combates "ya estaban arreglados. El fútbol no provocó esa guerra. Fue una excusa".

Asfixiada por un crecimiento demográfico desmesurado y por un puñado de terratenientes que controlaba prácticamente toda la tierra del Estado más pequeño de América Central, la junta militar salvadoreña, comandada por Fidel Sánchez Fernández, inició las hostilidades mandando sus aviones sobre Tegucigalpa mientras los soldados de a pie cruzaban la frontera. Honduras replicó de inmediato con campos de concentración para los 300.000 salvadoreños que trabajaban en su territorio. "A algunos los tenían recluidos en el estadio Nacional. Metían un tiro a una persona y decían que era salvadoreño. Y olvídate", afirma Miguel Ángel el Shinola Matamoros, con familia en los dos países.

En realidad, la mecha había prendido el 8 de junio, cuando los dos países disputaron la ida de la eliminatoria en la capital de Honduras. La Coneja Cardona, que se había hecho un nombre en el Atlético por su oportunismo en el área -en teoría era extremo-, dio la victoria al equipo local en el último minuto (1-0). "Faltaba nada para el final y estábamos a punto de conseguir nuestro objetivo, sobre todo si tenemos en cuenta que los hinchas apenas nos dejaron dormir en el hotel. Los cohetes y petardos reventaban casi en nuestros oídos", explica Rodríguez. Amelia Bolaños, una salvadoreña de 18 años, no soportó la humillación que su selección sufría al otro lado del televisor y, con la pistola de su padre, se pegó un tiro en el corazón. Fue la guinda que faltaba para incendiar el ambiente de cara al partido de vuelta, que se celebró una semana más tarde.

"Un diario, El Mundo de El Salvador, nos tomó una foto en el aeropuerto y luego nos pusieron un huesito en la nariz, como a los caníbales", apunta Gómez. Al igual que el New York Journal de William Hearst, que alimentó el enfrentamiento entre España y Estados Unidos en 1898 por la isla de Cuba, los medios de comunicación de ambos Gobiernos -los dos se acusaban de estar al servicio de Fidel Castro- echaron sal sobre la herida. "Llegamos un viernes, y la gente estaba tan alterada que suspendimos el entrenamiento y volvimos al hotel, el Intercontinental, de 10 pisos. Allí encontramos muchos aficionados, de colegios, con orquestas, bandas... El primer muerto, un chico salvadoreño que nos acompañaba, fue esa noche, a las dos, cuando salió del hotel. Lo agarraron a pedradas y vimos, a través de las puertas de cristal, cómo moría en la calle. Por la noche no quedaba un vidrio sano", relata el central Fernando el Azulejo Bulnes.
 


 Foto Dos futbolistas hondureños, desolados en el vestuario.

"Llegó un momento en el que de verdad temimos por nuestra vida. Una varilla de un cohete rompió el cristal de una ventana en la habitación en la que estaba con otros tres compañeros. También cayó una bomba casera, que por suerte no explotó", prosigue Tonín Mendoza, el volante y capitán hondureño con 21 años. La expedición decidió entonces refugiarse en la azotea hasta el amanecer mientras las barras esparcían por el interior del edificio huevos podridos, ratas muertas y trapos pestilentes. A primera hora del sábado los futbolistas se dividieron en grupos de dos y tres y, tras despistar a la turba, se escondieron en casas de algunos hondureños. "Nos fuimos porque la gente hablaba de tomar el hotel. Por eso nos marchamos. A mí me tocó con uno cuya mujer era salvadoreña, como los hijos. Notábamos en sus miradas, cómo explicarlo, una animadversión...", añade Mendoza. "Yo lo hice en casa del embajador. Andábamos huyendo como si fuéramos delincuentes. Nos dimos cuenta de que el asunto era muy jodido", continúa Matamoros.

Faltos de sueño y con los nervios desatados, preocupados por sus paisanos, a quienes vendían "bocadillos de mierda", los futbolistas hondureños se reunieron la mañana siguiente en el Intercontinental, desde donde fueron escoltados por el Ejército. "Metieron los buses en los que íbamos dentro del terreno de juego, donde cabían casi 40.000 personas, y nos dejaron enfrente de los vestuarios. La primera impresión es que el campo estaba lleno de soldados", señala Bulnes.

Los mensajes obscenos abarrotaban la grada del estadio Flor Blanca. "Ellos tenían al Conejo Liébana, y aparecía en una pancarta montado encima de la coneja Cardona", mascullan todavía impactados los futbolistas hondureños. "El juego se convirtió en una cuestión de amor patrio, tanto que se quemó la bandera de Honduras", añade Rodríguez. En lugar de la enseña se colocó un paño de cocina. Resuelta la batalla psicológica, El Salvador ganó 3-0, todos los goles antes del descanso.

Pocas veces una derrota fue recibida con tanto regocijo. "Fuimos terriblemente afortunados al perder", expresó con alivio Mario Griffin, el seleccionador hondureño. "En el descanso nos lo tomamos con filosofía... El mismo entrenador sabía que la cosa estaba muy jodida. Lo único que teníamos que hacer era cumplir. No podíamos hacer más. 'Hala, jugamos los 45 minutos y fuera', nos decíamos, porque sabíamos que habría un tercer partido. Entonces no había diferencia de goles, aunque nos metieran seis o 12 íbamos a jugar otro igual", apostilla Matamoros.

Rodríguez convirtió sus esperanzas en sueños vacíos y, tras eliminar a continuación a Haití, El Salvador debutó por fin en un Mundial. La escuadra de Bundio, al que cesaron poco antes, no tuvo mucho éxito: perdió sus tres compromisos, encajó nueve goles y no marcó ninguno. "Trabajamos seis meses gratis porque en la Federación decían que no había plata y, aun llevándolos al Mundial, no me dieron ni un caramelo. ¡Me echaron faltando 12 días para ir a México!", recuerda Bundio. "Espero que no tengamos otra guerra para que vayamos al Mundial. En 1970, con Honduras, y en 1982, guerra interna", concluye con un deje amargo Rodríguez.

Mientras, Mendoza prefiere pensar que el fútbol fue la mejor solución para apagar los rescoldos de un conflicto que, según la cultura popular, provocaron 22 hombres detrás de un balón. "Honduras rompió relaciones con El Salvador por 10 años. Para iniciarlas se organizó un partido. Lo que son las cosas, ¿no?".
 

 

 

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