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Palestinos en Beth Lehem

 

 

 

Ciudadanos Árabes

 

 

 

Jacobo Zablah

 

 

Domingo Larach circa 1900

 

 

Pasaporte de Jacobo Zablah

 

 

 

 

 

Pasaporte Palestino

 

 

 

 

 

Almacen de Juan Larach 1941

 

 

 

 

José Joaquín Palma

 

 

 

Máximo Gómez

 

 

 

Antonio Maceo

 

 

 

 

Ernesto Siercke

 

 

 

 

Casa Ulher al fondo a la izquierda

 

 

 

 

 

Almacén Teodoro Khonke

 

 

 

 

 

Pablo Leon y Familia

 

 

 

 

Federico Yu Shan y Ricardo Yu Way

 

 

 

 

 

 

Quinchon León y Compañía

 

 

 

 

Antonio y Alfonso Chiuz

 

 
 

 

 
 
 
 



 

 

Los Inmigrantes de Medio Oriente, Judíos y Chinos en Honduras

Por Alejandra G. Guerra

INTRODUCCIÓN

Para los hondureños, hablar de desarrollo socio-económico y político del país, es hablar frecuentemente de aquellas familias de ciudadanos que se destacan y despuntan por ser los principales líderes y empresarios de los más importantes emporios comerciales locales, mismos que a su vez los hace acreedores, tanto del poder económico como de una gran  influencia política dentro del país; entre ellos figuran, de acuerdo a la actividad que realizan: 1).- En lo Político (Mario Canahuati, Adolfo y Mario Facuseé, la familia Rosenthal, Starkman, Goldstein, Maduro; William Chong Wong; Rigoberto Chang Castillo; Leticia MaTay, entre otros), 2).- En lo Económico y Comercial (Juan Sifaffi, Seidel, Schacher, Andonie, Bendeck, Kaffaty, Hasbum, Kaffie, Kattán, Asfura, Mena, Mahomar, Barjúm, Salamé, Atuán, Nasralla; los Wolozny, Kestembaum; los Yip, Quinchon León, Quan y Yu-Shan) <<la comunidad china presionando porque Honduras entre en tratos comerciales con China continental>> y 3).- En lo social (Lidia Handal, Juliette Handal, Emilio Larach; Rodrigo Wong Arévalo, Napoleón Ham, Sergio Chiuz).

Lo anterior evidencia que dichas familias tienen su propio origen y no se han integrado a la sociedad hondureña, sino al círculo social que ejerce labor de dominación sobre esta sociedad; por ende, estos ”extranjeros nacionales” a su vez han compartido la inaccesibilidad al gobierno propuesta por ese círculo local, contribuyendo a alejarla del resto de hondureños que vive sin asociaciones con ninguno de ese círculo. La inserción de estas subculturas en la cultura hondureña no ha provocado una interacción totalmente positiva: si bien es cierto sus costumbres, modo de vida y en algunos casos hasta la dieta alimenticia, han pasado ha formar parte de la hondureñidad actual, también es cierto que la forma en que se adscriben a nuestra sociedad, no sólo han permitido su posicionamiento social como económicamente poderosos sino que también han pasado a formar parte de los grupos políticos de nuestro país; en otras palabras, el poseer el poder económico les ha permitido pactar con los detentores del poder político en detrimento del hondureño nativo, que se vuelve incapaz de ejercer su propio dominio, manejar las situaciones de su propio desarrollo económico e inclusive disfrutar de su propia nacionalidad. Es cuando ser hondureño, se vuelve  un acto de fe.

Por otra parte la mayoría de estos inmigrantes vienen al norte de Honduras,  ante la posibilidad de que las compañías bananeras pueden ser un polo de desarrollo individual  por el capital que allí se genera; o al sur de Honduras, que brinda la oportunidad de crear situaciones controladas de desarrollo capitalista en una tierra virgen a este tipo de  influencias. ¿Por qué entonces encontramos inmigrantes en Tegucigalpa? ¿Porqué deciden radicarse aquí? Para fines del siglo XIX Tegucigalpa aunque ya es capital de la república, no deja de ser el apacible pueblo que tuvo su gloria en antiguas minas de plata, restos de ese pasado señorial pueden verse aún en las edificaciones locales y en la estructura de la ciudad, cuyo trazado es tan ausente como el de cualquier cetro minero colonial. Pero aunque es el centro político no es el centro comercial del país: de hecho la ciudad no ha terminado de morir gracias a la explotación de la Mina El Rosario en la comunidad de San Juancito, varios kilómetros al este de la misma. LA situación no cambiará sino hasta la segunda mitad del siglo XX, ¿Por qué entonces tantos inmigrantes durante la primera mitad del mismo siglo?

Fue este fenómeno lo que llamó nuestra atención para iniciar esta investigación. La misma se realiza en base al establecimiento de ciudadanos de origen Árabe, Palestino, Chino y Judío en la ciudad de Tegucigalpa, Municipio del Distrito Central, del Departamento de Francisco Morazán, dada la importante, innegable e influenciable participación que dichos grupos han adquirido en este nuevo siglo (XXI, en actividades de orden: Consecuentemente, la presente investigación nos invita a plantearnos una serie de interrogantes como ser, ¿De donde surge la oportunidad y la posibilidad para estos grupos, de insertarse en la sociedad hondureña? ¿Desde cuando mueven sus intereses a Tegucigalpa, si vox populi es conocido que estos grupos iniciaron sus actividades en la Costa Norte o en el Sur de Honduras? ¿En que momento dan el salto de lo económico a lo político? A fin de responder estas preguntas, procuramos obtener información que nos sirviera de base para conocer mejor el establecimiento y desarrollo de estos grupos en la ciudad de Tegucigalpa.

Indagando el pasado a partir del surgimiento de Honduras a la vida nacional, es decir desde la independencia, encontramos que, la inmigración de estos grupos humanos figuran con énfasis particular en el gobierno de Soto quién es el que legisla a favor de la inmigración y políticas relacionadas. De ahí que, prioritario en esta investigación, es para nosotros, el tratar de obtener testimonios de primera mano, de contemporáneos al fenómeno así como de la visión que los hondureños de la época y sus descendientes pudieran haber tenido del mismo.

Como fuentes iniciales de consulta se consideraron libros y documentos concernientes al tema, en particular los elaborados por el Historiador Jorge Alberto Amaya Banegas y de grupos de Bachillerato de la carrera de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras; entrevistas con algunos de los principales empresarios, políticos y otras figuras del medio en Tegucigalpa, originarios de las culturas investigadas; consultas con otros Historiadores que han hecho estudios sobre el tema, como ser, el Master Mario Argueta, y el Dr. Rolando Zelaya y Ferrera.  La idea central es tener la visión general del proceso de inmigración de todos los grupos a fin de lograr ubicar espacio temporalmente el desarrollo de los grupos enunciados en este trabajo, al interior de la sociedad hondureña y su relación con otros grupos inmigrantes.

Al final, el documento que yace en sus manos, resume, precisamente, esa visión general que nos permitirá partir en busca de las respuestas a las preguntas enunciadas al inicio de esta introducción.

 MARCO TEÓRICO

Inmigrantes Árabes, Palestinos, Chinos y Judíos en Tegucigalpa.

La inmigración es el traslado voluntario de personas de un país a otro a fin de establecerse en forma definitiva o prolongadamente para ejercer una actividad de beneficio personal. En el caso de la inmigración europea hacia América, desde mediados del siglo XIX esta tuvo un carácter colectivo, pues los países jóvenes y recién independizados se vieron en la necesidad de aumentar su número poblacional ofreciendo como contraparte el aliciente de la riqueza y el trabajo que brindaban ricos y despoblados territorios. En América los inmigrantes gozarán de una serie  de ventajas y privilegios que en la generalidad de las constituciones latinoamericanas aparecieron para estimular el poblamiento y mejorar los horizontes económicos([1]).

Desde la época de la República Federal, tanto José Cecilio del Valle como Francisco Morazán estuvieron abiertos hacia las políticas de colonización que vinieran a impulsar el desarrollo económico de la región, siempre y cuando se respetaran los fueros soberanos y la dignidad de nuestros pueblos. Francisco Morazán, en particular, estuvo interesado en estrechar los lazos políticos, económicos y amistosos con los liberales de la vieja guardia napoleónica y con los liberales de la Francia constitucional del período del “Rey Burgués” Luis Felipe de Orleáns ([2]). La misma Constitución Federal establecía que “la república es asilo sagrado para todo extranjero, y la patria de todo el que quiera residir en su territorio”.

En Honduras, el proceso de inmigración se iniciará cuando, durante el gobierno del general José María Medina, se promulga la primera Ley de Inmigración, el  26 de Febrero de 1866. De acuerdo a investigaciones realizadas por estudiosos de la historia de nuestro país, el primer inmigrante en poner pies en suelo hondureño fue Carlos Dárdano, natural de Cerdeña, Italia, iniciándose así la llegada de extranjeros desde 1838([3]), quienes se instalaban en su mayor parte en la Costa Atlántica y el Sur de Honduras. Una muestra más clara de ello, es el hecho de que, atraídos por la oportunidad que daba el gobierno con los trabajos para la construcción del ferrocarril, el 3 de Mayo de 1867 arribaron a San Pedro Sula 61 inmigrantes norteamericanos; otro lo es el que Carl Von Scherzer haya sido el primer viajero alemán que visitó y dejó testimonio escrito de Honduras en su recorrido por la América Española en 1853([4]).

El gobierno reformador de Marco Aurelio Soto (1876 ) y los que le siguieron, coincidieron temporalmente con el fenómeno de la inmigración masiva de Europa hacia América que surgió entre 1860 y 1930, la que se debió en su mayor parte a la desocupación y el marginamiento socioeconómico provocado por la Revolución Industrial y por las persecuciones ideológico – políticas del momento. Aprovechando la situación, la renovada proyección socioeconómica y política que se estaba gestando en Honduras contempló estimular y atraer parte de esa inmigración europea a territorio nacional para imbricarla en el desarrollo nacional, especialmente en el ámbito productivo y comercial. La idea era que la llegada al país de los inmigrantes, atraería consigo no sólo capital sino también técnicas agrícolas y artesanales modernas. De acuerdo al censo general de la República de Honduras verificado el 15 de Junio de 1887, los extranjeros se resumían a 185 norteamericanos, 77 españoles, 72 franceses, 1,033 ingleses, 43 alemanes, 4 rusos, 2 suizos, 13 italianos, 4 belgas, 2 daneses, 1 holandés, 1 portugués, 1 brasileño y 1 chino, sin contar los centroamericanos y otros hispanoamericanos como México y Colombia.

