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José Francisco Morazán Quezada

Alta es la noche y Morazán vigila.

Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.
(Pablo Neruda: Canto General, XXXI)

 

 

 

 

 


Períodos :
26 de noviembre de 1827 al 30 de junio de 1828.
2 al 24 de diciembre de 1829.
22 de abril al 28 de julio de 1830.

Nace en Tegucigalpa, el 3 de octubre de 1792. Sus padres, Eusebio Morazán y Guadalupe Quezada. Fue bautizado en la Iglesia de san Miguel de Tegucigalpa, el 16 de octubre de 1792.

Con Fray José Antonio Murga, aprende las primeras letras en el Convento "San Francisco". Trasladada su familia a Morocelí, en 1808, para atender asuntos de comercio y minas. Regresa a Tegucigalpa, donde trabaja en la escribanía de León Vásquez y adquiere conocimientos de derecho y legislación de Indias. Aprende a leer francés en la biblioteca de su tío político, Dionisio de Herrera. Se desempeña como gestor oficioso en solicitudes a la municipalidad de Tegucigalpa.

Se adhiere al Acta de Independencia el 29 de septiembre de 1821. Designado como Teniente en la Primera Compañía para atenuar los ánimos de Comayagua sobre la Independencia en noviembre de 1821.

En abril de 1822 fue comisionado para brindar seguridad a la columna que trae 132,000.00 pesos y 42 frascos de mercurio para la Caja de Rescates. Capturado en Comayagua. Cumple su misión trasladándose a Los Llanos de Santa Rosa, tras ser liberado.

La Asamblea Constituyente Federal en Guatemala lo nombra miembro Vocal de la Comisión para estudiar la realidad de los países miembros de la Federación en 1823. Nombrado Secretario General del Gobierno el 25 de septiembre de 1824. Firma la Primera Constitución del Estado de Honduras, el 11 de Diciembre de 1825 en Comayagua. Electo Presidente del Consejo Representativo, el 6 de abril de 1826.

Contrae nupcias con
María Josefa Úrsula Francisca de la Santísima Trinidad Lastiri Lozano, el 30 de diciembre de 1825 en Comayagua. El 19 de enero de 1827, sale de Guatemala una fuerza militar al mando de José Justo Milla, bajo el pretexto de cuidar las Rentas de Tabaco. Instala su cuartel general en San Estaban, al sudeste de la ciudad de Comayagua, el 4 de abril de 1827. Morazán dirige la defensa de la capital, Comayagua.Sale a Tegucigalpa a reclutar tropas. Con una columna de 300 hombres se estaciona en la hacienda "La Maradiaga". El 29 de abril de 1827, derrota a fuerzas de Milla Pineda, encabezadas por el Coronel Hernández, en el sitio "La Maradiaga". Regresa a Tegucigalpa. El 10 de mayo de 1827, capitula el gobierno de Herrera. Milla asume la Jefatura de Estado. Morazán, llega hasta Choluteca y se le extiende un salvoconducto (pasaporte). Se reúne con su familia en Ojojona en junio de 1827.Es hecho prisionero en Ojojona por orden del Comandante de Tegucigalpa, durante 23 días. Sale bajo fianza y emigra a El Salvador, e 28 de julio de 1828. Llega a León, Nicaragua, el 15 de septiembre de 1827, solicitando apoyo para restablecer el gobierno de Honduras. Con fuerzas de León y salvadoreñas, llega a Choluteca en octubre. La municipalidad de San Antonio de Texiguat le ofrece su apoyo en armas y tropa. El 11 de noviembre de 1827, derrota en La Trinidad al General José Justo Milla. Ingresa a Tegucigalpa, el 12 de noviembre. Llega a Comayagua el 26 de noviembre.

Nombrado Presidente del Gobierno de Honduras, el día 27 de noviembre de 1827. Envía columnas de pacificación a la Costa norte y los pueblos fronterizos. Sofoca el levantamiento de Opoteca. Deposita el poder el Diego Vigil, el 30 de junio de 1828. Prepara su campaña de El Salvador y establece su cuartel General en Texiguat, durante los meses de diciembre a abril de 1828. Sale a El Salvador con 1,400 hombres, junio.

Derrota a Vicente Domínguez en Gualcho, el 6 de julio de 1828. Llega a San Miguel el 10 de julio de 1828. Solicita un empréstito de 16 mil pesos para sostener el ejercito. Ocupa, la capital San Salvador y nuevas autoridades asumen en Ejecutivo. En agosto de 1828, regresa a Honduras, por la ruta de Nacaome.

Envia al Coronel José Antonio Márquez a pacificar Opoteca y eliminar la ocupación de Comayagua, 11 de agosto de 1828. Derrotados los rebeldes de Opoteca, Morazán sale de Tegucigalpa, con 600 hombres rumbo a El Salvador el 2 de septiembre de 1828. Se estaciona en Goascorán el 2 de octubre. Derrota en San Antonio Gualcho al Teniente Coronel Antonio de Aycinena y suscribe la Capitulación 9 de octubre. Recibido como héroe en Cojutepeque y entra a San Salvador el 23 de octubre de 1828. Permanece en El Salvador. Regresa a Honduras, por los informes del levantamiento de pueblos de Olancho. Dirige una proclama el 22 de noviembre de 1828 a los habitantes de Olancho. El 1 de enero de 1829, instala su cuartel general en Ahuachapán para concentrar fuerzas en la campaña contra Guatemala. La mediación de Costa Rica no detiene los preparativos de la guerra. Define sus fuerzas militares como el " Ejercito Aliado Protector de la Ley", en 1829. Envía las primeras columnas sobre Guatemala, enero de 1829.

El 6 de marzo de 1829 derrota fuerzas guatemaltecas en San Miguelito, Antigua.

La Asamblea Legislativa de Honduras el 5 de marzo de 1829, elige a Francisco Morazán y a Diego Vigil, Jefe de Estado y Vice-Jefe, respectivamente. Llega la imprenta a Honduras en marzo de 1829. Victoria en Las Charcas el 15 de marzo. Conferencias en el Sitio de Ballesteros para negociar la rendición de Guatemala.

El 13 de abril de 1829, capitulación de Mariano de Aycinena y entrada triunfal en ciudad Guatemala. La presencia de la peste de viruela acelera su entrada a Guatemala. Manda a prisión en el Convento de Belén a dirigentes del partido conservador. El 30 de abril de 1829, la Asamblea de Guatemala condecora al General Francisco Morazán con medalla de oro y lo declara " Benemérito de la Patria, y manda hacer un retrato de cuerpo entero para ser colocado en la Galería de Presidentes".

Expulsión del Arzobispo Casaus y Torres, 10 de julio . Indulto General a todos los opositores al Gobierno federal. Declara la extinción de todos los establecimientos monásticos en Centroamérica, julio de 1829.

Ofrece su apoyo a México para enfrentar la invasión española al mando del Brigadier Isidoro Barradas, marzo de 1830. Regresa a Honduras a tomar posesión del Gobierno. Asume la Presidencia de Honduras el 4 de Diciembre de 1829. Proclama al pueblo de Olancho antes de la campaña. Deposita el gobierno en el Senador Juan Angel Arias, el 24 de Diciembre para enfrentar la pacificación de Olancho. Estacionado en Morocelí y el 21 de enero de 1830 la Capitulación de las " Vueltas del Ocote" en Olancho. Manda una proclama después de la capitulación de Olancho. La campaña de Olancho le costó a la Hacienda Pública, 53,656.63 pesos.

Aplasta la insurrección en Opoteca., el 19 de febrero de 1830. Reasume la Presidencia el 22 de Abril de 1830. Manda a Dionisio de Herrera en Junio de 1830 a pacificar Nicaragua. En Junio de 1830, en las elecciones para Presidente de la República Federal de Centro América sale electo. Renuncia a la Presidencia en Honduras el 28 de Junio, y Diego Vigil asume el 30 de Junio de 1830 la Presidencia en su condición de Vice-Presidente. Llega a Guatemala el 14 de Septiembre de 1830.

Asume la Presidencia de la República Federal de Centroamérica el 16 de Septiembre de 1830. Por la situación en El Salvador de golpe de Estado en Diciembre de 1831, traslada su gobierno a El Salvador. Por oposición del gobierno de José María Cornejo, el 6 de enero de 1832 sale de San Salvador, por cuanto el Gobierno de Cornejo había decretado la Separación de la Federación. Se traslada a Honduras en espera de tropas de Nicaragua en febrero de 1832.

Invade San Miguel el 28 de Febrero de 1832. La Batalla de Jocoro triunfa sobre las tropas de Cornejo, el 14 de marzo de 1832. En la Batalla de San Salvador captura a José María Cornejo el 28 de Marzo de 1832.Regresa a San Miguel . Convoca a una Asamblea Constituyente el 13 de mayo de 1832 para elegir el Presidente, Mariano Prado y Vice-presidente Joaquín San Martín. Llega a Comayagua en julio de 1832, sobre los sucesos de la invasión oficial español Ramón de Guzmán y Vicente Domínguez. Traslada la sede del Gobierno a El Salvador en 1833, para reorganizar los planes de la Federación y la oposición de Guatemala. El 2 de Junio de 1834 hay Convocatoria de Elecciones para la Presidencia de la República Federal.

Sublevación del Vice-presidente salvadoreño Joaquín San Martín. Derrota a las tropas de San Martín el 23 de Junio de 1834, en San Salvador.

Nombrado por la Legislatura salvadoreña Benemérito de la Patria, el 11 de Octubre de 1834.

Los brotes del Cólera morbus enciende a oposición del clericalismo en Guatemala y Honduras. Se separa de la Presidencia de la República Federal por finalizar su periodo y el General Gregorio Salazar asume el 16 de septiembre de 1834. Llega Costa Rica el 18 de Diciembre de 1834 para unos asuntos de Tabaco por 34,000 pesos.

Electo nuevamente Presidente de la República Federal Centroamericana, el 2 de febrero de 1835. Toma posesión en Ciudad Guatemala el 14 de febrero de 1835. Reforma la Constitución Federal de 1824. Traslada la sede a San Salvador en febrero de 1835. El 21 de Marzo de 1836 presenta un informe al Congreso Federal sobre la situación de la Federación. El Presidente Mariano Gálvez, solicita en enero de 1838 la presencia del General Morazán para sofocar los revueltas internas impulsadas por Rafael Carrera. Sale de Santa Ana, El Salvador, el 9 de Marzo de 1838 con 1,300 hombres hacia Guatemala.Llega a Guatemala el 17 de abril de 1838. Hace un llamado a Rafael Carrera para que deposite sus armas. Los grupos de poder de Ciudad Guatemala le ofrecen plenos poderes para sofocar a Carrera. Una cena en la casa del primer Presidente de la Constituyente de Honduras, abogado Pedro Nolasco Arriaga es el escenario para ratificar la oferta de declararlo Presidente Vitalicio de Guatemala. Morazán la rechazó.

El Congreso Federal reunido en El Salvador el 30 de Abril de 1838, declaró que las autoridades de los estados de la Federación pueden constituirse en la forma que estimen conveniente.
Reunida sus tropas preparan la pacificación. Derrota en la Acción de Mataquescuintla el 24 de octubre de 1838 a las Tropas de Rafael Carrera. En la Acción de Chiquimula nuevamente derrota a Carrera en Diciembre de 1838. Regresa en febrero de 1839 a El Salvador, en persecución de Carrrera. Derrota a fuerzas de Guatemala en las Lomas , San Salvador el 28 de marzo de 1839. Guatemala se declara Estado Libre, Soberana e Independiente el 17 de Abril de 1839. Derrota al General Francisco Ferrera el 6 de abril de 1839 en el sitio de El Espíritu Santo.

Declarado nuevamente Benemérito de la Patria por la Asamblea Legislativa el 29 de Mayo de 1839. Honduras y El Salvador se obligan a reestablecer la Federación Centroamericana, por el Convenio de San Vicente el 5 de Junio de 1839.Electo Jefe de Estado de El Salvador el 8 de julio de 1839. Toma posesión del cargo el 11 de julio. Su familia es hecha rehén por fuerzas guatemaltecas, el 16 de Septiembre de 1839.Batalla de San Salvador el 20 de Septiembre contra fuerzas guatemaltecas. Su familia libre.

Nuevamente una invasión de fuerzas conducidas por Francisco Ferrera son derrotadas en el sitio de San Pedro Perulapán el 25 de septiembre de 1839.Envía a su familia a Costa Rica, pero se radican en Chiriquí, Colombia, hoy Panamá en enero de 1840. El 18 de Marzo de 1840, ocupa Ciudad Guatemala. Entrevista con el Diplomático norteamericano y cronista viajero John Lloyd Stephens ese día. Retirada el 19 de marzo, tras la derrota de El Calvario por fuerzas de Rafael Carrera. Llega a San Salvador el 27 de marzo. Deposita la jefatura de Estado en el Consejero
José Antonio Cañas y dirige una proclama al pueblo salvadoreño. Sale del Puerto de la Libertad el 8 de Abril de 1840, en la Goleta " Izalco", rumbo a Costa Rica. Llega a Puntarenas y 23 de sus oficiales son asilados en Costa Rica.En Mayo de 1840, llegan a Chiriquí, hoy Panamá y trasladan a Ciudad David a donde residía su esposa y familia. Dicta sus memorias y proclama el célebre Manifiesto de David al Pueblo de Centroamérica ,del 16 de julio de 1840. En septiembre de 1840, sale a Sudamérica. Durante su permanencia en El Perú, organiza su estado mayor y obtiene un préstamo de 18,000 pesos peruanos del general Pedro Bermúdez.
Llega el 16 de febrero de 1842 al Puerto de " La Unión". Desembarca el 17 y el día 20 de febrero llega a San Miguel. Varios partidarios de la Federación se organizan para continuar la Lucha. Sale en Marzo del Puerto de Acajutla , desembarca en la Isla Martín Pérez y conforma una flota de 5 buques con 500 hombres. Llegan el 7 de abril de 1842 a Puntarenas, Costa Rica.Firma el Convenio de El Jocote el 12 de Abril, donde Braulio Carrillo renuncia a la Presidencia de Costa Rica. Entra a San José . Convoca a elecciones el 11 de Junio. El 10 de julio de 1842 se instala la Asamblea Constituyente y elige al General Francisco Jefe de Estado.

El 15 de julio la Asamblea lo declara " Benemérito de la Patria y Libertador de Costa Rica " El decreto donde Costa Rica forma parte de la República de Centro América. Fusilado el General Manuel Angel Molina. Amotinamiento en el Cuartel de San José y Alajuela.  Derrota en la Nopalera. Capturado en Cartago en casa del Comandante Mayorga. La esposa de Mayorga le ofrece la oportunidad de huir. A las 12.M del día 14 de septiembre es declarado prisionero de Guerra y encadenado. El General José Miguel Saravia se envenena y Vicente Villaseñor intenta suicidarse. El día 15 de Septiembre es trasladado a San José. A las 5.00 P.M. llegan a San José. Siendo las 7:45 P.M. finaliza la redacción de su testamento. Mira sentado a Villaseñor y le arregla su cabello. Para tranquilizarlo le dice " La Posteridad nos hará Justicia". A las 8:00 P.M es fusilado por tropa al mando del general Portugués Pinto.

El 12 de febrero de 1849, llegan sus restos a San Salvador y velados en la Iglesia de " La Concepción".
El 17 de febrero, los cuerpos exhumados del General José Francisco Morazán Quesada y de su eterna esposa Josefa Lastiri son depositados en el Cementerio General de San Salvador.


 

LA FAMILIA DEL HÉROE

por Nahún Valladares y Valladares

1 San José de Yuscarán poblado minero donde se estableció en 1760 don Juan Bautista Morazán abuelo del General Morazán.

Don José Francisco Morazán Quezada, uno de los más dilectos hijos de la Real Villa de San Miguel de Tegucigalpa de Heredia.

La cuna del insigne varón ha sido reclamada por Yuscarán y Morocelí, poblaciones ligadas a su vida por circunstancias especiales de la familia Morazán, pero que no han pasado de ser presunciones porque en ninguna de las poblaciones que durante la colonia eran jurisdicciones de la Villa, en la primera división territorial de 1825 pertenecían al departamento de Tegucigalpa y hasta 1869 a El Paraíso, se han mostrado documentos que certifiquen el nacimiento del héroe en ninguna de las dos.

San José de Yuscarán (FOTO 1) fue el lugar donde se estableció en 1760 como comerciante el inmigrante italiano don Juan Bautista Morazani, abuelo paterno del paladín de la unión centroamericana. En 1769 se casó con la criolla de origen español doña Gertrudis Alemán hija de don Francisco Antonio Alemán oriunda del rico poblado minero. De ese matrimonio nació en 1771 don Eusebio Morazán Alemán, José Inés y Juan Miguel Morazán.

En 1780 falleció doña Gertrudis y al enviudar, don Juan Bautista contrajo segundas nupcias con otra dama de Yuscarán, María Luisa Espinar hija de don Tomás  Espinar y doña María del Carmen Carranza. De ese matrimonio nació José Bernardo Morazán Espinar.

2 Doña Guadalupe Quezada Borjas esposa de don Eusebio Morazán y madre del General Francisco Morazán Quezada.

Investigaciones realizadas por historiadores como el profesor Agustín Alonzo y el abogado Juan Bautista Valladares Rodríguez, establecen que el abuelo del General Morazán al morir su segunda esposa se casó con doña Manuela del Castillo con quien procreó a Juan Nepomuceno Morazán del Castillo, Rita, María Concepción y Jacinto Morazán.

Don Juan Bautista nunca cambió de domicilio, pero logró hasta su muerte en 1792 formar un capital que le hizo expander sus negocios en el comercio y la agricultura a la Villa de Tegucigalpa y a Morocelí.

A su hijo mayor Eusebio lo envió a Tegucigalpa y a Juan Miguel y José Bernardo a Morocelí, se dice que José Inés, José Bernardo, Jacinto, Rita y María Concepción se quedaron formando familias en Yuscarán.

Don Eusebio Morazán Alemán en 1791 se casó en la Villa de Tegucigalpa con al joven Guadalupe Quezada Borjas (FOTO 2) nacida en 1765 en el hogar formado por don Juan Batista de Quezada y doña María Borjas Alvarenga.

Del matrimonio Morazán-Quezada nacieron, el 3 de octubre de 1792 José Francisco Morazán (FOTO 3) y años después Cesárea quien murió joven y soltera, Marcelina casada con el ensayador de la Casa de Rescates don Narciso del Rosal y Benito, el menor que abrazó la carrera del sacerdocio por lo cual no tuvo descendencia.

3 Dibujo al crayón hecho en Guatemala cuando el General Morazán era el presidente de la Federación.

En este entorno familiar de los Morazán-Quezada existió un parentesco histórico, un hermano de doña Guadalupe, don José María Quezada fue el padre de doña Micaela Quezada esposa del ilustre abogado don Dionisio de Herrera, primer jefe de Estado de Honduras.

Francisco Morazán Quezada fue bautizado trece días después de haber nacido, el 16 de octubre de 1792, en la parroquia de San Miguel de Tegucigalpa recibiendo el sacramento de manos del presbítero don Juan Francisco Márquez actuando como madrina la honorable dama tegucigalpense doña Gertrudis Ramírez. Este hecho religioso desvirtúa la especie que Francisco Morazán haya nacido fuera del término de la Villa.

La enseñanza elemental, las primeras letras y las nociones de las matemáticas, gramática latina y el dibujo, las obtuvo en 1804 en una escuela que el fraile franciscano Santiago de Gabrielín abrió en el Convento de San Francisco dejando a cargo de la enseñanza al sacerdote Juan Antonio Murga.

Además de Morazán, entre los 23 niños matriculados se encontraban dos personajes de nuestra historia que se desempeñaron como jefes de Estado, Joaquín Rivera y Bragas y Juan Antonio Márquez.

¿Cuál es la relación de Morazán con Morocelí? Contaba en 1808 con diez y seis años de edad y después de cuatro años de estudios, su padre don Eusebio decidió trasladarse con su hijo a aquella comunidad para atender los intereses heredados por don Juan Bautista y ayudarle a sus hermanos en los quehaceres agrícolas y de comercio.

4 La bella María Josefa Lastiri Lozano esposa del General Francisco Morazán.

Morazán, no se sentía atraído por aquellos menesteres y ocupaba el tiempo que le quedaba disponible para trabajar en la Alcaldía del municipio ayudándole en la oficina al secretario del término, pero ese no era su propósito y logró convencer a su progenitor para retornar a la Villa.

Así lo hizo y don Eusebio que tenía muchas influencias lo colocó como ayudante del escribano don León Vásquez en cuya biblioteca obtuvo conocimientos de derecho y leyó a los tratadistas de la época.

Vino después su relación con su pariente político don Dionisio de Herrera quien fungía como secretario del Ayuntamiento de Tegucigalpa y comienza así su participación en los  movimientos políticos pre y post independencia.

Pero como hoy queremos más referirnos a los aspectos familiares del General Morazán y ya hemos hablado de sus ascendientes… ¿Cuál es su descendencia directa?… Don Francisco era además de un apuesto caballero, un joven apetecido por las féminas de los sitios que frecuentaba desde Guatemala hasta Panamá.

Se casó en Comayagua en 1825 con la hermosa dama tegucigalpense doña María Josefa Lastiri viuda de Travieso (FOTO 4) con quien procreó en 1838 una hija, Adela Morazán Lastiri, casada en San Salvador con el abogado hondureño don Cruz Ulloa.

Antes, en 1826, el General Morazán tuvo un hijo con la dama Rita Zelayandía que estaba casada con don Eusebio Ruiz, su nombre José Antonio Ruiz (FOTO 5), a quien su padre desde muy niño se hizo cargo de él aún cuando no llevaba su apellido y lo involucró en las actividades militares logrando obtener el grado de general.

5 El general José Antonio Ruiz nació en 1826, hijo natural del General Morazán.

En 1827, nació en Tegucigalpa un 4 de octubre, Francisco Morazán Moncada (FOTO 6) cuya madre fue doña Francisca Moncada hija de don Liberato Moncada. El pequeño Francisco fue acogido en el hogar Morazán-Lastiri y acompañó a su padre en la cruzada unionista. A Francisco Morazán Moncada le tocó redactar dictada por su padre, la Proclama de David y el testamento del héroe el 15 de septiembre de 1842.

El general José Antonio Ruiz no dejó descendencia, su único hijo murió en la infancia y don Francisco Morazán Moncada se casó en Nicaragua con doña Carmen Venerio siendo sus hijos Francisco, Caren y Mercedes Morazán Veneiro, formando una descendencia en Chinandega entre los cuales está la familia Calleja.

No registrada, se dice que en Guatemala, el General Morazán tuvo una hija que llevaba el apellido Fuentes de donde descienden familias como los Fuentes Mohr y el extinto ex presidente de Guatemala Miguel Idígoras Fuentes.