Honduras recibió una corriente migratoria, mayoritariamente procedente de Europa, Oriente Medio y los Estados Unidos, la cuál pasó a insertarse en actividades productivas comerciales en el ámbito urbano y en un menor grado en el ámbito agrario como se muestra en la incipiente economía bananera de la Costa Norte durante ese período. Las iniciales actividades económicas de los inmigrantes, fueron beneficiadas por el auge de la producción primario – exportadora, de tal manera que lograron en poco tiempo ampliar rápidamente sus actividades, constituyéndose en un poder económico secundario (luego del enclave bananero) en el país; los árabes y judíos en el Norte y los alemanes y otros europeos en el Sur. Según Murga Frassinetti “fueron sobre todo los inmigrantes alemanes y secundariamente italianos y franceses, quienes aprovecharon el auge minero de fines de siglo pasado entre 1880 y 1895, que dinamizó las regiones ubicadas entre el centro del país y el Puerto de Amapala.”. Si bien es cierto el Sur de Honduras se vio ocupado en su mayoría por europeos, cierto es también que en la Costa Atlántica, árabes y palestinos, apoyados en la Ley de Extranjería del 10 de Abril de 1895, engrosaron el caudal de extranjeros en el país, siendo su momento de mayor apogeo entre 1880 y 1930.

Es en el sur de Honduras donde comienzan a surgir casas comerciales, bajo las denominaciones y propiedad de José Rossner, Teodoro Kohncke, Roberto Motz, Jorge Schmuck, Luis Stiehle, Enrique Kohncke, Francisco y Ernesto Siercke, Pablo Ulher, Erick Paysen, Federico Dreschel, Pedro César Abadie, A. Leitzelar, Ricardo Streber, Otto Eurcher, A. Bermhort, Federico Werling, Juan Stradtmann, Carlos Dárdano,  Hugo Rinker, José y Miguel Tavarone, Hipólito Agasse, Juan B. Gattorno y Demetrio Bennedetto. En términos generales, los grupos de inmigrantes europeos incluían familias o individuos criando sus hijos en estas tierras, otros contrajeron matrimonio con jóvenes de la localidad o mantuvieron relaciones extramaritales con mujeres a quienes regalaban casas y propiedades. No parecían ajenos a la sociedad local y a diferencia de la zona norte, el proceso de integración fue increíblemente acelerado, al grado de que en los primeros 25 años de este siglo ocuparon puestos políticos de importancia en las comunidades donde se situaban, a manera de ejemplo podemos mencionar que en 1909 Francisco Gattorno se encargaba de guardar las colectas de los derechos municipales en importaciones y exportaciones de mercaderías.

Pese a que, sobretodo los europeos, lograron tener cierta influencia en el campo político,  la Ley de Extranjerías  de 1895 prohibía a los inmigrantes extranjeros inmiscuirse en las disensiones civiles del país, por lo cual su acción política estaría limitada a guardar prudencia. Sin embargo, las guerras civiles ocurridas durante el primer cuarto de siglo XX involucraron a los inmigrantes involuntaria o voluntariamente. Es sabido que en Pimienta, Cortés, algunos palestinos fueron colgados por los dedos y su dinero robado a punta de pistola en vista de que el comandante local les había pedido una contribución de quinientos dólares a cada uno, a lo cual se habían opuesto. En el caso de aquellos inmigrantes que se vieron involucrados voluntariamente la forma más común fue integrar a militares de carrera, en los procesos de militarización, de tal manera que unos fueron contratados como asesores para el gobierno de Honduras como fue el caso de Alfredo Labró, Luis Oyarzún;  otros  fueron aventureros, como Lee Christmas.

No solo europeos disfrutan de las ventajas de las nuevas leyes de migración hondureñas, también algunos americanos se ven beneficiados como el caso de Antonio Maceo y Máximo Gómez ([5]), exilados de Cuba al fracasar la primera etapa de la guerra de Independencia Cubana. A Gómez el gobierno de Marco Aurelio Soto le confirió el grado de General en 1876 y recibió del Congreso Nacional de Honduras la cantidad de cinco mil pesos para hacer llegar un grupo de exilados cubanos entre ellos, además del mismo Gómez, Antonio Maceo, José Joaquín Palma y Francisco de Paula Flores ([6]). En el caso de Gómez y Maceo, Soto los pondrá  a cargo del Ministerio de Defensa con miras a constituir el Ejército Nacional; Tomás Estrada Palma – quién llegaría a ser presidente de Cuba -  se hizo cargo del Correo Nacional ([7]). En el caso de José Joaquín Palma, llega a Honduras el 3 de Julio de 1878 y veinticinco días después es nombrado Secretario Privado y Poeta de la Corte en el gobierno, además de Secretario de la Sociedad de Amigos, de la que Rosa mismo era presidente ([8]). Con el apoyo del gobierno en 1882 publicó el primer libro de poesía en Honduras: Poesías ([9]) con un prólogo de José Martí, quién visitó Honduras en 1878 y una introducción de Marco Aurelio Soto. Años más tarde, en 1910, Paulino Valladares afirmó que “el poemario se vendió en todas las oficinas administrativas gubernamentales del país y por esa causa el libro fue conocido hasta en los lugares más apartados” ([10]). Esto muestra un poco el resentimiento de los hondureños hacia los extranjeros, cosa que también reconocen los poetas Martí y Rubén Darío posteriormente ([11]). Estos privilegios también se verían reflejados en la inserción de los mismos en el aparato productivo nacional.

Aunque esta inserción privilegiada en el sistema productivo y educativo nacional fue eficaz, también es cierto que durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales, los ciudadanos alemanes e italianos se vieron afectados por embargos que el Gobierno de Honduras realizó como política de los aliados a los Estados Unidos para con los ciudadanos de países considerados enemigos en los conflictos. Más vigorosa fue la segunda confiscación: en el año de 1941 el Gobierno de Honduras ordena el congelamiento de todos los bienes de los alemanes residentes en el país y varios meses después ordena el remate de los mismos, algunos de los alemanes considerados de mucho cuidado por la embajada de Estados Unidos, son deportados a campos de concentración en aquel país, a otros se les permite sobrevivir en suelo hondureño en lo que pudieran trabajar. Los alemanes, aún después de la guerra, no pudieron recuperar su antigua preeminencia comercial como resultado de la no-devolución de sus bienes y propiedades por parte de la administración de Carías Andino. Ellos llegaron a constituir el sector empresarial más dinámico y pudiente de la región centro y sur del país, controlando los renglones más lucrativos del comercio de importación y exportación vía Amapala-San Lorenzo; con una red de sucursales distribuidas en grandes y medianos centros poblacionales con un exitoso sistema de ventas al mayoreo y al detalle, expandiendo sus actividades económicas hacia otros rubros tales como haciendas, beneficios de café, representaciones, banca, fábricas, embotelladoras, procesadoras y hasta una línea aérea. Más que un confiscamiento de bienes, el embargo significó un estancamiento económico en especial de la zona sur del país, que no dejó de afectar el resto de Honduras.

Los norteamericanos en principio vinieron como exploradores a conocer el territorio y sus posibilidades de inversión, como ser John Lloyd Stephens y William Wells. Entre los primeros residentes temporales con este fin podemos mencionar a los cónsules que comenzaron a venir desde principios del siglo XIX como entre los que se destaca E. Geo Squier, quien trajo consigo a los expertos W.N. Jeffers, S.N. Woodhouse y M.D.C. Hitchcock([12]), quienes realizaron un reconocimiento científico de todo el país, aunque no puede dejarse de lado el hecho de que algunos de ellos participaron en la actividad productiva al obtener contratas privadas con el estado hondureño como fue el caso de Augustus Follin quién participó en un monopolio sobre las concesiones madereras durante las décadas de 1840 y 1850([13]),  otros cónsules fueron Frank Frye (1875) y Jhon C. Jack (1878) el primero en residir en San Pedro Sula. En vista de las facilidades dadas por el gobierno hondureño para otorgar concesiones a extranjeros. Conociendo los resultados de las exploraciones antes mencionadas, llegaron norteamericanos a dedicarse a la explotación de minas como Washington S. Valentine, Rafael Weddle, Juan Drummond, Sidney H. Wilcox, Daniel Williams, otros vendrán en los años subsiguientes y primeros de este siglo a incorporarse a otras acividades como Miguel Brooks, Adan Gordon, Keneth Matheson, J.F. Lewis, Allan Padgett, Julio Villars, W.S. Crossman, Arthur Kilgore, J.W. Richardson. De importancia para estas migraciones son las compañías United Fruit Co. y la Rosario Minnig Co. quienes reclutaban sus mandos superiores e intermedios en los Estados Unidos para traerlos a trabajar temporalmente a Honduras, así como mano de obra barata para la construcción del ferrocarril.

Caso contrario ocurrió con los palestinos en el norte del país. Ellos lograron insertarse dentro del desarrollo económico promovido por las empresas bananeras norteamericanas, sin menoscabo de sus actividades por diferencias internacionales. Si bien es cierto su inserción en la sociedad local fue más lenta, tampoco se deja de lado su intención de no abandonar sus costumbres tan fácilmente, por lo que se vuelve tradición traer las esposas del lejano oriente; sin embargo, se dan casos de palestinos que se casan con hondureñas integrándose de esta forma más rápido al contexto social hondureño. La denominación “turco” como mal se llama a estos inmigrantes, se debió a que en un inicio ellos portaban pasaporte con tal nacionalidad por estar Palestina adscrita por la fuerza al Imperio Turco, en el momento en que ellos iniciaron su flujo migratorio hacia Honduras.

Es en la Costa Norte donde se empiezan a integrar a la sociedad inmigrantes árabes y palestinos: Constantino Niní  (primer árabe registrado en Honduras), Salomón Handal (primer árabe anunciado como comerciante en San Pedro Sula([14])), Jorge José, los hermanos Sikaffi, los hermanos Moisés, Nicolas Gabrie, Domingo Larach, Elías Yacamán, Miguel Kawas, Salomón Marcos, César Abud, Abraham Musa, Bishara Handal, Sabas Larach, Constantino Larach, Juan Andonie, S. Panayotti, la familia Dip, Francisco Saybe, Miguel Handal y Jacobo Jaar entre otros. Esta comunidad árabe-palestina  tuvo un proceso de asimilación gradual en las tres primeras décadas del presente siglo a diferencia de los europeos. A partir de 1930 este proceso se aceleró gracias a la inserción de los hijos de los inmigrantes en diversos sectores del dinamismo social hondureño, ejemplo de ello son los casos de la compositora musical Lidia Handal y de la escritora Emilia Yacamán de Bertot.