De su hija legítima Adela, casada con don Cruz Olloa, fueron hijos Francisco, Esteban, Josefina y Mercedes Ulloa Morazán, todos ellos casados, línea sanguínea directa con el héroe con muchos descendientes que viven en la tierra donde descansan para la eternidad las cenizas del ínclito varón hondureño.

 

6 Don Francisco Morazán Moncada hijo del prócer a quien dictó su Proclama de David y el testamento el 15 de septiembre de 1842.

María Josefa Lastiri Lozano

María Josefa Úrsula de la Santísima Trinidad Lastiri Lozano fue Primera Dama de Centroamérica, de Honduras, de El Salvador y de Costa Rica, esposa del general Francisco Morazán Quesada, héroe centroamericano, nacida en Tegucigalpa, Honduras, el 20 de octubre de 1792. Fue hija de Juan Miguel Lastiri y Margarita Lozano y Borjas. Casó en primeras nupcias en 1818 con Esteban Travieso (muerto en 1825), con quien tuvo varios hijos, y en segundas en Comayagua, Honduras, el 30 de diciembre de 1825, con Francisco Morazán Quesada, con quien tuvo una hija única, Adela Morazán Lastiri.

Fue Primera Dama del Estado de Honduras de 1827 a 1830, de la República Federal de Centroamérica de 1830 a 1834 y de 1835 a 1839 y del Estado de El Salvador de 1839 a 1840. Respaldó al general Morazán en sus actividades políticas y militares, en lo cual perdió prácticamente todo el cuantioso patrimonio heredado de su primer esposo. Debido a las incesantes luchas que asolaron a El Salvador en esa época, hubo de salir del país a principios de 1840 y solicitó asilo en Costa Rica. El Gobierno costarricense expresó que se lo otorgaría, si ella y los suyos aceptaban radicarse en la ciudad de Esparza. Doña María Josefa rechazó la condición y marchó a Chiriquí, donde poco después se le unió su marido. Cuando éste tomó el poder en Costa Rica, envió un barco expresamente fletado a Chiriquí, para recoger a Doña María Josefa y a su familia.

Después de la caída y fusilamiento de Morazán en septiembre de 1842, Doña María Josefa y su familia regresaron a El Salvador. Murió en San Salvador en 1846.

Morazán y su hija costarricense
Por Lic. Miguel Cálix Suazo
Vicepresidente del Instituto Morazánico
Vicepresidente Academia Hondureña de Geografía e Historia

Para comenzar a reivindicar a Morazán en Costa Rica he escrito seis volúmenes, el segundo de los cuales y que publiqué en 1996 prologado por el Lic. Manuel Carballo Quintana, Embajador de Costa Rica, en Honduras, trata de la hija póstuma del egregio Héroe,  María Ester de los Dolores Freer Escalante (llamada Lolita por su familia) engendrada 15 días antes de su muerte, y que este 2 de junio –en el más completo olvido por todos los centroamericanos- está cumpliendo años de haber venido al mundo en San José, Costa Rica, y que su madre Teresa Escalante y Ocampo, salvadoreña oriunda de Ahuachapán, bautizó el 15 de setiembre de 1843 como recuerdo del día en que murió su querido Francisco Morazán Quesada. El asentamiento del bautizo de LOLITA, con la aprobación del Obispo Anselmo Llorente y Lafuente, que hacía un mes había regresado del destierro, se realizó, sin embargo, hasta el día de la boda de la muchacha, en el libro 18, folio 02, asiento 03 correspondiente a 1843.

 

Teresa y su esposo el caballero inglés (de Liverpool) Mr. William Freer Risk habían llegado a Costa Rica en 1834 ya casados, procedentes de San Salvador; y cuando ella conoció a Morazán, hacía unos dos años que Mr. William había regresado a su patria sin enviar noticias a Teresa, quien quedó con sus tres pequeños hijos -Amelia de la Libertad, José Guillermo Roderico e Isabel Agustina. Esta circunstancia había obligado a la distinguida y joven dama a instalar en su casa un hospedaje, a fin de subvenir al sostenimiento de su  familia.

 

LOLITA se casó el 20 de octubre de 1859 con Luis Vicente José Gargollo Díaz de Tejada, 12 años mayor que ella, pues había nacido en Cádiz, España, el 27 de octubre de 1831 (Sus abuelos paternos fueron los excelentísimos señores don Luis Gargollo, caballero de Gran Cruz de la B. Orden Americana de Isabel La Católica y doña María Josefa Corte de Gargollo). Luis y Lolita tuvieron 9 hijos que fueron: Elena Rosa de las Mercedes, quien vino al mundo el 31 de agosto de 1860; Eduviges Teresa, quien nació el 17 de octubre de 1863; María Luisa, que murió estando muy pequeña; María Adela Eulalia, nacida el 10 de febrero de 1866; Luciano Luis José María, nacido el 31 de agosto de 1868; Guillermo Juan de Jesús, nacido el 7 de junio de 1872; Ricardo María de los Dolores, nacido el 16 de setiembre de 1874; Manuel Antonio Francisco, más conocido como Luis, el 13 de junio de 1879; José Aurelio de los Dolores (Pepito), el 3 de julio de 1881; y Celia Eloísa Concepción de Jesús, el14 de marzo de 1884.

 

Lolita intuyó que, andando el tiempo, su familia entera se expandiría por todas las parcelas centroamericanas, y aun fuera de ella, para difundir que las ideas de la unidad centroamericana son permanentes y que propugnan por alcanzar un mayor bienestar de la población... Hoy su familia la constituimos todos sus descendientes –biológicos y no biológicos- y nos proponemos reivindicar para siempre al hombre del cual el segundo Obispo de Costa Rica, el alemán Bernardo Augusto Thiel, avaló que “sus hechos son tan grandes que no caben en el marco de nuestra historia y su nombre tan glorioso que se escapa del límite de nuestras fronteras…” Otro costarricense, el Embajador prologuista de mi libro expresó: “El verdadero valor de la gestión pública de Francisco Morazán como Jefe de Estado de Costa Rica no sólo es desconocido en nuestro propio país, sino también ignorado por los enemigos seculares de sus ideas. El Lic. Cálix Suazo viene a poner las cosas en su lugar al reafirmar a Morazán como el precursor, promotor y mártir de la unidad centroamericana, pero demostrando a la vez que el General Morazán fue el más firme defensor de la integridad territorial de Costa Rica. No se puede reparar el error  incorregible de quienes apagaron su vida, pero sí se pueden rectificar los juicios posteriores a su muerte -he aquí el significado de los seis volúmenes escritos por don Miguel Cálix Suazo”, palabras que se relacionan con las del Héroe: “ni el oro del Río Guayape, ni las perlas del Golfo de Nicoya, volverán a adornar la corona del Marqués Aycinena, ni el pueblo centroamericano verá más esta señal oprobiosa de su antigua esclavitud; pero si alguna vez brillase en su frente este símbolo de la aristocracia, será al blanco de los tiros del soldado republicano…”

En resumen, Morazán tuvo seis hijos, los dos primeros en Tegucigalpa siendo soltero, supuestamente con dos vecinas de esta casa. El primero se llamó José Antonio Ruiz, hijo de Rita Zelaya Díaz, casada con un señor de apellido Ruiz. El segundo es Francisco Morazán Moncada, sobrino de Liberato Moncada, un ex compañero de la escuela de Morazán y que llegó a ser su sustituto en el cargo de ministro.

Los otros dos los tiene siendo presidente de Centroamérica, por cierto con una española, Nicolás y Josefa Fuentes. Varios de sus descendientes destacaron en la vida política, como el presidente de Guatemala, Miguel Ydígoras Fuentes, y el político Alberto Fuentes Mohr.

Luego en El Salvador, y trece años después de haberse casado, nace su quinta hija, la legítima, Adela Morazán Lastiri.

La última hija la engendró en Costa Rica 15 días antes de morir, María Esther de los Dolores Freer Escalante, hija de Teresa Escalante y Ocampo, salvadoreña oriunda de Ahuachapán, casada con un caballero inglés de Liverpool, fue de ella que escribí un libro donde localicé 663 descendientes, hasta el 15 de julio de 1991, siete generaciones ramificadas en ocho países a los cuales visité, incluyendo Alemania, México, Ecuador, Guatemala, Panamá y Costa Rica.

 

Batalla de la Trinidad

Al iniciar el año de 1827, se sintieron en Centroamérica las disposiciones dictatoriales emanadas del Presidente Federal, Manuel José Arce. Estas incidencias fueron la causa para que las relaciones con los Jefes de Estado de cada provincia, particularmente con los de El Salvador y Honduras se fueran haciendo cada día mas conflictivas.

Consecuencia directa de semejantes pretensiones fue el derrocamiento del gobierno que ejercía Don Dionisio de Herrera, fraguado por el exvice Jefe de Estado, Coronel Justo Milla, quien con ese propósito se traslado a Guatemala y allá recibió del Sr. Arce el mando del Batallón Federal N:2 con esa fuerza y cumpliendo los designios ya expresados, se interno en el territorio del Estado de Honduras, so pretexto de proteger las plantaciones de tabaco que tenia la Federación en los llanos de Santa Rosa, hoy Santa Rosa de Copan.

El cuatro de abril de 1827, Milla sitio a Comayagua. En la residencia al asalto de la capital, participó el General Francisco Morazán Quezada. Casi para finalizar el sitio de Comayagua, el ciudadano Francisco Morazán salió de la capital sitiada en compañía de los coroneles Remigio Díaz y José Antonio Márquez, para obtener refuerzos en Tegucigalpa con la intención de regresar y liberar la Capital del Estado, pero al llegar al valle de Comayagua, en las cercanías de la Villa de San Antonio, fueron atacados por fuerzas al mando del Tte. Cnel. Hernández y el Capitán Rosa Medina, dándose el combate de la Hacienda de “La Maradiaga” el 29 de abril de aquel año.

Después de estos sucesos transcurren una serie de hechos transcendentales: el general Morazán recibió apoyo del Coronel Cleto Ordóñez , en Nicaragua, quien le proporcionó 135 hombres entre oficiales y tropa. Asimismo en la Villa de Choluteca, se le incorporaron las tropas salvadoreñas del Cnel. Zepeda, las cuales habían sido derrotadas en Sabanagrande. El núcleo inicial de estas tropas fue engrosándose con voluntarios de los pueblos de Texiguat, Curaren, Tegucigalpa, Cantarranas. Esta columna que salió de Choluteca con dirección a Tegucigalpa, venia comandada por el Cnel. Ramiro Díaz y siguió desplazándose en una marcha táctica con sus elementos de seguridad al frente, su vanguardia y el grueso de la misma.

Algunos de los biógrafos mas importantes del general Morazán describen que la columna se desplazaba a saltos enviando espías al frente, que informaban de la situación, esto, que en la moderna táctica se puede entender como elementos de una punta de vanguardia en una marcha táctica y que sirven para dar aviso temprano de la localización, cantidad e intenciones del enemigo.

El Coronel Remigio Díaz traía buenos oficiales que lo asesoraban. Además no debe olvidarse que entre ellos venían soldados que en Sabanagrande habían tenido previamente un descalabro y era natural que hicieran uso al máximo del principio de seguridad. El ejercito libertador llego el día 10 de noviembre por la tarde a Sabanagrande donde se descanso para solucionar algunos problemas administrativos.

Desarrollo de la Batalla.

Cuando las tropas se encontraban las tropas en Sabanagrande, llego el oficial que comandaba los elementos de seguridad que estaban llegando a Ojojona las fuerzas del Coronel Justo Milla en una cantidad de 1000 hombres. El oficial José Francisco Morazán concibió la idea de proponer a su Comandante el Cnel. Don Remigio Díaz, que aprovechando las horas de oscuridad salieron del pueblo de Sabanagrande y ocuparon posiciones defensivas en las alturas de “Trinidad”. Se puede colegir que el joven oficial conocía los sitios cercanos a Ojojona, ya que en este pueblo había guardado prisión.
Al despuntar el alba del siguiente día, el memorable 11 de noviembre de 1827, Morazán esbozo el plan de maniobra y se lo expuso al Coronel Remigio Díaz. Este acto digno de una epopeya traspaso el mando a Morazán, quien como Comandante en jefe de aquella tropa, iba a dirigir la batalla inmortal.

El plan de maniobra que esbozo fue el siguiente:

09:00 horas del 11 de noviembre.
El Cnel. Ramón Pacheco , con un destacamento defiende la avenida de aproximación que conduce de Ojojona hacia el Valle de la Trinidad, hasta que las otras fuerzas entren en contacto con el enemigo.
El Cnel. Remigio Díaz, con un destacamento de 150 hombres se mueve hacia el noreste siguiendo el curso de la quebrada “Sicatacaro” aguas arriba hasta converger con el sendero que conduce de Ojojona al Valle de la Trinidad y atacaron la retaguardia del enemigo. El general Morazán y el Coronel Román Valladares, al mando de otro destacamento de la misma fuerza, se trasladan hacia la estribación del cerro hoy conocido como Caranguije, para atacar el flanco derecho del enemigo.

Medidas de Coordinación:

A: El destacamento del Coronel Remigio Díaz, atacara por la retaguardia enemiga al oír los disparos en el frente cubierto por el Cnel. Pacheco.
B: El general Morazán y el Cnel. Román Valladares, atacan agresivamente por el flanco derecho, cuando el Cnel. Remigio Díaz entra en contacto con el enemigo.

A las 15:00 horas de aquel memorable 11 de noviembre, el enemigo había sido derrotado totalmente.
El gran capitán de nuestra historia, dice en sus memorias que la vanguardia sola, consiguió el triunfo en el que se distinguieron los coroneles Pacheco, Valladares y Díaz. El Coronel José María Gutiérrez Osejo y el capitán Ferrera comandaban la retaguardia y no les fue posible entrar en acción (lo que indica que solo combatieron los elementos de primera línea y no fue aplicada la reserva). Dice el gran benemérito, que “ en los campos de la Trinidad fue el lugar donde se pudo acreditar a los catrachos que era llegada la hora de romper sus cadenas”.

Justo Milla fue completamente derrotado, dejando abandonados en el campo de batalla equipo y baúles conteniendo correspondencia oficial.
El plan táctico no cumplió como había sido concebido, logrando un objetivo que era la destrucción de la fuerza enemiga, con lo cual se logro a la vez el respeto del Estado y la victoria de los patriotas en contra de la tiranía.

EL GENIO MORAZÁNICO

MORAZÁN: PATRIOTA Y ESTADISTA

La vida de Francisco Morazán fue signada por el sacrificio. Fue uno de esos hombres singulares, forjado en el yunque de un civismo sin maculas, paradigma de virtudes ciudadanas. Joven, muy joven quien saltó a la palestra de la política, no para medrar a la sombra de ella sino para sacudir el alma aletargada de los pueblos Centroamericanos; para combatir los vicios de la colonia y guiarlos por los caminos del progreso, la libertad y la justicia. En medio de la densa oscuridad de Centroamérica fue un sol de inmarcesibles brillos. Superior a su época y aun de la época actual.

En la mejor biografía que se ha escrito sobre el héroe de Gualcho y la Trinidad, su autor, José Ángel Zúñiga Huete, estampo estos certeros conceptos: “El héroe contemporáneo ha dejado de ser una deidad. No es ni un santo ni un personaje envuelto en un ropaje de leyenda, ni un súper–hombre al estilo de Niestzche. Es un hombre extraordinario por el hecho de que sobresale del nivel común, para ser un representativo de su época, de una jerarquía ideológica o de una aspiración por el bienestar colectivo. Es el portador o el arquitecto de una misión de cultura y de superación del conglomerado humano; el portaestandarte y el heraldo de un mensaje de avance para el futuro, y a la vez, conductor y maestro de pensamiento y energía. Esos espíritus selectos, nuevos Prometeos que vienen del infinito con el fuego y las luces robadas a los dioses o arrancados a lo desconocido, colocan los hitos que señalan el camino y la marcha del progreso humano.

 

Morazán fue un revolucionario en el sentido cabal de la palabra. Su espada de acero toledano rompió las tinieblas medioevales, combatiendo al conservatismo ultramontano y al fanatismo clerical, que nunca se dieron por vencidos y que al fin terminarían con su vida un aciago 15 de septiembre de 1842, en San José de Casta Rica. Precisamente este 3 de octubre se cumplen

165 años de una caída frente a un pelotón de fusilamiento. Morazán fue un cruzado de la democracia. Por su vigencia y fortalecimiento lucho con denuedo, despreciando con olímpica altivez a quienes le ofrecieron el centro de la dictadura. Por voluntad de los pueblos centroamericanos gobernó por dos periodos constitucionales. No obstante que gobernó repartiendo mandobles a una cimarrona oligarquía de sangre azul, emitió leyes avanzadas que tocaron los intereses de unos pocos, pero que favorecieron los de las grandes mayorías. Fue un estadista, preocupado por el destino de nuestros pueblos. A 165 años de su muerte, el ideal Morazánico se mantiene vivo. Los detractores del héroe –que todavía existen– no han podido ni podrán opacar su figura gallarda y generosa.

 

Quizá sin proponérselo, movidos más por las circunstancias que acucian al mundo de hoy, el legado de Morazán se mantiene con vida. La geopolítica señala a los pueblos centroamericanos el cambio de la unidad y la integración. Se ha empezado por el aspecto económico. Se esta impulsando el Sistema de Integración Centro Americana (SICA) que posibilite a nuestros pueblos competir con otros mercados; se habla de aranceles unificados y de un comercio libre entre nuestras naciones. Funciona el Banco Centro Centroamericano de Integración Económica y la Secretaria de

Integración económica (SIECA). En lo político se mantiene vigente la Organización de Estado Americanos (OEA) y el Parlamento Centroamericano. Quizá algún día las futuras generaciones vean hechos realidad los sueños de Morazán, con la República Federal de Centroamérica. Ese fue su ideal; por él lucho y murió entre la incomprensión de su época.

 

La recia personalidad de Morazán, lejos de desvanecerse, se agiganta a través del tiempo y del espacio. En la fecha de su nacimiento, hacemos nuestros los versos de Neruda: “Alta es la Noche y Morazán Vigila”

 

MORAZÁN EL GRAN REFORMADOR

Como sucede con todos los hombres representativos en la historia del mundo, Francisco Morazán ha sido motivo de inspiración, por su vida ejemplar y por su obra trascendental, no solo para historiadores sino para poetas, ensayistas, oradores y dramaturgos. Citando a vía de ejemplo la musa del eminente escritor colombiano José María Vargas Vila, cuando exclamo: “hay glorias que no se eclipsan y hay que sufrir su tremendo resplandor. El sol es el encanto de las águilas y el martirio de los búhos. Así pasa con el resplandor de ciertos nombres en la historia, Morazán es uno de ellos”. El caudillo de la unidad de Centroamérica, nació en Tegucigalpa, el 3 de octubre de 1792, y muerto frente al pelotón de fusileros en San José Costa Rica, el 15 de septiembre de 1842, tuvo una frase profética cuando minutos antes de su sacrificio dijo “La posteridad nos hará justicia”. Y la posteridad le hizo justicia. Morazán entro en la historia con el legitimo titulo de reformador, cuya obra revolucionaria supo realizar, mediante una admirable combinación de estadista y militar “Declaro – dice Chávez Orozco– por primera vez en la historia de la historia que el movimiento liberal, que lo que en México llamamos reformar, por su inspiración estuvo determinado por la orientación que adopto la política de Francisco Morazán. En otros términos que a Morazán no solo hay que verlo como al líder de la pequeña burguesía progresista centroamericana, sino como al inspirador del movimiento pequeño burgués, que sacudió a México al concluir el primer tercio o siglo XIX este dato que yo quiero dejar indeleblemente consignado, como valido científicamente dentro de una interpretación de la historia de México, estimo que hay que hacerlo valer también para apreciar mejor el alcance y el valor de la personalidad de Morazán.Analiza así, el notable historiador mexicano, la proyección de las conquistas sociales y políticas que realizo en Centro América el General Morazán sobre la Reforma en la nación azteca: “Cuando en México, el sudamericano Vicente Rocafuerte vivía oculto por haberse atrevido a publicar un folleto en que tímidamente sostenía la tesis de la tolerancia religiosa, en Centro América se decretaba en mayo de 1832.

 

Cuando uno de los capítulos más importantes de la Memoria del Secretario de Justicia y Negocios Eclesiásticos de México lo constituía el tema de la recaudación de los diezmos en Centroamérica se decretaba la abolición de este tributo. Cuando en Centroamérica se decretaba la desamortización de los bienes de comunidades religiosas el 28 de julio de 1829, en México estaba a punto de escalar el poder la administración que mayores concesiones le hizo al clero. Cuando en México se confesaba el gobierno incapaz de reformar la educación superior y se entregaba en manos de particulares la elemental, en Centro América se dictaban los decretos de 9 de junio de 1830 y del 1 de marzo de 1832” Sobre esto dos trascendentales decretos que le han merecido a Morazán el justo titulo de haber sido uno de los primeros reformadores de la educación en el continente, el profesor Chávez Orozco dice: “Ahora bien, ambas disposiciones, pero sobre todo la segunda, significan dentro del movimiento cultural de la América Latina, la primera formula legislativa para estructurar la educación popular en un sentido francamente democrático”. Y, algo más: “el espíritu de esta ley, comparable con la que reformo la educación nacional francesa, inspirada por Condorcet y aprobada en abril de 1792 por la asamblea legislativa, fue para México el apoyo ideológico gracias al cual los Gómez Farias y los Mora y los Goroztiza y los Rodríguez Puebla, se entregaron a la empresa de redactar la ley de octubre de 1834, creadora de la fecunda Dirección General de Instrucción Pública.

 

Hemos querido reproducir los párrafos anteriores porque en los mismos esta el Morazán que menos se conoce en Honduras. se recuerdan sus batallas: La Trinidad, San Pedro Perulapan, Gualcho, etc. se recuerdan sus palabras antes de morir. Se recuerdan muchos aspectos de la vida del Prócer. Pero muy poco se recuerda su labor como estadista, su acción revolucionaria y reformista que lo sitúa al lado de los mas grandes reformadores que en el mundo han sido. Nació un día como hoy: El 3 de octubre. En el año, por esa razón histórica de 1792.

 

MORAZÁN Y LA EDUCACIÓN

Al prestar el juramento como Presidente de Centroamérica, Morazán volvió a definir claramente los fines políticos de la educación, al expresar al Congreso que “La Instrucción pública que proporciona las luces, destruye los errores y prepara el triunfo de la razón y de la libertad, nada omitiré para que se propague bajo los principios que la ley establezca”. Por desgracia, hasta ahora mucha parte de la juventud se ve entregada en mano de la ignorancia y la superstición.