El caso de los chinos es muy diferente al de los arriba mencionados: para comenzar no existe mayor documentación acerca de la entrada de este grupo al país quizás debido a lo causal de su situación, los primeros chinos ingresan a la costa Norte del país huyendo de los malos tratos y la mala vida obtenida en San Francisco y otras ciudades de la costa oeste de California ([15]), o en busca de trabajos más salobres que el que se efectuaba en la construcción del Canal de Panamá o en las cañeras de la isla de Cuba ([16]) , obteniendo visa como residentes temporales o extranjeros en tránsito en Honduras. Sin embargo, inexplicablemente su presencia no deja mayores pistas durante la etapa final del siglo XIX ni los inicios del siglo XX; de acuerdo al censo practicado en 1881 por el Director General de Estadística de la República de Honduras, la cantidad de extranjeros en Honduras sumaba 1,027 personas concentrados en su mayoría en las ciudades de Santa Bárbara, Copán y Tegucigalpa ([17]), para el censo de 1889 practicado por Antonio R. Vallejo como Director de Estadística este total había aumentado a 6,167 extranjeros en el cuál aparece por primera vez en un censo en Honduras, un ciudadano de nacionalidad china radicado en Santa Bárbara ([18]). Ya para 1945 habían 307 ciudadanos de origen chino([19]) y entre los años de 1946 y 1956 sólo se registra la naturalización de seis ciudadanos de origen chino ([20]): Samuel Young Puick, José Antonio Quan, Juan César Quan y Julio Ernesto Quan, Félix Chávez (¿?) y Francisco Pon. La ausencia de nombres chinos se debe a la costumbre de ellos de tomar nombres comunes al lugar donde residirán como una forma de facilitar su inserción en el grupo local, de aquí que la mayoría de los chinos se llamaran Charlie en los Estados Unidos como Juan, José o Jorge en Honduras y América Latina en general. Por otro lado, los chinos usan los nombres al contrario de los occidentales: primero indican su apellido para identificar su familia y después su nombre para identificarse a sí mismos, de esta manera Quan Chi Ling pasa a ser José Ernesto Quan, más aceptable para nuestro sistema social. Los inmigrantes chinos en Honduras, encuentran su nicho en nuestra sociedad a través del establecimiento de abarroterías en lugares estratégicos de clara proyección con las clases más necesitadas del país, aparte de buscar los mercados, se ubican en los barrios de mayor extracción popular; otros se dedican a la cocina, instalando restaurantes donde se vende comida china y comida hecha por chinos en San Francisco (Chop Suey).

Los judíos son el grupo inmigrante minoritario existente en Honduras (actualmente cerca de 100 familias), su entrada al país podría ubicarse desde fines de siglo pasado (circa 1880) si seguimos la pista de inmigrantes rumanos, húngaros y polacos que ya para 1945 sumaban un total cerca de 36 ([21]). Radicados en su mayoría en la ciudad de San Pedro Sula se dedicaron al comercio local al igual que los palestinos, de hecho hasta hicieron alianzas comerciales con ellos. Pese a ser un grupo minoritario, ya para los años veinte inician un despegue económico importante: Yankel  Rosenthal, inmigrante de origen rumano invierte capital en Honduras al formar en 1930 en sociedad colectiva un establecimiento denominado “Siga la Flecha” en sociedad con otro judío rumano el señor Manuel Rosemberg([22]), “...el establecimiento negocia con mercaderías en general y se especializa en artículos para caballeros y ropa hecha. Sociedad colectiva. Socios únicos: Yankel Rosenthal y Manuel Rosemberg. Puerto de desembarque: Puerto Cortés...”([23]) Posteriormente se volverán propietarios de la conocida Agencia Barret propiedad del norteamericano E.J.Barret la que, durante la primera mitad del siglo XX, fue de suma importancia comercial en San Pedro Sula. Por otro lado, Boris Goldstein y familia, inmigrantes judíos polacos se establecieron en San Pedro Sula hacia 1929 iniciando un negocio artesanal en la curtiembre de pieles y la elaboración de calzado; ya para 1933 Isaac Goldstein pretendió instalar una nueva jabonera en San Pedro Sula para hacer competencia a las ya existentes pero no prosperó en vista de la reticencia de los otros inversionistas ([24]). Entre otras familias inmigrantes judías podemos mencionar a Jacobo Brandel, Antonio Ellner, Isaac Fux, Saias Goldental, Moises Knopmäjer, Hermann Rubinstein, Max Runbinstein, Margarita Steinberger, José Sucrovich y Jacobo Wolozny ([25]).

La inserción al grupo local siguió el mismo ritmo que la de los palestinos, grupo con el cuál tuvieron alianzas matrimoniales en forma frecuente y con el que se identificaron parcialmente, adoptaron los usos y costumbres hondureñas con mucha más rapidez que los palestinos logrando pasar desapercibidos por la sociedad local quien les veía como un hondureño más. Algunas de las familias (como el caso de los Goldstein) se trasladaron a Tegucigalpa en donde continuaron con sus negocios incluyendo en ellos nuevas sociedades comerciales en algunos casos con hondureños.

La inmigración ha aportado a Honduras un desarrollo capitalista definido, aunque polarizado hacia ciertos sectores del país, sin contar con el enriquecimiento del proceso de mestizaje que caracteriza al hondureño de hoy.  La presencia de los grupos europeos sobretodo alemanes y los norteamericanos activaron una incipiente economía principalmente agrícola redirigiéndola hacia la industrialización capitalista a la vez que propugnaba por la diversificación para poder integrar así ambos rubros, el tradicional y el naciente. Si bien es cierto los procesos iniciales fueron abortados sobretodo en el caso de los alemanes en el sur,  la labor agrícola ya no se vio de la forma en que tradicionalmente se hacía; la continuación de los métodos y técnicas traídas por los inmigrantes continuó desarrollándose tal y como lo esperó Marco Aurelio Soto cuando creó las leyes de inmigración; grupos posteriores retomarán la experiencia aunque sus aportes se vean limitados en el tiempo y llevarán a algunos de estos inmigrantes a ser personalidades al interior del capitalismo hondureño. 

Inmigrantes en Tegucigalpa

INTRODUCCIÓN.

El autor Jorge Alberto Amaya ha sido uno e los primeros en tocar el asunto de los inmigrantes árabes y palestinos en Honduras. Los estudia, para comprender, el papel histórico de los inmigrantes árabes, palestinos y sus descendientes en la sociedad hondureña, en los aspectos económicos, políticos y culturales.

Expone que, a finales del siglo XIX se establecieron en Honduras, pero que es hasta 1,900 cuando la inmigración empieza a crecer cuantitativamente, sobre todo al establecerse las compañías bananeras en la costa atlántica de Honduras.

El aporte más importante de su libro es: 1.- La evolución sociocultural de los árabes en el país, y de los factores que facilitaron su adaptación e integración a la sociedad hondureña, como ser: la religión, la adopción de la nacionalidad hondureña, su inserción en el campo deportivo, la ruptura tradicional del factor endogámico, su integración en el campo político y social a partir del Gobierno del General Tiburcio Carías Andino. 2.- Explicación del proceso por el cual logran controlar la red comercial del país, mediante la caficultura, producción y comercialización del tabaco, industria fabril y otros.

En el capítulo 2 de su libro, trata las condiciones sociales, políticas y económicas que propiciaron la inmigración en C.A. y Honduras a finales del siglo XIX y principios del XX. 1. Antecedentes históricos de los procesos migratorios hacia C.A. y Honduras a Finales del siglo XIX y principios del XX. 2. Régimen jurídico mediante el cual se desarrollaron los procesos migratorios hacia Honduras:

      -Reformas liberales (orden y progreso) son gestadas en América Latina a finales del siglo XIX, se proponen: 1. Consolidación nacional; 2. Crecimiento económico a, través de la inversión del capital extranjero.

Ø     -Dictan leyes para atraer la inmigración y colonización Norteamericana y Europea.

Ø     -Agro exportación desarrolla economía mediante capital Inglés y Norteamericano.

Ø    -Guatemala 1° país que llevó a cabo una Reforma Liberal, el 27 de febrero de 1879, bajo el Gobierno de Justo Barrios se promulgó la 1° Ley de Inmigración (Wagner, Regina. Los alemanes en Guatemala, Editorial Idea, Guatemala, 1991). En 1880 llegan inmigrantes Norteamericanos, Ingleses y Belgas a Guatemala, estableciéndose en las tierras altas del pacífico y en el oeste del país.

Ø    -Presencia árabe y palestina, más numerosa en El Salvador y Honduras (ver registros de Extranjería del Ministerio de Relaciones Exteriores de Honduras). De El Salvador provienen a Honduras debido a la menor competencia y las múltiples ventajas y condiciones favorables en la Costa Norte <<producción bananera>> (¿Cuáles?) a principios del siglo XX (1925) Honduras es el 1° productor de Banano.

Ø   -En Honduras el proceso de inmigración cobra fuerza a partir del gobierno del General José María Medina, promulga la Ley de Inmigración el 26 de febrero de 1866, y en 1867 llegando la mayor parte de inmigrantes a la Costa Atlántica.

      -La promoción de inmigrantes no solo fue auspiciada por el Estado de Honduras.

      -En el Gobierno de Manuel Bonilla se promulgó una nueva Ley de Inmigración y Agricultura (Decreto 76, Tegucigalpa, 1906)

     -Inmigrantes Árabes y Palestinos objeto de recelo y desprecio hacia ellos especialmente en SPS y La Ceiba…Las protestas y el clima adverso para los inmigrantes árabes y palestinos obligó al gobierno de Vicente Mejía Colindres a promulgar una nueva Ley de inmigración en 1929 decreto 101 (maniobra de la élite y los intelectuales de la época), la cual establece limitaciones para permitir el ingreso al país de extranjeros de ciertas nacionalidades. Árabes incluidos en la 2° categoría, a quienes se les cobraba 5,000 pesos x ingresar al país, a diferencia de la 1° categoría Europeos y EUA.

      -Inmigrantes Árabes y Palestinos adoptan nacionalidad hondureña en 1929 (se denota en las 1° cartas de naturalización)

Continúa con el establecimiento de los inmigrantes árabes y palestinos en Honduras a finales del siglo XIX y principios del XX.

1.- Evolución del proceso migratorio de los árabes y palestinos en Honduras.

2.- El patrón de asentamiento de los árabes y palestinos en Honduras.

3.- Causas que generaron la inmigración de los árabes y palestinos hacia América y Honduras:

Ø  Los árabes y palestinos que vinieron al país en los primeros años del siglo XX, no venían del levante, sino más bien, habían nacido en países del Caribe como Haití, Rep. Dominicana y Cuba; de Sur América como Chile y Colombia; y en C.A. de El Salvador, Guatemala y en menor grado Nicaragua.

Ø  Importante es la primera referencia de la presencia de un árabe en Honduras, data de 1893, Constantino Niní, quien arribó a la Costa Norte, procedente de Trípoli (Pág. 48)…1899 hija ilegítima de un Palestino bautizada en SPS.

Se hace un enfoque hacia el proceso de adaptación de los árabes y palestinos a la sociedad hondureña..

1.- Breve relación de los aspectos socioculturales de los árabes y palestinos en Honduras. 2.- La participación de los árabes y palestinos en el deporte.

3.- Aislamiento y discriminación.

4.- Organización y cultura étnica.

5.- La integración de los inmigrantes árabes y la política..

Concluye la investigación con el desarrollo de las actividades económicas de los árabes y palestinos en Honduras.

Los otros libros que tratan de Chinos y Judíos en Honduras siguen el mismo formato en cuanto a la descripción del hecho histórico, la diferenciación de las personas que efectúan el ejercicio de inmigración a nuestro país y a la vez el establecimiento no solo físico sino también social, al mostrar la ubicación al interior de la escala social, los lugares que van ocupando cada uno de los grupos antes mencionados. Si hacemos una alusión más completa el caso del libro de los árabes y palestinos, se debe a que es el primer libro de este autor y si hacemos alusión al trabajo de Jorge Amaya se debe a que es el único que ha tocado el tema para estos grupos. Otras investigaciones se han centrado en su mayoría en cuanto a alemanes principalmente, e italianos, franceses y otros grupos europeos sobre todo en el sur de Honduras, como el caso de Mario Argueta, Rolando Zelaya y Ferrera, y Segisfredo Infante.

Aunque se lanzan algunas hipótesis al respecto, el asunto de porqué vienen a Tegucigalpa es superficialmente tratado por cuanto a no es el tema principal del libro; de allí que nosotros pretendemos despejar la misma por medio de la presente investigación. ¿Cuáles son las causas por las que inmigrantes de estos grupos deciden radicarse en Tegucigalpa si las mejores plazas comerciales aparentemente están al norte y al sur del país? Esta pregunta y sus respuestas generaron otras preguntas que serán contestadas con el presente informe.

Para ello se hizo necesario la revisión de las fuentes existentes así como del testimonio propio de los actores del fenómeno: los inmigrantes mismos contando sus propias experiencias y razones por las cuáles permanecen en esta ciudad capital. A continuación, los primeros resultados de esta investigación.

 EXÉGESIS NECESARIA

Para los hondureños, hablar de desarrollo socio-económico y político del país, es hablar frecuentemente de aquellas familias de ciudadanos que se destacan y despuntan por ser los principales líderes y empresarios de los más importantes emporios comerciales locales, mismos que a su vez los hace acreedores, tanto del poder económico como de una gran  influencia política dentro del país.

Muchos de ellos figuran de acuerdo a la actividad que realizan:

1).- En lo Político (Mario Canahuati, Adolfo y Mario Facuseé, la familia Rosenthal, Starkman, Goldstein, Maduro; William Chong Wong; Rigoberto Chang Castillo; Leticia MaTay, entre otros),

2).- En lo Económico y Comercial (Juan Sikaffi, Seidel, Schacher, Andonie, Bendeck, Kaffaty, Hasbum, Kaffie, Kattán, Asfura, Mena, Mahomar, Barjúm, Salamé, Atuán, Nasralla; los Wolozny, Kestembaum; los Yip, Quinchon León, Quan y Yu-Shan) y

3).- En lo social (Lidia Handal, Juliette Handal, Emilio Larach; Rodrigo Wong Arévalo, Napoleón Ham, Sergio Chiuz).

Sin embargo, basta una mirada para darnos cuenta de que la mayoría de sus apellidos no son castellanos sino procedentes de otros grupos humanos radicados en el país: los llamados inmigrantes.

Desde finales del siglo XIX, Tegucigalpa recibió una serie de inmigrantes de diversas nacionalidades que se incorporaron activamente al comercio y la industria local de la época; y en años muy recientes a la política nacional. El primer inmigrante en poner pies en suelo hondureño fue Carlos Dárdano, natural de Cerdeña, Italia, iniciándose así la llegada de extranjeros desde 1838, quienes se instalaban en su mayor parte en la Costa Atlántica y el Sur de Honduras. En Honduras, el proceso de inmigración se iniciará cuando, durante el gobierno del general José María Medina, se promulga la primera Ley de Inmigración, el  26 de Febrero de 1866. Así, Honduras recibió una corriente migratoria, mayoritariamente procedente de Europa, Oriente Medio. China y los Estados Unidos, la cuál pasó a insertarse en actividades productivas comerciales en el ámbito urbano y en un menor grado en el ámbito agrario como se muestra en la incipiente economía bananera de la Costa Norte durante ese período.

La idea era que la llegada al país de los inmigrantes, atraería consigo no sólo capital para inversión sino también técnicas agrícolas y artesanales modernas, modernizando las técnicas agrícolas coloniales existentes a la vez que introducía nuevas formas industriales que permitieran a Honduras ir a la vanguardia e los tiempos capitalistas que se vivían a finales de siglo XIX ([26]). Las iniciales actividades económicas de los inmigrantes, fueron beneficiadas por el auge de la producción primario – exportadora, de tal manera que lograron en poco tiempo ampliar rápidamente sus actividades, constituyéndose en un poder económico secundario (luego del enclave bananero) en el país; los árabes y judíos en el Norte y los alemanes y otros europeos en el Sur. Tres grupos son significativos en este proceso: los árabes  o palestinos, los chinos y los judíos. Los mismos ya han sido estudiados en cuanto a su papel histórico al interior de la sociedad hondureña, en aspectos de orden económico, político y socio-cultural.

Pero aún faltan preguntas por responder. En aras de encontrar las respuestas, realizamos una investigación de carácter micro histórico, al plantear el tema de los inmigrantes en un espacio único y fuera de sus contextos habituales: Tegucigalpa.

¿De donde surge la oportunidad y la posibilidad para estos grupos, de insertarse en la capital?

¿Porqué y desde cuando mueven sus intereses a Tegucigalpa, si de todos es conocido que estos grupos iniciaron sus actividades tanto en la zona norte como en la zona sur de la república?

¿En que momento dan el salto de lo económico a lo político?

Como una primera hipótesis al trabajo, planteamos la posibilidad de que estos inmigrantes se mueven a la capital por ofrecer ésta ciertas particularidades en cuanto a salud y educación que no se ofrecían en otras ciudades del país, tales como la Universidad Nacional, el hospital San Felipe, clínicas y escuelas privadas, mejor clima e inclusive una mayor cercanía a otros puntos del territorio nacional por estar casi en un punto equidistante de ambas cosas, lo que facilitaba el comercio marítimo vía Amapala o Puerto Cortés, aprovechando para ello las políticas migratorias de los gobiernos de turno.

Una segunda hipótesis a plantear sería la de que los inmigrantes a partir de la segunda generación se involucran más con el país por desarrollar un cierto sentido de nacionalidad y pertenencia, pero que dadas ciertas situaciones de marginamiento social por la sociedad hondureña, se ven en la necesidad de ingresar en los últimos años a la política a fin de cuidar sus intereses de grupo. Esta última ha sido mas obvia por cuanto en los últimos años ha sido mas notoria la presencia de descendientes de inmigrantes en la política nacional, de aquí la necesidad de tratar de conocer las razones que los impulsan a hacerlo para conocer si lo hacen cono parte de un sentimiento de integración hondureñista o si por e contrario lo hacen como identificación de grupo particular para defender sus propios intereses, aún a costa de los intereses de Honduras. Metodológicamente, aparte de la investigación documental y el análisis de las fuentes, se realizó un muestreo basado en 50 entrevistas representando un 100% de la población inmigrante en Tegucigalpa, encontramos que los palestinos forman una quinta parte del total, los chinos una octava parte y los judíos una veinteava parte.

Inmigrantes del Medio Oriente en Tegucigalpa

¿PALESTINOS Y ARABES?

Árabes y palestinos, apoyados en la Ley de Extranjería del 10 de Abril de 1895, engrosaron el caudal de extranjeros en el país, siendo su momento de mayor apogeo entre 1880 y 1930. La denominación “turco” como mal se llama a estos inmigrantes, se debió a que en un inicio ellos portaban pasaporte con tal nacionalidad por estar Palestina adscrita por la fuerza al Imperio Turco durante el período en mención, en el momento en que ellos iniciaron su flujo migratorio hacia Honduras.

Una de las primeras cosas que se descubrieron durante esta investigación es que la mayoría de los llamados árabes en realidad son grupos humanos que por una razón u otra estuvieron bajo la égida del imperio árabe, pero que como grupos humanos pertenecen a diferentes etnias tales como palestinos, sirios, egipcios y libaneses; ni siquiera el árabe es su lengua materna sino más bien una segunda lengua que se vieron forzados a aprender; consideramos entonces, que, por mostrarse como un grupo cosmopolita de una región en particular del planeta, de aquí en adelante sería más apropiado hablar de inmigrantes de Medio Oriente, al referirnos al grupo citado.

En el caso particular de Tegucigalpa, la mayoría son palestinos originarios de tres pueblos pequeños: Beth Leghem, Bet Sahur y Bet Jala., en su mayoría cristianos u ortodoxos, tolerados por los musulmanes para cuidar los lugares santos evitar las guerras que ponían en peligro la vida de los peregrinos ([27]). Estos cuidadores de sitios santos se dedicaron no sólo a dicha tarea, sino también que trabajaron como pequeños propietarios de hotelería o artesanos, elaborando objetos religiosos de concha nácar. Al verse privados de la libertad de escoger donde vivir, aunque hablaban su lengua madre, también se vieron obligados a aprender a hablar el árabe para entenderse con los del lugar. Precisamente, esto explica el porque los inmigrantes no le enseñan árabe o su lengua nativa a sus hijos, sino por el contrario, hacen todo lo posible por olvidar una lengua que les recuerda el haber vivido obligados en un lugar.