 

SOBRE LA RELACIÓN ENTRE LA JUVENTUD Y LA EDUCACIÓN

MORAZÁN EXPRESABA QUE:

“La educación de la juventud, de esa porción escogida para regir en algún día los destinos de la República, ha merecido muy particularmente la atención del gobierno. Un pueblo que, rompiendo las cadenas de la esclavitud, se arroja, digámoslo así, de repente en el camino de la libertad, no puede marchar sin tropiezos por él, sino buscando en la educación el cultivo de su inteligencia e instruyéndose en el cumplimiento de sus deberes. No hablo aquí de la educación culta y esmerada que exige grandes establecimientos literarios, y se acomoda tan bien a toda clase de gobierno; hablo de la sencilla educación popular que, sin tener por objeto las ciencias exactas, que han dado celebridad a muchos hombres, es el alma de las naciones libres. Humilde en sus deseos y simple en sus aspiraciones, la juventud se contenta con saber leer, escribir, y contar. Algunas naciones de moral y de política y unos pocos conocimientos en otras materias, que faciliten el de las artes y oficios, son todo lo que necesita un pueblo para su dicha y libertad, y esta es la clase de instrucción que el Gobierno procura a los habitantes del Distrito con el mejor éxito”.

 

¿POR QUÉ MORAZÁN EN EL PERÚ?

Las relaciones diplomáticas del Perú, con Centroamérica, nacen a los pocos años de la gesta emancipadora y se afianza en ideales comunes con la convocatoria del Congreso de Panamá, de 1826, por el Libertador Simón Bolívar, conjuntamente con el gran ideólogo y político peruano, José Faustino Sánchez Carrión, Tribuno de la República, que ejercía el cargo de Secretario General de Estado. En los dos momentos, en el de San Martín y en el de Bolívar, el Perú alentó decididamente una política de franco americanismo y de unidad moral del continente y, desde la inclinación de la república sus mayores esfuerzas han estado dirigidos a conseguir el sincero y leal entendimiento entre los pueblos de América Latina, por considerar que la solidaridad continental es el único escudo para defender la autonomía y la paz en la región. Por tanto, no por casualidad, llegó Morazán, a tierras peruanas. En abril de 1840, a bordo de la Goleta “Izalco”, partió Morazán, rumbo al Sur. Recién en agosto de 1841, emprende viaje hacia el Perú. Las vinculaciones del General Morazán con el Perú ofrecen una gama de razones para la decisión de su viaje a la Lima. Para los historiadores Montúfar de Guatemala y Martínez López de Honduras, estando el General Morazán en su retiro en David, recibió del Mariscal Agustín Gamarra, héroe de la independencia del Perú –Mariscal de Ayacucho– y a la sazón Jefe de Estado, varios ofrecimientos, entre otros, el que asumiera el mando de cinco mil hombres que estaban para marchar hacia la frontera con la República de Bolivia, pero el héroe, según los referidos historiadores, declino tales ofrecimientos, dando sus más cumplidas gracias al Mariscal y expresándole que sus deseos más fervientes, eran regresar a su patria; la declinación de la oferta no fue por falta de valor, pues su vida estaba pendiente de la triste situación de Centroamérica.

 

El Doctor Enrique D. Tovar en su obra “Morazán en la Historia del Perú” refiere “en la capital del Perú, vinculose el General Morazán con gentes de valía. Hizose amigo del General José Echenique, más tarde Presidente de la República y hombre de grandes influencias en el mundo político. Varias

familias distinguidas abrieronle sus salones y recibió, en fin, múltiples pruebas de hospitalidad y afecto. Encontró en Lima también al General Pedro Bermúdez, el cual introdujo en el círculo de sus amistades, le significo su simpatía frente a la campaña contra el Carrerismo y tanto que posiblemente fue en esa oportunidad, cuando facilito aquellos dieciocho mil pesos que con sus réditos, declaro Morazán en la primera cláusula de su testamento, adeudar al General peruano. En la historia de Perú se registra con frases de vivo reconocimiento el nombre de un hijo insigne de Honduras, lo que dice de una fusión espiritual entre la nobilísima tierra de Lempira y la no menos noble de los hijos del sol, del Imperio de los Incas.

 

AL DESEMBARCAR EN COSTA RICA PROVENIENTE DEL PERÚ

MORAZÁN LANZA LA PROCLAMA SIGUIENTE:

“¡Costarricenses!: Han llegado a mi destierro vuestras súplicas, y vengo a acreditaros que no soy indiferente a la desgracias que experimentáis. Vuestros clamores han herido por largo tiempo mis oídos, y encontrado al fin los medios de salvaros, aunque sea a costa de mi propia vida. ¡Compatriotas!: El día de la libertad ha llegado; venid a recibir de mis manos este grandioso presente, de estas manos que han sido mutiladas tantas veces por defenderlo: venid a saludar la bandera de los libres, que vuelve a flamear de nuevo sobre el suelo costarricense, después de tantos años de esclavitud y opresión: venid a colocaros en derredor de este hermoso emblema de vuestra regeneración política, al lado de tantos compatriotas vuestros, dispuestos a satisfacerse en defensa de vuestros derechos: venid a tomar las armas y municiones que abundan en nuestro campo y marchemos en seguida contra el tirano, porque todo el tiempo que éste abuse de la libertad del pueblo, será de oprobio, de sangre y de luto para vosotros. Bajo la égida de la ley, de esta ley que vosotros mismos habéis dictado y que hoy yace escarnecida y hollada por el tirano que os oprime, estarán en adelante vuestras vidas, vuestras personas y las de vuestras caras esposas y tiernos hijos, y el encargado de ejecutarla, será desde hoy elegido por vosotros,porque vosotros sois el soberano”.

 

ESTE ERA EL ORGULLO PATRIÓTICO DE MORAZÁN

Encontrabase el Teniente General Morazán en la presidencia de Centroamérica con asiento en Guatemala, cuando se presento a su despacho el representante de la Corona Inglesa en el Istmo, Federico Chaterfierld quien al momento le planteo el problema sobre la fuga de algunos esclavos de Belice hacia Guatemala.

Le ruego –enfatizo el diplomático– solventar ese problema que tanto malestar le esta causando a mi país.

“Ya me lo imagino contesto Morazán. Gracias a la intervención del honorable diputado salvadoreño Juan José Cañas, todo esclavo, venga de donde venga, al llegar a Centro América dejara de serlo”

- La corona de mi país firmo un acuerdo con las máximas autoridades españolas relacionadas con el tráfico de esclavos en estas provincias.

“ya no son provincias Abogado –contesto Morazán– y los españoles ya se fueron. Si tienen algo con ellos, reclámenlo en España.

DIRECCION DE HISTORIA MILITAR

 

Manifiesto De David

AL PUEBLO DE CENTRO AMÉRICA

Cuando los traidores a la patria ejercen los primeros destinos, el Gobierno es opresor.
Montesquieu.

 

Hombres que habéis abusado de los derechos más sagrados del pueblo por su sórdido y mezquino interés! Con vosotros hablo, enemigos de la independencia y de la libertad. Si vuestros hechos, para procuraros una patria, pueden sufrir un paralelo con los de aquellos centroamericanos que perseguís o habéis expatriado, yo a su nombre os provoco a presentarlos. Ese mismo pueblo que habéis humillado, insultado, envilecido y traicionado tantas veces, que os hace hoy los árbitros de sus destinos y nos proscribe por vuestros consejos, ese pueblo será nuestro juez.

Si la lucha que os propongo es desigual, todas las ventajas de ella están de vuestra parte.

Tenéis en vuestro apoyo: 

Que os halláis colocados en el poder, y que nosotros nos encontramos en la desgracia. 

Que podéis hacer uso de vuestra autoridad para procurarnos acusadores, que nosotros no encontramos tal vez ni un testigo. 

Que os habéis constituido en nuestros jueces, y declarado que somos vuestros reos. 

Que nuestra voluntaria retirada de los negocios públicos, con un objeto más noble que el que ha podido caber en vuestros corazones, la habéis interpretado como fuga. 

Que a nosotros, que no os atrevisteis nunca a vernos cara a cara, nos insultáis atrozmente en vuestra imprenta; y añadiendo el escarnio a la venganza, habéis tomado la mano misma que os ha envilecido para trazar los caracteres de un nombre funesto que no podemos pronunciar sin oprobio, y nuestra expatriación se ha decretado[1]

Y en fin, para complemento de vuestro triunfo, todas las apariencias acreditan que el pueblo que nos va a juzgar os pertenece. Pero no importa. Nosotros tenemos la justicia. Vamos a los hechos. 

Cuando vosotros disfrutabais de una patria, no podíamos nosotros pronunciar este dulce nombre. Recordadlo. Vosotros habéis gozado muchos años de los bienes de esa patria que buscáis en vano. ¿Encontraréis en la República de Centro-América algunas señales de ella? No. Aunque le dais hoy este nombre, más extranjeros sois por vuestros propios hechos en el pueblo que os vio nacer, que nosotros en Méjico, en el Perú y en la Nueva Granada. Por la identidad de nuestros principios,  con los que sirven de base a los gobiernos de estas Repúblicas, nosotros hemos hallado en ellas simpatías que vosotros no encontraréis en el propio suelo de vuestros padres (que ya no os pertenece) desde el momento mismo que se descubran vuestros engaños. Pero si aun queréis buscar vuestra patria, la hallaréis sin duda por las señales que voy a daros. Oíd y juzgad. 

En vuestra patria cometías culpas que se olvidaban por unas tantas monedas, y a nosotros se nos exponía a la vergüenza pública.  

En vuestra patria perpetrabais los más atroces delitos, a los que se les daba el nombre de debilidades para  dejarlos sin castigo, y nosotros sufríamos la nota de infames hasta nuestra quinta generación. 

En vuestra patria ejecutabais los crímenes que siempre se quedaban impunes, porque vosotros mismos erais los jueces, y nosotros perdíamos la salud y la vida en los cadalsos. 

En vuestra patria ostentabais los honrosos títulos de tiranos, y nosotros representábamos el humillante papel de esclavos. 

Esn vuestra patria tenías la gloria tenías la gloria de apedillaros los opresores del pueblo, y gemíamos nosotros bajo la opresión. 

Y cuando en vuestra patria, ensanchando la escala de los opresores, defendíais hasta los infames oficios de carceleros y de verdugos, a nosotros se nos exigían los reos y las víctimas. 

Y para que nada faltase a vuestra dicha y a nuestra desgracia, así en la tierra como en el cielo, ¡Hasta los santos sacabais de vuestras propias familias!, y los malvados, a vuestro juicio, sólo se encontraban en las nuestras. 

Vosotros oíais, continuamente en sus revelaciones, la felicidad que os aguardaba, en tanto que a nosotros sólo se nos anunciaban desgracias.

 Vosotros dirigías con confianza vuestras súplicas al pie de los altares, porque hacíais propicios a sus sacerdotes con las riquezas que exigíais al pueblo, en tanto que éste temía elevar sus plegarias,  por no poder acompañarlas con ofrendas…. 

 Y por último, para llenar la medida de vuestro poder y nuestro infortunio, aun más allá de la tumba, en tanto que las almas de nuestros padres vagaban sin consuelo en derredor nuestro, para demandarnos los medios de lograr su eterno descanso, vosotros comprabais el

Cielo que no habías merecido, con los tesoros que os proporcionaban las leyes de un infame monopolio.

 He aquí vuestra patria. Recordadla. Pero si aun insistiereis en disputarnos la que por tantos títulos nos pertenece, exhibid vuestras pruebas, que nosotros daremos las nuestras;  y si resultase un solo hecho en vuestro favor contra mil que presentemos nosotros, consentiremos, gustosamente en ser a los ojos del mundo lo que hoy somos a los vuestros.

 No es vuestra patria. Porque en 1812, que por la primera vez se ventilaron los derechos de americanos,  vosotros hacías de injustos jueces, de viles denunciantes y de falsos testigos contra los amigos de la independencia del Gobierno absoluto. 

Es nuestra patria. Porque en la misma época nosotros nos la procurábamos difundiendo ideas de libertad y de independencia en el pueblo, sin que vuestras amenazas nos arredrasen ni nos intimidase la muerte, ya sea que se nos presentase en la copa de Sócrates, que la encontrásemos al cabo del dogal que quitó la vida al Empecinado o que se pronunciase en vuestros inicuos tribunales. 

No es vuestra patria. Porque cuando triunfaron las ideas de libertad en la metrópoli, cuando los patriotas españoles quitaron algunos eslabones a la pesada cadena de nuestra esclavitud, revelándonos de este modo lo que éramos y lo que podíamos ser, vosotros conspirasteis contra el Gobierno Constitucional que se estableciera en toda la monarquía como enemigos de las luces, cooperasteis con aquellos que pretendieron, entonces, independizarse del Gobierno de las cortes y trasladar a la América el Gobierno absoluto de los Borbones.

 Es nuestra patria: Porque en el mismo tiempo hacíamos resonar el grito de independencia en todo el Reino de Guatemala. Todo aquel que tenía un corazón americano se sintió, entonces, electrizado con el sagrado fuego de la libertad. Por una disposición de la Providencia, los amigos del Gobierno absoluto de los Borbones.

 Es nuestra patria: Porque en el mismo tiempo hacíamos resonar el grito de independencia en todo el Reino de Guatemala. Todo aquel que tenía un corazón americano se sintió, entonces, electrizado con el sagrado fuego de la libertad. Por una disposición de la Providencia, los amigos del Gobierno absoluto de los Borbones,  enemigos de la independencia de España constitucional, se unieron con los independientes de ambos Gobiernos, y proclamaron la separación de la antigua metrópoli el 15 de septiembre de 1821. Y de este modo, vuestros nombres figurarán en la historia al lado de los Reyes Luis IX, Luis XI y otros muchos que trabajaron sin pensarlo, a favor de la democracia, sistema que hoy gobierna en la República de Centro América.

No es vuestra patria: Porque en 1821, acreditasteis con un hecho, que es a los ojos del mundo un grave crimen, vuestro tardío arrepentimiento por haber cometido otro crimen que no es menos grave a los vuestros.

Los remordimientos de vuestra conciencia por haber cooperado a la independencia de un pueblo indócil, que convirtió en su provecho lo que era destinado al vuestro, quisisteis aquietarlos sacrificando a un gran conspirador los derechos de este mismo pueblo:  y en lugar de un viejo monarca, nos distéis un nuevo usurpador:  en lugar de la tiranía de los Borbones, nos disteis el escándalo  de  un emperador de farsa, más opresor porque está más inepto, y su opresión mil veces más sensible,  porque lo ejercía sin títulos, sin tino, con sus iguales y por la vez primera. Es nuestra patria: Porque cuando vosotros, al lado del General mejicano don Vicente Filísola, hicisteis los mayores esfuerzo por conservar la dominación del Emperador Iturbide en los pueblos que había subyugado por la intriga, aunque sin éxito, nosotros procuramos evitarla. Cuando muchos de vosotros, a la retaguardia de aquel General, eráis testigos de los últimos esfuerzos del heroico pueblo salvadoreño, que mal defendido y cobardemente abandonado por su jefe en el momento mismo del peligro[2] sucumbió noblemente,  y con más gloria que la que pudo caber a sus vencedores;  nosotros por este mismo tiempo,  en el propio teatro de la guerra, en Guatemala, Honduras y Nicaragua, corríamos la suerte de los vencidos, por la identidad de nuestras opiniones.

El pueblo salvadoreño, sin armas y abandonado a su propia suerte, hizo impotente la negra intriga que se formara en su seno con innobles miras. [3] Defendió por largo tiempo la más hermosa de todas las causas, adquiriendo por digna recompensa de sus grandes hechos, la inmarcesible de dar al mundo el grandioso espectáculo de un pueblo libre que se regenera, obteniendo, en sus propias derrotas, la reivindicación de los mismos derechos que se la ocasionaron;  en tanto que sus injustos agresores pierden todas las ventajas que les diera su malhadado triunfo.

Por un distinguido favor de la Providencia, los últimos cañonazos que quitaron la vida a los mejores hijos de El Salvador y completaron  en el Reino de Guatemala la dominación de Iturbide, eran contestados por los que se disparaban  en México, para celebrar la completa destrucción de un Imperio que sólo apareció al mundo para oprobio de sus autores.  Y por justo resultado de estos hechos, del Reino de Guatemala, libre del dominio del Emperador Iturbide, en donde habías creado vuestra nueva patria, se formó la nuestra,  bajo un sistema democrático,    con el nombre de República Federal de Centro América.

Si ya que no podéis negar estos hechos, que todo el pueblo ha presenciado, pretendiereis, en vuestro despecho, arrojar de nuevo vuestra acusación favorita, a saber: Que muchos de nosotros nos hemos enriquecido defendiendo la independencia y la libertad, -no pretendo dejaros ni este miserable recurso.

Tal como es para mí de falsa e insultante la proposición, yo la levanto del suelo, en donde la ha colocado el desprecio público, con la fundada esperanza de tirárosla a la cara con doble fuerza.  Si se puede llamar riqueza la que obtuvieron algunos de vuestros jefes militares en el sitio de Mejicanos,  por medio de un mezquino monopolio –estamos todos de acuerdo. Pero si los bienes de los regulares componen la única riqueza que se ha podido encontrar en Centro América, levante la mano el más atrevido de vosotros, y clave en nuestra frente la nota de infame a los que la hubiéramos merecido por este hecho u otro semejante.

Volvamos al asunto. Después de la caída de Iturbide ¿cuál ha sido la conducta que habéis observado?  Yo os la recordaré.

Vuestra debilidad os hizo firmar la Constitución Federal de 1824, y combatirla vuestra perfidia en  1826,  27 y 28.

Con este interés disteis vuestros sufragios de Presidente al señor Arce; y este mismo interés os hizo despojarlos, cuando ya había llenado, en parte, vuestras miras, porque le fuera adversa la suerte en el momento mismo de exterminar a vuestros enemigos.

Vuestra razón de Estado llevó por segunda vez la guerra a muerte a los pueblos de El Salvador, que perpetuaron vuestros jefes  por interés.

Vuestra venganza iluminó por mucho tiempo las oscuras noches de estío con el incendio de poblaciones indefensas, para que la rapaz y mezquina codicia de vuestros militares, que se ejercitaba a media noche, encontrarse alumbrado el camino por donde se condujeran a vuestro campo los miserables despojos que habían librado de las llamas…

Esta devastación, esta mina, que sólo se habría terminado con la dominación a que aspirabais, y que se os escapara de las manos por la imbecilidad y cobardía de vuestros guerreros, desapareció con los triunfos de Gualcho, Mejicanos y Guatemala, y los liberales vencedores acreditaron con la completa reorganización de la República que eran dignos de regir los destinos de un pueblo libre.

Vuestra venganza, jamás satisfecha, y vuestros deseos de dominar, nunca extinguidos, trajeron otra vez la guerra a la República para dar un nuevo testimonio al mundo de vuestras miras, y a los centroamericanos una prueba de todo lo que debiera esperar y temer de sus enemigos.

El Coronel Domínguez, que defendiera vuestra causa con tanto empeño en 1828, invadió los puertos del norte en 1831, se introdujo con fuerzas en el Estado de Honduras, para presenciar sus derrotas, y encontró por último la muerte en la ciudad de Comayagua.

El ex Presidente Arce, que apareció en el mismo tiempo por Escuintla de Soconusco con tropas mexicanas que habían destruido la Independencia nacional, fue completamente batido por el valiente  General N. Raoul. No pudiendo aquel desgraciado Jefe imitar a Moreau, que murió  combatiendo contra su país natal con un valor que atenuara su crimen; ni a Coriolano, que obligado a retirarse de las puertas de Roma por las súplicas de la que lo llevara en su vientre, acreditó que no le faltaban virtudes, siguió el ejemplo de tantos griegos que se unieron con los enemigos de su patria para combatirla, y sufrió, como ellos,  el digno castigo en su propia derrota y en las dobles maldiciones de los mercenarios extranjeros vencidos y de sus conciudadanos vencedores.

Esta injusta guerra se terminó con la ocupación del castillo de S. Fernando de Omoa, en donde el malvado Ramón Guzmán, que sirviera en vuestras filas como soldado en 1828, enarboló la bandera española. Después de una lucha obstinada de 5 meses, que diezmara nuestro ejército, y de la epidemia que lo quitara, fue abatida esa señal oprobiosa de nuestra antigua esclavitud por el valiente y sufrido Gral. Agustín Guzmán, que hizo rendir la fortaleza. Y para dar al mundo un testimonio de los extremos opuestos a que pueden conducir vuestras opiniones y las nuestras en el mismo campo en donde está colocada la cabeza de un traidor, hijo de la República, y de vuestro partido, que elevara sobre las murallas del castillo el símbolo de nuestra opresión, existen los sepulcros de mil centroamericanos, del nuestro que lo despedazaran.

No pretendo asegurar que todos vosotros hayáis aplaudido aquel crimen; si puede adivinarse que hubiesen algunos de vosotros que lo vieran con indignación, permítaseme preguntar a los demás; ¿tiene alguna analogía con la rendición de la plaza de San Salvador  en 1823?  ¿Si Fernando VII y la bandera española tienen algo de común con la del Imperio mexicano y Agustín I? ¿Si las garras de la joven Aguila que se ven pintadas en ésta, oprimen o hieren con más fuerza que las del viejo León hispano que se mira en las armas de aquellas que dominaran la América por tres siglos?

Esta guerra, tan fecunda en hechos que ilustraron las armas del Gobierno Nacional, que no fue menos abundante en sucesos que justificaron más y más la causa de los liberales vencedores, arrojó sin embargo elementos funestos de discordia. A éstos se unió el descontento, que naturalmente debió producir una Administración de diez años, continuamente contrariada por los hábitos que dejara el Gobierno absoluto, cuyos resortes tocasteis con oportunidad para preparar la revolución de 1840.

Vosotros, apoyados en el fanatismo religioso, destruisteis en el Estado de Guatemala las obras que los demócratas consagraron a la libertad, en tanto que los bárbaros las hollaron con su inmunda planta.

La profesión de los derechos del pueblo –la ley de la libertad de imprenta- la que suprimió las comunidades religiosas- la que creara la Academia de Ciencias, en que se enseñaban los principales ramos del saber humano, repuesta por vosotros con la antigua Universidad de San Carlos –la del hábeas corpus- los códigos de pruebas, de procedimientos y de juicios, obra del inmortal Livingston, adoptadas con el mejor éxito, y tantas otras, fueron al momento derogadas por vosotros y el vacío que dejaron estos monumentos del patriotismo lo llenasteis con nombres odiosos, que recordarán al pueblo su antigua esclavitud y sus tiranos.

En los Estados de Nicaragua y Honduras, los justos deseos de reformas, no satisfechos con las que hiciera el Congreso en 1831 y 1835, fueron de nuevo excitados por dos folletos que escribió el ex-Marqués de Aycinena. En ellos pretendía éste probar que no estábamos bien constituidos, porque los Estados, como en Norte América, no fueron antes que la Nación, y porque la Constitución Federal es más central que la de aquella República.

Proposiciones en su origen insidiosas, risibles en su aplicación y que han merecido el deprecio de los hombres sensatos.