La posibilidad de mejorar sus condiciones de vida emigrando hacia otros países, permitió a algunos de ellos salir mientras otros fueron obligados a quedarse para mantener el cuido de los lugares santos. En principio emigran a Francia en donde agentes enviados por gobiernos de América les invitaban a poblar sus territorios; en el caso de nuestro país el agente fue Adolfo Zuniga y logró contactar varias familias que decidieron irse a Honduras más o menos para 1880 ([28]). Sin embargo, debemos hacer énfasis que la mayoría de ellos tienen como objetivo Chile o Colombia, pero durante su tránsito migratorio quedan atrapados en Honduras y deciden residir aquí ([29]).

Los inmigrantes de Medio Oriente lograron insertarse dentro del desarrollo económico promovido por las empresas bananeras norteamericanas en la costa norte de Honduras. Si bien es cierto que su inserción en la sociedad local fue lento ellos mismos buscan la manera de acelerarlo, y aunque al principio se crea la tradición de traer esposas del lejano oriente, por la razón antes mencionada se dan casos de palestinos que se casan con hondureñas integrándose de esta forma más rápido al contexto social hondureño.

Por ello, es en la Costa Norte donde se empiezan a integrar a la sociedad inmigrantes árabes y palestinos: Constantino Niní  (primer árabe registrado en Honduras), Salomón Handal (primer árabe anunciado como comerciante en San Pedro Sula), Jorge José, los hermanos Sikaffi, los hermanos Moisés, Nicolas Gabrie, Domingo Larach, Elías Yacamán, Miguel Kawas, Salomón Marcos, César Abud, Abraham Musa, Bishara Handal, Sabas Larach, Constantino Larach, Juan Andonie, S. Panayotti, la familia Dip, Francisco Saybe, Miguel Handal y Jacobo Jaar entre otros.

Esta  primera inmigración que ocurre durante los últimos 30 años del siglo XIX, saturo la plaza de trabajo en la costa norte, muchos de los nuevos migrantes árabes estudian entonces la posibilidad de moverse a otras partes de la república donde haya más oportunidades de trabajo. Por otra parte, la malaria y el paludismo en la costa norte era aún el azote de muchos debido a que el tratamiento no era lo suficientemente conocido por todos, lo que permitía que aún fuera mortal par la población. Si bien es cierto las compañías bananeras lograron desarrollar el DDT como un elemento extinguidor de la plaga de zancudos común en la costa atlántica de Honduras, también es cierto que como resultado inmediato aumentó la población de trabajadores e inmigrantes que al final, sobresaturaron la región como plaza de trabajo.

Ante los motivos anteriores, el centro del país se volvió un lugar llamativo para los palestinos que fueron capaces de notar no solo el fuerte trasiego humano producto de la necesidad de viajar a California por una ruta más barata (recordemos la fiebre de oro de finales del siglo en dicho lugar ([30])) sino también el movimiento ocasionado por el laboreo de las minas de el Rosario y Milla 3 en San Juancito[31]. De hecho, Comayagua y Tegucigalpa, por ser capital del país y por estar cerca de la zona comercial de San Juancito. El movimiento era tal que muchos de los árabes realmente estaban interesados en ubicarse en esta franja del territorio hondureño, pero debido a falta de capital o de oportunidades se vieron obligados a quedarse en la costa norte. El centro de Honduras se volvió el próximo punto a explotar comercialmente con miras a desarrollarse individualmente. Eduardo Curi, originario de Beth Sahur, Palestina, fue el primero en llegar a Tegucigalpa para dedicarse al comercio. Otros decidieron aprovechar las oportunidades de trabajo que se dieron en el momento, como el abuelo de Don Adolfo Facussé, quién trabajó para las mineras en El Mochito como ingeniero de puentes durante varios años, aunque posteriormente se movió hacia la capital con su propio negocio ([32]).

Asentados los primeros palestinos, parientes cercanos y lejanos empiezan a emigrar hacia Honduras en un flujo migratorio significante, interactuando con la población local que lo permitía. Debido a ello, entre 1910 y 1930 este proceso migratorio se aceleró y fue frenado por el gobierno local con la nueva Ley de Inmigración de 1929 que obstaculizó la entrada de estos grupos, aunque el proceso de inserción social continuó acelerándose gracias a la inserción de los hijos de los inmigrantes en diversos sectores del dinamismo social hondureño, ejemplo de ello son los casos de la compositora musical Lidia Handal y de la escritora Emilia Yacamán de Bertot; de deportistas como Antonio Yacamán y Alfredo Belot; o en el aparato productivo como el caso de la familia Sikaffy y su incursión en el cultivo del café.

Como apuntamos antes y a diferencia de otros grupos, los inmigrantes de Medio Oriente no intentaron transmitir lengua o costumbres más allá de lo necesario a las nuevas generaciones. Una actitud de incorporación a la sociedad hondureña como actitud de grupo es visible no sólo en el hecho de que la mayoría solo hablan español o inglés, sino también en el hecho de compartir la misma escuela ([33]), la misma universidad ([34]), inclusive la misma religión ([35]).

El hecho de que los inmigrantes fueran cristianos les facilitó su incorporación en Tegucigalpa ya que compartían las mismas creencias de los locales. Por otra parte, su inserción dentro de la economía local les brindó rápidamente la oportunidad de codearse con las esferas más altas de poder económico y político de la localidad. Contrario a otras ciudades del país, en Tegucigalpa lograron organizarse primero en la Sociedad Unión Juventud Árabe, publicar un semanario y tener un programa de radio llamado “La Hora Árabe”. Aunque tampoco podemos hablar de una aceptación total o si fue mucho más amplia de la que lograron en San Pedro Sula o Ceiba.

Su primera incursión en la política fue un hecho casual: durante la guerra civil contra Rafael López Gutiérrez se acusó a los árabes y palestinos de militar a favor de Tiburcio Carías Andino, por lo que sufrieron violencia, robo y despojo. Una vez con Carías en el poder, el caudillo en agradecimiento procuró tener las mejores relaciones con ellos, tanto que se llegó al extremo de que el General Carías llegara a ser compadre de Salomón Barjúm. La colonia árabe en cambio, fortaleció la relación a través de concesiones y regalías a los grupos de poder de ese entonces ([36]). Para los años 60, es perceptible su inclusión en la política nacional por medio de los partidos políticos, no solamente porque se les da la oportunidad de votar como hondureños (realmente, ya lo eran por nacimiento) sino también de escalar posiciones de dirección al interior de los gobiernos. Con el ascenso a la presidencia del General Tiburcio Carías en 1933, se percibe por primera vez una vinculación entre los grupos de poder político del país y los inmigrantes árabes. Al mismo tiempo, ya no sólo se preocupan por realizar inversiones en el sector comercial, sino también en otros rubros de la economía. De esa forma empiezan a in­vertir en fábricas textiles, en la industria del tabaco, la industria azucarera, la caficultura, etc. A partir de 1949, con el gobierno de Juan Manuel Gálvez, se impulsa la modernización económica, política y social del país. Con ello, los árabes y palestinos, así como sus descendientes, empiezan su consolidación económica, ya que a la par del desarrollo capitalista que se fomenta en el país, se trans­forman en fuertes empresarios, invirtiendo sus capitales acumulados varios años atrás en el sector industrial, co­mercial, financiero y agropecuario del país ([37])

Este último punto es de vital importancia en la histo­ria contemporánea de Honduras, tomando en cuenta la posición que ostenta actualmente el grupo de ascendencia  palestina en la economía nacional. Hacia finales de la década del 80 los grupos descen­dientes de los inmigrantes de Medio Oriente, representaban el sector más importante en la ' estructura de la oligarquía financiera del país, ya que controlaban el' 26.47% de la inversión financiera,; sobre­pasando la inversión total de las compañías transnaciona­les, quienes controlaban el ,22.51 % del total de la inversión financiera en Honduras ([38]).

Todo esto ha provocado que, lejos de sentirse árabes o palestinos, las nuevas generaciones se sientan hondureñas, por haber nacido en este país ([39]). La mayoría de los inmigrantes de este grupo ya eran tercera generación familiar en Honduras hacia los años 30 y de hecho ya habían nacido en territorio nacional, volviéndose por ello hondureños por nacimiento. Así que, está bien fundamentada la intención de tomar parte en todo lo relacionado a la sociedad hondureña: arte, educación, deporte, religión o política, este último con mayor énfasis ahora en el siglo XXI.

De hecho, actualmente, de cada 22 árabes en Tegucigalpa, apenas 2 son residentes, los demás son naturalizados o en el mejor de los casos, son nacidos en Honduras; todos ellos son descendientes llegados al país en las oleadas migratorias de 1915 a 1930, o sea que son cuarta o quinta generación; sus ancestros provienen de Palestina, Bet Yala, Bet Sahur, Bet Lehem, El Cairo, Alejandría, Rabat, Marruecos, Yunitta, Líbano, Libia, Sidón, Gizeh y Zaguata.. Interesante es el hecho de que la mayoría vienen auxiliados por familia ya establecida en el país, unos pocos viajan por cuenta propia, pero todos viajan en busca de mejora económica, o huyendo de la guerra, pero en muy pocos casos por razones familiares, es decir, pueden venir ayudados por la familia pero no para estar con ella, la independencia en busca de destinos personales se respeta mucho entre ellos. De todos los inmigrantes de este grupo solo uno trabajo como empleado y por corto tiempo, los demás (la mayoría) trabajaron por cuenta propia, razón que los mantiene viviendo en Tegucigalpa permanentemente, aunque comparado con la costa norte, son solamente una quinta parte del total de inmigrantes de Medio Oriente, los que residen en la capital ([40]).

Inmigrantes Chinos en Tegucigalpa

Los primeros chinos ingresan a la costa Norte del país huyendo de los malos tratos y la mala vida obtenida en San Francisco y otras ciudades de la costa oeste de California, o en busca de trabajos más salubres que el que se efectuaba en la construcción del Canal de Panamá o en las cañeras de la isla de Cuba, obteniendo visa como residentes temporales o extranjeros en tránsito en Honduras. Algunos de ellos eran coolíes, trabajadores de las cañeras pero la mayoría fueron simplemente chinos que perdieron su camino original o fueron abandonados a su suerte por acompañantes que no pudieron continuar el viaje con ellos, llamados chinos de ultramar por emigrar voluntariamente desde China. De hecho, la gran mayoría de los que emigran a Honduras lo hacen voluntariamente, de aquí surgió la necesidad por parte del Dr. Amaya de diferenciarlos de los coolíes al titular su obra “Los Chinos de Ultramar en Honduras”.