Pretender que las Constituciones de nuestros Estados debieran existir antes que la general, es pedir un imposible, porque los españoles, que nunca fueron ni tan ilustrados ni tan generosos como los ingleses con sus colonos, no nos permitieron otra ley que la voluntad del soberano.

Asegurar que por esta falta no estamos bien constituidos y somos desgraciados, es ignorar las causas que han contribuido a la felicidad de aquel pueblo afortunado.

Afirmar que la Constitución Federal de Centro América es más central que la de los Estados Unidos del Norte, es un insulto que no podrá sufrir con paciencia el que haya hecho una comparación de las leyes.

En fin, atreverse a asegurar ante el público tantas falsedades juntas, es abusar demasiado de su sencillez y buena fe, y del silencio que han observado los centroamericanos ilustrados que conocen que ni los norteamericanos pudieron hacer su felicidad copiando las Constituciones democráticas que habían servido a otros pueblos, ni el de Centro América, en su actual estado, hará la suya adoptando la Ley Fundamental de aquella República si no puede trasplantar al mismo tiempo el espíritu que le da la vida.

Pero  Aycinena sólo ha tenido por mira, al propagar estas doctrinas, producir una revolución, -¡Ojalá sea más afortunado en esta vez que lo fuera con su familia en la del Imperio mexicano, que defendieron con tanto ardor!

Si el Duque de Orleans encontró en la guillotina el castigo de haber anarquizado al pueblo francés, aparentando para subir al trono ideas liberales que no profesara,  descendiendo de lo grande a lo pequeño, debe tener igual suerte Aycinena, que usa de los mismos medios para recobrar sus honores.

Ni el oro del Guaya, ni las perlas del Golfo de Nicoya, volverán a adornar la corona del Marqués de Aycinena;  ni el pueblo centroamericano verá más esta seña oprobiosa de su antigua esclavitud;  pero si alguna vez brillase en su frente este símbolo de la aristocracia, será el blanco de los tiros del soldado republicano.

Y para que nada faltase de ignominia y funesto a la revolución que habéis últimamente promovido, apareció en la escena el salvaje Carrera, llevando  en su pecho las insignias del fanatismo, en sus labios  la destrucción de los principios liberales y en sus manos el puñal que asesinara a todos aquellos que no habían sido abortados, como él, de las cavernas de Mataquescuintla. Este monstruo debió desaparecer con el cólera  morbus asiático que lo produjo. Al lado de un fraile y de un clérigo se presentó  por la primera vez revolucionando los pueblos contra el Gobierno de Guatemala, como envenenador  de los ríos que aquellos conjuraban, para evitar, decían,  el contagio de la peste. Y contra este mismo Gobierno, fue el apoyo de los que en su exasperación le dieron parte en la ocupación de la ciudad de Guatemala, Fue su peor enemigo cuando estos quisieron poner término a sus demasías y vandalismo, y su más encarnizado perseguidor y asesino cuando el salvaje se uniera con vosotros. 

Es necesario que no se ignore la conducta de este insigne malvado, que ha excedido con sus crímenes a todos los tiranos sin conocerlos. Su vida forma una cadena no interrumpida de delitos, acompañada de circunstancias horrendas.

El fusilamiento de varios jueces de circuito, en cuyo número se cuenta el ciudadano F. Zapata, que ejercía sus funciones en Jalpatagua, es de este número.

Como en todos los pueblos, lo primero que hizo Carrera fue incendiar en la plaza la ley que establecía el juicio por jurados, y los códigos que eran el espanto de los malvados, porque se habían sentenciado en pocos días, con arreglo a ellos reos de muchos años.

En seguida hizo colocar al juez Zapata en el lugar destinado al suplicio, a tiempo que pasaban de camino, para la ciudad de El Salvador, las señoritas Juana y Guadalupe Delgado. Juzgando sin duda, el malvado asesino, que todos tenían un corazón que se complaciera como el suyo con la muerte de la inocente víctima, las obligó a presenciar la ejecución, a pesar de sus súplicas y lágrimas para evitarla, y de sus esfuerzos para separarse de aquella escena de horror.

El rapto, entre tantos raptos, de una joven doncella que vivía con sus padres en la hacienda de la Laguna de Atescatempa, fue acompañado de circunstancias que no deben ignorarse.

Carrera, que había visitado a esta honrada familia, y de ella recibió diversas insinuaciones de cariño, quiso retribuirlas con un crimen, como acostumbra.

Para ocultar el malvado su perfidia la que era el objeto de sus torpes deseos, recurrió a otro crimen, que pudo producir peores consecuencias por el gran compromiso en que puso a su Gobierno.

Hizo disfrazar a un oficial para que, a la cabeza de algunos soldados que debieran suponerse salvadoreños, y por consiguiente enemigos, ocupasen en la noche la casa de la hacienda. A pretexto de los dueños de ella hicieron servicios a Carrera, tenían orden de reducirlos a prisión y conducir a la joven hacia el Estado de El Salvador. El bandido, con un considerable número de soldados, debía encontrarse con ellos en el camino, y éstos contestar al ¿quién vive? El Salvador libre. A esta palabra de guerra se convinieron hacerse, mutuamente, fuego las dos fuerzas. Sin usar de las balas, dispersarse los fingidos salvadoreños en seguida y dejar en sus manos la causa inocente de tanta maldad para exigirle su deshonra en premio de haberla salvado.

Todo se habría ejecutado a satisfacción de Carrera, si la Divina Providencia no hubiera destinado, en justo castigo, una bala que se introdujera en el pecho cuando se batían, en apariencia las dos partidas. Esta bala, en concepto de algunos, se puso por casualidad en el fusil;  pero otros creen haber sido dirigida por la venganza del oficial que había sido, en otro tiempo, maltratado por Carrera;  lo cierto es que se le condujo preso a Guatemala, con los soldados que le acompañaban para cumplir las órdenes de su General.

La gravedad de la herida, que lo obligara a sacramentarse, no le hizo olvidar el único trofeo de su infernal campaña, que condujo por la fuerza a su cuartel general de Jutiapa. La joven tuvo el profundo sentimiento de que su criminal raptor sanase de la herida, y su desgraciada familia sufrió su deshonra sin quejarse.

La noticia de este hecho obligó a separase del Gobierno al Presidente del Estado de Guatemala, ciudadano Mariano Rivera Paz, para andar 27 leguas de mal camino, con el único fin de expresar al malvado el sentimiento que le causara ver derramar la sangre preciosa del caudillo adorado de los pueblos. Sangre que con estas mismas palabras, tuvo el descaro de reclamar al Gobierno del Estado de El Salvador, llevando adelante, para paliar el crimen cometido por Carrera, la infame trama que éste urdiera para ocultarlo.

La muerte del Diputado Cayetano Cerda, que lo obligara Carrera a cenar en su mesa en señal de amistad, y la mandara asesinar en seguida por el mismo centinela que lo guardaba.

La muerte que dio con su propia lanza a un elector de Cuajiniquilapa, que se negó a prestarle su voto.

El asesinato de todos los heridos del 19 de marzo en la plaza de Guatemala, ocupada a la bayoneta, evacuada después, rompiendo la línea enemiga, por falta de municiones y por no haber encontrado los auxilios que ofrecieron los liberales. Asesinato tanto más criminal, cuanto que se habían tratado con las debidas consideraciones  al oficial

 Montúfar [5] y 35 soldados que se tomaron prisioneros en la acción, y respetado al padre Obispo y Canónigos que se encontraron en la catedral, confundidos con los soldados enemigos que se batieron con los nuestros dentro del mismo edificio.

La muerte que dio a cuarenta de los más distinguidos ciudadanos de Quetzaltenango, en cuyo número se cuentan las autoridades municipales, después de haber rescatado a muchos de ellos la vida,  esposas y hermanas con grandes sumas de dinero que Carrera recibió, son los menores delitos que ha cometido este malvado.

A este monstruo estaba reservada la invención diabólica de acompañar con su propia guitarra los movimientos del Señor Lavangnini, a quien obligaba a danzar, y los últimos ayes de las cuarenta víctimas que asesinó el 2 de abril en la misma plaza de Quetzaltenango, para acostumbrar así los oídos del pueblo y prepararlo a nuevas matanzas.

A este monstruo estaba reservado el acto de mayor inmortalidad y perfidia, que ejecutó en la propia ciudad de Quetzaltenango. Habiendo prevenido al pueblo que se presentase en la plaza a una hora señalada, bajo la pena de muerte, cuando se encontraba ya reunido,  mandó saquear a su tropa toda la ciudad que contiene 25,000 habitantes.

A este monstruo estaba, también, reservado enterrar a los vivos, como lo ejecutó con un vecino respetable del pueblo de Salamá, porque le faltaban mil pesos en que había valorado su vida. A pesar de que su familia le presentó alhajas en doble valor, lo introdujo, sin embargo, en la sepultura que le había obligado a cavar, y lo cubrió de tierra hasta la garganta, dándole después grandes golpes en la cabeza, que le produjeron la muerte, lo abandonó a su inocente familia, que su desolación derramaba lágrimas sobre el cadáver, cargando en seguida el bandido con el vil precio de su infame asesinato…………………………

Pero ¿cuál es el delito que no ha podido perpetrar ese malvado? Existe uno ¡quien lo creyera!, que sólo estaba reservado a vosotros: ¡dar a Carrera, en precio de tanto crimen, el poder absoluto que hoy ejerce en el Estado de Guatemala por vuestros votos!!!

Que nuestros conciudadanos que han presenciado todos estos hechos, desde las prisiones de Belén en 1812, hasta las matanzas de Carrera en la ciudad de Quetzaltenango, en 1840, juzguen y decidan ahora si tenéis algún título para llamaros centroamericanos, y cuáles son los nuestros. Y si, como esperamos, la justicia decide en nuestro favor: si los pueblos patriotas de que se componen los Estados de Nicaragua, Honduras, El Salvador, Los Altos y parte de de Guatemala, han descubierto vuestras pérfidas miras, preparaos, no sólo a abandonar la República, sino a andar errantes, como los hijos de Judea, tras la patria de los tiranos, que buscaréis en vano. Si, en vano, porque la libertad que habéis combatido tantas veces derramando la sangre de sus mejores defensores, ha recobrado el imperio del orbe, que por un don del cielo ejercía en los  primeros tiempos. Los pueblos de ambos mundos profesaban ya su culto; los Gobiernos del nuevo son obra suya, y los del antiguo caen y se precipitan a su voz para no reaparecer más sobre la tierra.

David, 16 de julio de 1841

F. Morazán

Notas:

[1] En convenio que celebró últimamente Carrera con el Encargado del Gobierno del Estado de El Salvador se consignó un artículo expatriando a todos los que habían salido de la República, el que aparece firmado por Carrera sin saber leer ni escribir. Nota del General Francisco Morazán.

[2] El General Arce que mandaba a los salvadoreños los abandonó, por enfermo en los momentos que Filísola iba a atacar la plaza, su salud le permitió huir hasta la República de los Estados Unidos. Nota del General Francisco Morazán.  

[3] El General Arce quería entregar a Filísola la plaza de El Salvador, bajo la condición de continuar en el mando como Gobernador de la Provincia. El pueblo, excitado por los ciudadanos Juan Manuel Rodríguez, por el General Espinoza y Coronel  cerda, se opuso y fueron expatriados por Arce los dos últimos. Nota del Gral. Francisco Morazán

[4] Lobos, cura de Santa Rosa, y   Aqueche, de Mataquescuintla. Nota del Gral. Morazán.

[5] Manuel Montufar, sobrino  del autor de las Memorias de Jalapa. Nota del Doctor Montúfar.