Inexplicablemente su presencia no deja mayores pistas durante la etapa final del siglo XIX ni los inicios del siglo XX; lo más cercano a alguna mención aparece en el censo de 1887 practicado por Antonio R. Vallejo en donde se registraron un total de 6,167 extranjeros y en el cuál aparece por primera vez en un censo en Honduras, un ciudadano de nacionalidad china radicado en Santa Bárbara, cuyo nombre responde al de Darío Yip ([41]). Ya para 1945 habían 307 ciudadanos de origen chino y entre los años de 1946 y 1956 sólo se registra la naturalización de seis ciudadanos de origen chino: Samuel Young Puick, José Antonio Quan, Juan César Quan y Julio Ernesto Quan y Francisco Pon.

La ausencia de nombres chinos se debe a la costumbre de ellos de tomar nombres comunes al lugar donde residirán como una forma de facilitar su inserción en el grupo local, de aquí que la mayoría de los chinos se llamaran Charlie en los Estados Unidos como Juan, José o Jorge en Honduras y América Latina en general, aunque es oportuno aclarar que la costumbre de cambiarse el nombre aparece primero en El Salvador, primer lugar de Centroamérica en recibir chinos de ultramar ([42]). Por otro lado, los chinos usan los nombres al contrario de los occidentales: primero indican su apellido para identificar su familia y después su nombre para identificarse a sí mismos, de esta manera Quan Chi Ling pasa a ser José Ernesto Quan, más aceptable para nuestro sistema social.

Los inmigrantes chinos en Honduras, encuentran su nicho en nuestra sociedad a través del establecimiento de abarroterías en lugares estratégicos de clara proyección con las clases más necesitadas del país, aparte de buscar los mercados, se ubican en los barrios de mayor extracción popular; otros se dedican a la cocina, instalando restaurantes donde se vende comida china y comida hecha por chinos en San Francisco. Sin embargo, el crecimiento migratorio ocurrido en Honduras en el primer tercio del siglo XX abre las oportunidades para ingresar a cualquier punto del territorio nacional. De hecho, muchos logran arribar al país entre 1915 y 1929, la mayoría costeando el viaje por su propia cuenta y amparados a parientes ya radicados en lugares determinados de la república.

En Tegucigalpa, las noticias sobre el primer chino que arribo a la capital nos la brinda el escritor Marco Antonio Rosa en su novela “Tegucigalpa de mis primeros años”. En ella, hace alusión a un chino de nombre Tan Wan Lung, pero del que no se ha encontrado documentación ([43]). El segundo parece ser Joaquín Pon, de quién si se sabe nació un 4 de agosto de 1869 en la provincia de Cantón e ingresó a Honduras un 5 de mayo de 1898, fundando un negocio que se convirtió en uno de los más prósperos a principios del siglo XX. Lamentablemente las guerras civiles y continuas revueltas populares acabaron por dejarlo en la quiebra. También se asentaron en Tegucigalpa durante la misma época Antonio Ch. Waiss, Ricardo Yu-Way, Federico Yu-Shan, y los hermanos Vicente y Quinchon León. Estos últimos ya para 1900 estaban operando el rubro comercial con la casa Quinchon Leon y Cía. Para 1912 llegaron entre otros Julián Quán, Simón Castro Wu y Chang Sian Pio. Julián Quan organizó la casa comercial Julián Quan y Cia, que se volvió una de las principales casa comerciales del centro de Tegucigalpa.

Para 1945 habían 307 ciudadanos de origen chino y entre los años de 1946 y 1956 sólo se registra la naturalización de seis ciudadanos de origen chino: Samuel Young Puick, José Antonio Quan, Juan César Quan y Julio Ernesto Quan y Francisco Pon. La escogencia de Tegucigalpa solo fue una más entre las posibilidades que ofrecía el país, por ello encontramos colonias en igual medida en San Juancito, Choluteca, San Pedro Sula, Puerto Cortés, Tela, El Progreso, La Ceiba y Olanchito. Lejos de una razón particular, lo cierto es que los chinos buscan lugares donde haya tráfico comercial suficientemente bueno para instaurar sus actividades y beneficiarse de ellas. Tegucigalpa tuvo la gran ventaja de ser el centro político y por ende, una plaza en crecimiento.

 Pese a ello su inserción social fue lenta aún en esta ciudad debido a lo cerrado de su actividad social y al hecho de que para la mayoría de los hondureños, los chinos solo venían a hacer dinero para llevárselo. El celo por el triunfo económico de la gran mayoría de ellos y la insistencia de los mismos a conservar hábitos de vida opuestos a los nativos, acrecentó su discriminación en particular durante el gobierno de Vicente Mejia Colindres. Como se apuntó antes, una forma de paliar el problema puede verse en la normativa del uso de los nombres por los chinos. La ausencia de nombres chinos se debe a la costumbre de ellos de tomar nombres comunes al lugar donde residirán como una forma de facilitar su inserción en el grupo local, de aquí que la mayoría de los chinos se llamaran Charlie en los Estados Unidos como Juan, José o Jorge en Honduras y América Latina en general. Por otro lado, los chinos usan los nombres al contrario de los occidentales: primero indican su apellido para identificar su familia y después su nombre para identificarse a sí mismos, de esta manera Quan Chi Ling pasa a ser José Ernesto Quan, más aceptable para nuestro sistema social.

Los inmigrantes chinos en Honduras, en un inicio encuentran su nicho en nuestra sociedad a través del establecimiento de abarroterías en lugares estratégicos de clara proyección con las clases más necesitadas del país, aparte de buscar los mercados, se ubican en los barrios de mayor extracción popular; otros se dedican a la cocina, instalando restaurantes de comida china. Sin embargo, nadie puede negar por una parte su crecimiento económico como nos lo demuestran lugares como el Supermercado Yip, las tiendas El Mandarín o el mismo China Restaurant. Aunado a esto la participación activa de las generaciones de hondureños descendientes de chinos que han llegado inclusive a dirigir la economía nacional.

Actualmente, en el muestreo correspondiente, de cada 13 chinos en Tegucigalpa, apenas 3 son residentes, los demás son naturalizados o en el mejor de los casos, son nacidos en Honduras; todos ellos son descendientes llegados al país en las oleadas migratorias posteriores a 1960, o sea que son tercera generación en su mayoría; sus ancestros provienen de Cantón, Wugia, China Continental, Shanghai y otras pueblos pequeños. La mayoría vienen auxiliados por compatriotas chinos (no familia) ya establecidos en el país, siendo común que el viaje lo hagan por cuenta propia, pero todos viajan en busca de mejora económica los más nuevos, los más viejos huyendo de la guerra, pero en muy pocos casos por razones familiares,  y aunque parezca increíble mientras a fines del siglo XIX y principios del XX era común la inmigración de jóvenes, en la actualidad es más común la de personas mayores (de 45 años en adelante) debido quizás a que los jóvenes aspiran más llegar a otros destinos como Estados Unidos. La escolaridad fue alta en este grupo, 8 de 13 presentan grado universitario y 2 niveles de post grado a diferencia de los palestinos de los cuales solo 11 entre cada 22 había completado la secundaria. De todos los inmigrantes de este grupo solo dos trabajaron como empleados y los demás (la mayoría) trabajaron por cuenta propia, razón que los mantiene viviendo en Tegucigalpa permanentemente ([44]). Sin embargo la forma en como estos inmigrantes llegan a Honduras desde finales del siglo pasado, hace más difícil la investigación debido a que se vuelven un grupo cerrado a la misma, ya que según el dicho popular la mayoría son inmigrantes ilegales, por lo que es difícil conocer si realmente vienen por familia y de que manera llegan aquí. Durante una investigación del Registro Nacional de las Personas en 1986, en cooperación con el Departamento de Migración, se logró descubrir chinos residentes que vivían con el pasaporte extendido a otro ciudadano chino en el siglo pasado, como fue el caso de Julián Quan, quién contaba en 1986 con 25 años, pese a que en el pasaporte afirmaba que había nacido en la provincia de Kwuang Tong un 6 de abril de 1860 ([45]).

La poca existencia de tumbas de ciudadanos de origen chino también arroja preguntas que inclusive, se intentan contestar por parte de la sabiduría popular que afirma que “esa es la razón de que hagan bastante Chop Suey en los restaurantes chinos” o de que  “la carne no es de pollo…es de chino”([46]).

Aunque haya “amistad” con alguno de ellos, en el momento en que se pregunte sobre como vinieron a Honduras, estos se volverán enemigos suyos y no dirán nada, como pasó a un par de compañeros durante esta investigación.

Inmigrantes Judíos en Tegucigalpa

Los judíos son el grupo inmigrante minoritario existente en Honduras (actualmente cerca de 100 familias), su entrada al país podría ubicarse desde fines de siglo pasado (circa 1880) si seguimos la pista de inmigrantes rumanos, húngaros y polacos que ya para 1945 sumaban un total cerca de 36. Radicados en su mayoría en la ciudad de San Pedro Sula se dedicaron al comercio local al igual que los inmigrantes de Medio Oriente, de hecho hasta hicieron alianzas comerciales con ellos.

La evidencia más antigua que encontramos es la de Luis Refsmann, en el directorio de negocios de la Honduras Pan American de 1899 ([47]). Un inmigrante judío alemán Ernesto Lázarus llega a principios del siglo XX ([48]). Samuel Zemurray, famoso por iniciar la explotación bananera en Honduras, fue otro de los pocos judíos en Honduras a principios del siglo XX. Los sucesos acaecidos en Europa entre 1905 y 1929 acelerarán el flujo de inmigrantes judíos hacia nuestro país.

De hecho, durante el gobierno de Tiburcio Carías Andino, uno de sus hijos le propuso asentar en el país diez mil familias de judíos europeos, cobrando a cada familia diez mil dólares, lo que sumaría un total de diez millones de dólares. El plan nunca se llevó cabo. Sin embargo, Julio Lozano Díaz, en aquel entonces funcionario del gobierno de Carías, sostuvo que muchos judíos habían llegado al país luego de que su permiso de ingreso había sido autorizado por la misma Casa Presidencial([49]). En efecto, en entrevista concedida por el señor Helmut Seidel al historiador Jorge Alberto Amaya, el relata que llegó a Honduras en 1939 por gestiones que hizo el mismo Presidente Tiburcio Carías ante el cónsul de Honduras en Hamburgo.

Pese a ser un grupo minoritario, ya para los años veinte inician un despegue económico importante: Yankel  Rosenthal, inmigrante de origen rumano invierte capital en Honduras al formar en 1930 en sociedad colectiva un establecimiento denominado “Siga la Flecha” en sociedad con otro judío rumano el señor Manuel Rosemberg, “...el establecimiento negocia con mercaderías en general y se especializa en artículos para caballeros y ropa hecha. Sociedad colectiva. Socios únicos: Yankel Rosenthal y Manuel Rosemberg. Puerto de desembarque: Puerto Cortés...”

Posteriormente se volverán propietarios de la conocida Agencia Barret propiedad del norteamericano E.J.Barret la que, durante la primera mitad del siglo XX, fue de suma importancia comercial en San Pedro Sula. Por otro lado, Boris Goldstein y familia, inmigrantes judíos polacos se establecieron en San Pedro Sula hacia 1929 iniciando un negocio artesanal en la curtiembre de pieles y la elaboración de calzado; ya para 1933 Isaac Goldstein pretendió instalar una nueva jabonera en San Pedro Sula para hacer competencia a las ya existentes pero no prosperó en vista de la reticencia de los otros inversionistas.

Entre otras familias inmigrantes judías podemos mencionar a Jacobo Brandel, Antonio Ellner, Isaac Fux, Saias Goldental, Moises Knopmäjer, Hermann Rubinstein, Max Runbinstein, Margarita Steinberger, José Sucrovich y Jacobo Wolozny.

Ante estos hechos, es fácil encontrar el motivo por el cuál se establecen en Tegucigalpa: centro político de la nación, así como el punto financiero y de prestación de servicios públicos; aparte de el estar cerca de quién les podía brindar protección ante cualquier inconveniente: el gobierno del estado.

El historiador Mario Argueta en su obra “Tiburcio Carías: Anatomía de una época 1923 – 1948” afirma claramente que “la venta de pasaportes y visas a refugiados europeos fue otra forma de enriquecimiento ilícito, aprovechando la necesidad de éstos de salir del viejo continente para evitar los programas de exterminación ordenados por Hitler” ([50]). El Despacho 696 de la legación americana al departamento de Estado en Washington claramente dice:

"Cuando el Presidente Carías escuchó los detalles del plan, de acuerdo al señor Lozano (Julio), le dijo a su hijo que no sabía que contestar y sugirió que el asunto fuera expuesto a la señora Carías y a los dos ministros de Hacienda y Guerra. Tanto la señora Carías como los dos ministros opinaron que el plan era inaceptable ya que Honduras no estaba preparada para admitir diez mil familias judías y que el proponente no era la persona adecuada para sugerir el establecimiento de un Banco Central, ya que la banca y las finanzas estaban fuera de la esfera de sus deberes…Julio Lozano sostuvo que muchos judíos habían llegado a Honduras, luego que su permiso de entrada había sido autorizado por la Casa Presidencial (subrayado en el original)…El señor Lozano luego reveló que varios refugiados judíos recientemente habían sido naturalizados en Honduras en violación de las estipulaciones de la Constitución en lo relativo a requisitos de residencia. Dijo que había uno o dos abogados locales que están haciendo buen dinero ayudando en obtener pasaportes a judíos en violación de la ley. El sostiene que estos abogados trabajan con la Casa Presidencial " (subrayado en el original, negritas por los autores de este informe).

Si somos capaces de detectar corrupción en el gobierno de la época, esto vuelve más clara no solo la necesidad de los judíos de estar cerca del poder político, sino también de otros grupos; esto explicaría porque los grupos exentos como alemanes e italianos que no se apegaron al gobierno, recibieron la persecución sugerida por el Departamento de estado que desembocaría en la incautación de los bienes de alemanes e italianos y su posterior desintegración a favor de nacientes capitales locales o en otras palabras de los nuevos ricos del gobierno de Carías, surgidos del robo inmisericorde a los inmigrantes antes mencionados. La cercanía al poder de Chinos, Judíos y quizás Palestinos permitió que fueran inmunes a esta cacería de capitales.

Una vez radicados se dedicaron al comercio local al igual que los palestinos, de hecho hasta hicieron alianzas comerciales con ellos. Aprovecharon las condiciones económicas que en su momento presentaron la inversión minera en Tegucigalpa y la bananera en San Pedro Sula. En Tegucigalpa, los más sobresalientes del período fueron  Helmut Seidel, quién intentó organizar la sinagoga en Tegucigalpa y fue Presidente de la Comunidad Judía en lso años cincuenta; Ernesto Lázarus, Yaeli Starkmann, Isaac Palme, Salvador Schacher, la familia Hirsch y la familia Goldstein, que llegaría a Tegucigalpa procedente de San Pedro Sula, varios años después. Entre otras familias inmigrantes judías podemos mencionar a Jacobo Brandel, Antonio Ellner, Isaac Fux, Saias Goldental, Moises Knopmäjer, Hermann Rubinstein, Max Runbinstein, Margarita Steinberger, José Sucrovich y Jacobo Wolozny.

La inserción al grupo local siguió el mismo ritmo que la de los palestinos, grupo con el cuál tuvieron alianzas matrimoniales en forma frecuente y con el que se identificaron parcialmente, adoptaron los usos y costumbres hondureñas con mucha más rapidez que los palestinos logrando pasar desapercibidos por la sociedad local quien les veía como un hondureño más. Algunas de las familias (como el caso de los Goldstein) se trasladaron a Tegucigalpa en donde continuaron con sus negocios incluyendo en ellos nuevas sociedades comerciales en algunos casos con hondureños. De hecho, pareciera que su interés más relevante, fue el introducirse en política.

De todos es conocido que Samuel Zemurray activó para el Partido Liberal de Honduras por medio de la Cuyamel Fruit Company, sin embargo también tuvo ingerencia en el Partido Nacional a través de la United Fruit Company. Zemurray cuidaba sus intereses y se escudaba en una falsa persecución de la Cuyamel por el partido opositor. Al final, el fue uno de los hombres que apoyó la llegada de Tiburcio Carias al poder ya que éste era “el hombre de la United Fruit Company”.

La primera referencia de un judío participando abiertamente en política es la de Roberto Lázarus, Ministro de Sanidad y Beneficencia Pública en 1956, durante el gobierno del triunvirato militar que derrocó a Julio Lozano Díaz. A partir de 1963, Jaime Rosenthal inició su carrera política en el Partido Liberal de Honduras y permanece activo hasta la fecha. En 1970, los Goldstein se vincularon a la política por medio del Partido Nacional: Jacobo Goldstein fue Director del Instituto Hondureño de Turismo, su hermano Gilberto Goldstein fue secretario privado del gobierno nacionalista de Rafael Leonardo Callejas durante el período 1990-1994. Moisés Starkmann, descendiente de judíos, fungió como Director de Setco durante el período de Carlos Roberto Flores  1998-2001. En el caso de Ricardo Maduro, su familia realmente llegó a Panamá a finales del siglo XIX, y no es sino hasta finales de los cincuenta que Osmond L. Maduro se traslada a Tegucigalpa a vigilar inversiones familiares. Su hijo Ricardo es nombrado Presidente del Banco Central en el período de Rafael Leonardo Callejas y esto le abrirá las puertas a la política nacional, que lo llevará posteriormente a la presidencia de la nación.

Como puede verse, no muchos activan en política, pero es claramente notable su presencia en puestos estratégicos de mando en los gobiernos locales así como al interior de los partidos políticos. De hecho, son las familias con el mayor poder económico del país  las que mantienen nexos casi de propiedad con los partidos, los Rosenthal y los Goldstein, ubicando a los judíos en los dos partidos y por ende, con posibilidades claras de influencia y favores políticos, en ellos independientemente de quién posea el poder en determinado momento. Mantienen así un equilibrio político para salvaguardar los intereses de los judíos radicados en Honduras y sus descendientes.

Actualmente, en el muestreo correspondiente, de cada 5 judíos en Tegucigalpa, 2 son residentes, los demás son naturalizados o nacidos en Honduras; todos ellos son descendientes llegados al país en las oleadas migratorias posteriores a 1930, o sea que son quinta generación en su mayoría; sus ancestros provienen de Alemania, Rumania, Checoslovaquia, Polonia, Danzig, Rusia, Argelia y posteriormente Israel. La mayoría vienen independientes, siendo común que el viaje lo hagan por cuenta propia, pero todos viajan en busca de mejora económica,  es común la inmigración de jóvenes. La escolaridad fue alta en este grupo, 4 de 5 presentan grado universitario. De todos los inmigrantes de este grupo todos han trabajado por cuenta propia, siendo vecinos en Tegucigalpa permanentemente ([51]).

Conclusiones

La inmigración ha aportado a Honduras un desarrollo capitalista definido, aunque polarizado hacia ciertos sectores del país, sin contar con el enriquecimiento del proceso de mestizaje que caracteriza al hondureño de hoy.  La presencia de los grupos europeos sobretodo alemanes y los norteamericanos activaron una incipiente economía principalmente agrícola redirigiéndola hacia la industrialización capitalista a la vez que propugnaba por la diversificación para poder integrar así ambos rubros, el tradicional y el naciente.

Si bien es cierto los procesos iniciales fueron abortados sobretodo en el caso de los alemanes en el sur,  la labor agrícola ya no se vio de la forma en que tradicionalmente se hacía; la continuación de los métodos y técnicas traídas por los inmigrantes continuó desarrollándose tal y como lo esperó Marco Aurelio Soto cuando creó las leyes de inmigración; grupos posteriores retomarán la experiencia aunque sus aportes se vean limitados en el tiempo y llevarán a algunos de estos inmigrantes a ser personalidades al interior del capitalismo hondureño.

En el caso de los inmigrantes de medio oriente y oriente, su imbricación en el desarrollo comercial y posteriormente industrial tiene gran trascendencia para entender los esquemas económicos que han sido utilizados como modelos de desarrollo en el país. Nuestra investigación no sólo ha arrojado posibles respuestas a las hipótesis planteadas al inicio de este trabajo, sino que también nos ha mostrado grosso modo el lado obscuro de la inmigración: la corrupción y la necesidad de estar cerca de los círculos de poder.

Como una primera hipótesis al trabajo, planteamos la posibilidad de que estos inmigrantes se mueven a la capital por ofrecer ésta ciertas particularidades en cuanto a salud y educación que no se ofrecían en otras ciudades del país, tales como la Universidad Nacional, el hospital San Felipe, clínicas y escuelas privadas, mejor clima e inclusive una mayor cercanía a otros puntos del territorio nacional por estar casi en un punto equidistante de ambas cosas, lo que facilitaba el comercio marítimo vía Amapala o Puerto Cortés, aprovechando para ello las políticas migratorias de los gobiernos de turno. La poca competitividad en este ámbito permitía el desarrollo económico de los grupos en cuestión libres de presiones producto de una sobrepoblación local, sino que por el contrario, con todo un mercado a la orden del día, una demanda constante con una facilidad de oferta abundante.

En el caso de la entrevista con Vladimiro Kestenbaum, se hace claro que el hecho de que ellos se movieron a Tegucigalpa desde El Progreso se debió a la necesidad de que su tío recibiera tratamiento médico especializado que sólo se obtenía en esta ciudad.  Esto confirma nuestra hipótesis en parte, pero lo que realmente nos han dejado entrever los documentos en esta investigación preliminar es como la corrupción alimenta la necesidad de estos grupos de permanecer cerca del poder para protegerse. La mayoría de los inmigrantes con excepción de los de oriente medio, fueron personas formadas universitariamente, su nivel de escolaridad y el haber crecido en sociedades maduramente capitalistas les permite detectar las facilidades de un gobierno pueblerino y de cómo aprovecharlas en beneficio propio. De allí la necesidad de estar cerca del poder.

Una segunda hipótesis que nos planteamos es la de que los inmigrantes a partir de la segunda generación se involucran más con el país por desarrollar un cierto sentido de nacionalidad y pertenencia, pero que dadas ciertas situaciones de marginamiento social por la sociedad hondureña, se ven en la necesidad de ingresar en los últimos años a la política a fin de cuidar sus intereses de grupo.

Basados en el descubrimiento anterior, se evidencia que las familias de inmigrantes no se han integrado en realidad a la sociedad hondureña, sino al círculo social que ejerce labor de dominación sobre esta sociedad; por ende, estos “extranjeros nacionales” a su vez, han compartido la falta de acceso al gobierno propuesta por ese círculo local, contribuyendo a alejarla del resto de hondureños que vive sin asociaciones con ninguno de ese círculo.

La inserción de estas subculturas en la cultura hondureña no ha provocado una interacción totalmente positiva: si bien es cierto sus costumbres, modo de vida y en algunos casos hasta la dieta alimenticia, han pasado ha formar parte de la hondureñidad actual, también es cierto que la forma en que se adscriben a nuestra sociedad, no sólo han permitido su posicionamiento social como económicamente poderosos sino que también han pasado a formar parte de los grupos políticos de nuestro país; en otras palabras, el poseer el poder económico les ha permitido pactar con los detentores del poder político en detrimento del hondureño nativo, que se vuelve incapaz de ejercer su propio dominio, manejar las situaciones de su propio desarrollo económico e inclusive disfrutar de su propia nacionalidad. No ha habido un salto de lo económico a lo político porque ellos siempre han estado detrás del poder, lo que ha surgido es la participación directa de ellos por cuanto a estas alturas es más fácil que les vean como hondureños. Para los verdaderos hondureños herederos de esta tierra y de su conformación inicial como grupo mestizo, es cuando ser hondureño, se vuelve un acto de fe.

Aún falta ahondar en muchas de las situaciones antes descritas, por cuanto a que este es solo un primer informe de investigación y sentimos que apenas hemos tocado la punta del iceberg: en este sentido será necesario conocer de los demás gobiernos y establecer alguna conexión entre el despacho 696 en tiempos de Carías y el fraude de el Chinazo durante el período de Carlos Roberto Reina.

Por otra parte, se hace necesario también el investigar las actividades económicas de los inmigrantes con más detenimiento, para muestra un botón: de acuerdo a Jorge Amaya los Roshental son dueños del 10% de la riqueza de este país…¿porqué no lo es un hondureño? ¿Incide en esto la herencia colonial de los grupos de poder que jamás se han sentido parte del país por heredar esa ausencia de patria del criollo colonial, misma que han tratado de encontrar primero en Francia y después en Estados Unidos, generando con ello una clase política mentalmente extranjera y que considera que el país es una hacienda de su propiedad y que sólo otros extranjeros como ellos pueden usufructuarlo en beneficio propio?¿Donde queda entonces el verdadero hondureño si está regido por extranjeros nacionales que aún por medio de sus sistemas educativos (bilingües) propugnan por la conservación de su casta por encima de la nacionalidad y aún del mismo concepto de nación? De hecho…¿cuál sería entonces en concepto de nación en Honduras?

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Notas a la primera parte introductoria general sobre inmigrantes:


[1] Zelaya y Ferrera, Rolando, INDUSTRIALIZACIÓN Y COMERCIO CAPITALISTA: LOS INMIGRANTES, en Lecturas para Comprender la Historia de Honduras, Prentice Hall Editores, Mexico, 2008.pp223

[2] Leiva Vivas, Rafael, Francisco Morazán y sus relaciones con Francia,(inédito), 1988; citado por Infante, Segisfredo; Los Alemanes en el Sur, Editorial Universitaria, 1993, pag.21.

[3] Squier, E.G., Apuntamientos sobre Centroamérica, particularmente sobre los Estados de Honduras y El Salvador, París, 1856.

[4] Scherzer Carl, Del Rio Grande al Plata, Buenos Aires, Sudamericana, 1976.

[5] Leiva Visas, Rafael, Presencia de Máximo Gómez en Honduras, Tegucigalpa, Editorial Universitaria, 1978, pág. 22-23.

[6] Op. Cit.

[7] Argueta Mario, Historia de Honduras, ESP, 1978, pag. 110

[8] Funes, José Antonio, Froylán Turcios y el Modernismo en Honduras, Premio Estudios Históricos Rey Juan Carlos I, 2004, Primera Edición, Litografía López, 2006, pag.25.

[9] Acosta Oscar, El pensador y su mundo: Rafael Heliodoro Valle, vida y obra, Tegucigalpa, Editorial Nuevo Continente, 1973, pág. 11.

[10] Valladares Paulino, ¿Para qué?, reproducido en Ariel, Tegucigalpa, III Etapa, 6 de Octubre de 1972, pág. 6.

[11] Funes, Jose Antonio, Froylán Turcios….Op. Cit, pág 26.

[12] Squier, E. Geo, Honduras, Pan American Publishing Co., New Yory, 1907.

[13] Euraque Darío, San Pedro Sula, de villorrio colonial a emporio bananero 1536-1936, Colección Cuadernos Universitarios No.89, Editorial Universitaria, 1995, pág.22.

[14] Perry G.R., National Directory of Honduras, New York, 1899, pág. 164.

[15] US State Dept. USA Politics of Chinese Inmigration to América, National Archives.

[16] Amaya, Jorge, Inmigrantes Chinos en Honduras, Guaymuras

[17] Antonio R. Vallejo, Primer Anuario Estadístico correspondiente al año de 1889, Colección documentos, Editorial Universitaria, 1ª. Edición, 1997, pág. 146.

[18] Idem, pag.153.

[19] Euraque, Darío, El Capitalismo de San Pedro Sula y la historia política hondureña 1870-1972, Editorial Guaymuras, 1ª. Edición, 1997, pág. 76.

[20] Lista de Naturalizaciones y reconocimientos de nacionalidad hondureña acordados por el Poder ejecutivo desde Julio de 1946 hasta Junio de 1956, Secretaría de Relaciones Exteriores, 1956.

[21] Op. Cit.

[22] Amaya, Jorge, La Participación de los Judíos en la Economía Hondureña, artículo en poder de los autores.

[23] Molina, Guillermo, The Pan American Publicity Corporation: Propaganda Pro Honduras, Molina y Cía., La Habana, 1930, pag. 340.

[24] Amaya, Jorge, La Participación...., Op. Cit.

[25] Lista de Naturalizaciones.....Op.Cit.

[26] Zelaya y Ferrera, Rolando, “Inmigrantes”, artículo en la Enciclopedia Honduras Nuestro País, La Tribuna,, 17/11/1989  

[27] Entrevista con Adolfo Facussé

[28] Idem

[29] Idem

[30] Harding Davis, Richard, “Tres gringos en Venezuela y Centroamérica 1896”, Harper & Brohters Publishing Co, New York

[31] Argueta Mario y Quiñonez Edgardo, “Historia de Honduras”, Editorial ESP, 1978

[32] Entrevista con Adolfo Facussé

[33] Archivos de varios institutos privados (San Migue, Maria Auxiliadora, Federico Froebel)

[34] Departamento de Registro, Archivo General, UNAH

[35] Libros eclesiásticos de bautismo de diferentes iglesias (Catedral, Los Dolores, Concepción, La Milagrosa, Guadalupe…)

[36] Amaya, Jorge Alberto, Árabes y Palestinos en Honduras, Guaymuras, 1995.

[37] Idem

[38] Flores, Mario, El Capital Financiero en Honduras, Tesis UNAH, 1990, pags. 81-82

[39] En un intento de entrevista con el señor Emilio Larach, el afirmó que no tenía nada que decirnos, pues el era hondureño y no árabe. La entrevista no nos fue negada pero tampoco se nos dio apertura para llevarla a cabo.

[40] Encuesta de investigación de los autores.

[41] Amaya, Jorge Alberto, “Los Chinos de Ultramar en Honduras”, Guaymuras, 2002

[42] Idem

[43] Rosa, Marco Antonio, “Tegucigalpa de mis primeros años”, BCH, 1974

[44] Encuesta de investigación de los autores.

[45] Lovo de Suárez, Rosa Esther, Informe del Registrador Civil del Distrito Central sobre la situación actual de los Chinos en Tegucigalpa, Registro Nacional de las Personas, 1987

[46] Opiniones de vendedores de la zona del Mercado San Isidro y las Américas sobre la proliferación de restaurantes chinos en la zona, Tegucigalpa, Marzo 2008.

[47] Perry, G.R., “Directorio Nacional de Honduras”, New York, 1899, pag. 141 (compilado por Santos Soto).

[48] Tomado de Lázarus, Gloria Leticia, “Alberto Lázarus Bernhard”, publicado por Diario LA Tribuna, 22 de octubre de 1994, pag. 34.

[49] Despacho 696 del 1 de junio de 1939 de la Legación Americana en Honduras al Departamento de Estado En Washington, Record Group 59, Departament of State Archives, Library of the Congress, USA.

[50] Argueta, Mario, “Tiburcio Carias Anatomía de una época 1923-1948”, Guaymuras, Colección Códices, 1988, pag. 180.

[51] Encuesta de investigación de los autores.

 

 

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