 

TESTAMENTO

SAN JOSE DE COSTA RICA: 15 DE SEPTIEMBRE DE 1842. DIA DEL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA CUYA INTEGRIDAD HE PROCURADO MANTENER.

EN EL NOMBRE DEL AUTOR DEL UNIVERSO EN CUYA RELIGIÓN MUERO.

"Declaro: Que todos los intereses que poseía, míos y de mi esposa, los he gastado en dar un Gobierno de Leyes a Costa Rica, lo mismo que dieciocho mil pesos y sus réditos, que adeudo al señor General Pedro Bermúdez.

Declaro: Que no he merecido la muerte, porque no he cometido más falta que dar libertad a Costa Rica y procurar la paz a la República. Por consiguiente, mi muerte es un asesinato, tanto más agravante cuanto que no se me ha juzgado ni oído. Yo no he hecho más que cumplir los mandatos de la Asamblea, en consonancia con mis deseos de reorganizar la República.

Protesto que la reunión de soldados que hoy ocasiona mi muerte la he hecho únicamente para defender el departamento de El Guanacaste, perteneciente al Estado, amenazado, según las comunicaciones del Comandante de dicho departamento, por fuerzas del Estado de Nicaragua. Que si ha cabido en mis deseos el usar después de algunas de estas fuerzas para pacificar la República, solo era tomando de aquellos que voluntariamente quisieran marcha, porque jamás se emprende una obra semejante con hombres forzados.

Declaro: Que al asesinato se ha unido la falta de palabra que me dio el comisionado Espinach, de Cartago, de salvarme la vida.

Declaro: Que mi amor a Centroamérica muere conmigo. Excito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra.

Declaro: Que no tengo enemigos, ni el menor rencor llevo al sepulcro contra mis asesinos, que los perdono y deseo el mayor bien posible.

Muero con el sentimiento de haber causado algunos males a mi país, aunque con el justo deseo de procurarle su bien; y este sentimiento se aumenta, porque cuando había rectificado mis opiniones en política en la carrera de la revolución, y creía hacerle el bien que me había prometido para subsanar de este modo aquellas faltas, se me quita la vida injustamente.

El desorden con que escribo, por no habérseme dado más que tres horas de tiempo, me había hecho olvidar que tengo cuentas con la casa de Mr. M. Bennet, de resultas del corte de maderas en la costa del Norte, en las que considero alcanzar una cantidad de diez a doce mil pesos, que pertenecen a mi mujer, en retribución de las pérdidas que ha tenido en sus bienes pertenecientes a la hacienda de Jupuara, y tengo además otras deudas que no ignora el señor Cruz Lozano.

Quiero que este testamento se imprima en la parte que tiene relación con mi muerte y los negocios públicos.

Francisco Morazán.


Notas:

Al estampar su firma, se incorpora y vuelve a leer: "Declaro que mi amor a Centroamérica muere conmigo..."

"Quiero que mis cenizas descansen en el suelo de El Salvador, cuyo pueblo me fue tan adicto."

Fuente: Morazan, Laurel sin Ocaso Volumen II, por Miguel R. Ortega

Muerte

Tumba de Morazán en el Cementerio de Los Ilustres, San Salvador, El Salvador.

El 11 de septiembre de 1842 estalló en San José un movimiento popular contra el gobierno de Morazán. 400 hombres encabezados por el portugués Antonio Pinto Soares atacaron la guardia de Morazán compuesta por 40 salvadoreños. Ante estos hechos, Morazán y sus hombres logran repeler los ataques y se replegaron en el cuartel general. Desde allí le hicieron frente a los insurrectos que según el historiador Montúfar ascendian a mil hombres.

La lucha continuó encarnizada y tenaz. A medida que el conflicto era desfavorable a los sitiados el Capellán José Castro propuso una capitulación a Morazán garantizándole la vida, pero él se negó. Después de 88 horas de lucha, Morazán y sus colaboradores más cercanos decidieron romper el sitio. El general José Trinidad Cabañas con 30 hombres hizo posible la retirada de Morazán y sus oficiales cercanos hacia Cartago.

No obstante, la insurrección se había extendido hasta ese lugar y Morazán tuvo que solicitar ayuda de su supuesto amigo Pedro Mayorga, sin embargo, este le traicionó y le brindó facilidades a los enemigos de Morazán para capturarlo junto a los Generales Vicente Villaseñor, Saravia y otros oficiales.  El general Villaseñor quiso suicidarse con un puñal y resultó herido gravemente. Cayó al suelo bañado en sangre pero sobrevivió. El general Saravia murió luego de sufrir una terrible convulsión.

Posteriormente una "burla de juicio" se llevó a cabo, en la cual Morazán y Villaseñor fueron condenados a muerte por las auto constituidas nuevas autoridades. De acuerdo al historiador William Wells: "la junta que emitió esta bárbarica resolución estaba compuesto por ... Antonio Pinto (hecho comandante general en ese momento) el Padre Blanco, el infame doctor Castillo, y dos españoles de apellidos Benavidez y Farrufo".

Después de estos hechos, los condenados fueron trasladados al paredón de fusilamiento  localizado en la plaza central de la ciudad. Antes de llevarse a cabo el acto de ejecución, Morazan le dictó su testamento a su hijo Francisco. En éste, el General estipuló que su muerte era un "asesinato" y además declaró: "Que no tengo enemigos, ni el menor rencor llevo al sepulcro contra mis asesinos, que los perdono y deseo el mayor bien posible."  Posteriormente le ofrecieron una silla y la rechazó. Al General Villaseñor, quien se encontraba sentado e inconsciente y bajo sedantes, Morazán le dijo: “Querido amigo, la posteridad nos hará justicia” y se persignó.

Según relata el historiador Miguel Ortega, "Morazan pidió el mando de la escolta, y abriéndose la negra levita, y descubriéndose el pecho con ambas manos... y con voz inalterada como quien da órdenes en una parada militar, manda: -Preparen armas; apunten (corrige una punteria); fue... La ultima silaba es apagada por una descarga cerrada. Villaseñor que recibe el impacto de los plomos en la espalda, se va de bruces. Entre el humo de la polvora, se ve que Morazan alza levemente la cabeza y musita: -Aun estoy.. vivo". Una segunda descarga acabó con la vida del hombre al cual Jose Martí describió como "un genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista, quizás el único que haya producido la América Central." En 1848, el gobierno de José María Castro, envió los restos de Morazán a El Salvador, cumpliendo uno de sus últimos deseos.

 Legado

Francisco Morazán se convirtió en un mártir y un símbolo de la República de Centroamérica. Él dio su vida, aunque sin éxito, tratando de preservar la unión de estos países.

Su imagen se puede encontrar en billetes, logotipos, sellos postales, instituciones, ciudades, departamentos, escuelas y parques, entre otras cosas que preservan su legado. El Salvador fue uno de los primeros países para rendir tributo a Morazán. El 14 de marzo de 1887, la Asamblea Nacional de la República de El Salvador sustituyó el nombre del departamento de "Gotera" con "Morazán", "para perpetuar el nombre del gran líder de la Unión Centroamericana". En 1943, Honduras cambió el nombre del departamento de Tegucigalpa a Francisco Morazán. El 15 noviembre de 1887 la ciudad de Tocoy Tzimá se convirtió en "Morazán" en Guatemala, y en 1945, Puerto Morazán fue fundado en Nicaragua.

En el ámbito político la idea de la integración aún se conserva en la mente de muchos centroamericanos. Por ejemplo, el Parlamento Centroamericano, también conocido por la abreviatura "Parlacen" , es una institución política consagrada a la integración de los países de América Central. El Parlacen representa una versión moderna de la histórica República Federal de Centroamérica, aunque sin contar con Costa Rica, pero incluyendo a Panamá y a la República Dominicana. En el pasado varios intentos infructuosos se han hecho para restablecer la "Unión" (1851, 1886 , 1921).

El legado de Morazán está también presente en las artes. La primera obra de registro en El Salvador se titula "La Tragedia de Morazán", escrita por Francisco Díaz (1812-45). que es una dramatización de la vida del Presidente de América Central. Asimismo, en Honduras se escenificó la obra teatral de Luis Andrés Zúñiga Portillo llamada "Los Conspiradores" de 1916, el cual fue un drama histórico que honra las virtudes de Francisco Morazán. En su libro Canto General, Pablo Neruda también rinde homenaje al "caudillo liberal" con un poema a América Central. Estatuas y bustos de Francisco Morazán se puede encontrar en Chile, Panamá, El Salvador, Estados Unidos, España, Costa Rica y Nicaragua, entre otros.

Morazán y Napoleón
por Nicolás Raoul

La mejor introducción para presentar al paladín centroamericano es el paralelo que realiza Nicolás Raoul, soldado francés que lucho junto a Napoleón Bonaparte, y que después de la batalla de Waterloo emigró a nuestra región y acompañó a Francisco Morazán:

"Napoleón Bonaparte hizo su carrera militar en el mejor colegio de esa época, bajo la dirección de los mejores jefes.

Morazán no tuvo instrucción ninguna en la milicia, ni quiso tomarla prácticamente en los cuarteles, ni hubo jefes a quienes imitar; pero sus planes de guerra y sus combates dejan tanto que admirar como los de Napoleón.

Las ideas de Bonaparte eran las ideas de Francia, bastaba seguirlas para contar con el éxito; las de Morazán no eran las de Centroamérica en su inmensa mayoría, y la lucha debió empezar por allí.

Napoleón profesó distintas opiniones en la política y en la corte pontificia; Morazán las mismas siempre.

Napoleón buscaba su propio engrandecimiento y el de Francia; Morazán exclusivamente el de su patria.

Francia, teatro de Napoleón, no puede compararse con Centroamérica, teatro de Morazán; pero en la comparación de los genios fácil es comprender quién lleva la ventaja.

Napoleón representa la autocracia en su más alta expresión; Morazán representa la democracia en toda su pureza y en su más genuina manifestación".

 

Morazán Vigila

Este poema pertenece a Canto General, de Pablo Neruda

Alta es la noche y Morazán vigila.
Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.

Cinta central, América angostura
que los golpes azules de dos mares
fueron haciendo, levantando en vilo
cordilleras y plumas de esmeralda:
territorio, unidad, delgada diosa
nacida en el combate de la espuma.

Te desmoronan hijos y gusanos

se extienden sobre ti las alimañas
y una tenaza te arrebata el sueño
Alta es la noche y Morazán vigila.

Vienen,
pequeña América olorosa,
a clavarte en la cruz, a desollarte,
a tumbar el metal de tu bandera.

Alta es la noche y Morazán vigila.

Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.

Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.

Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila.)

Pablo Neruda

Frases célebres de Morazán

“Declaro que mi amor a Centroamérica muere conmigo.”

“Quiero que mis cenizas descansen en El Salvador, cuyo pueblo me fue tan adicto.”

“La posteridad nos hará justicia.”

“Muero con el sentimiento de haber causado algunos males a mi país.” (Centroamérica)

“No he merecido la muerte porque no he cometido mas falta que dar libertad a Costa Rica y procurar la paz de a la república.” (Centroamérica)

“La educación es el alma de los pueblos y abono de los ejércitos de la libertad.”

“Aun estoy vivo.”

“Para extirpar el mal de las naciones es preciso destruir las monarquías.”

“Con los reyes nació la tiranía.”

“Carrera…Este monstruo debió desaparecer con el cólera morbus asiático que lo produjo.”

“Excito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra."

“Fue legal la resistencia que opusieron los gobiernos de los Estados al presidente de la República y necesaria la guerra que llevaron los pueblos de Guatemala.”

“La educación es el alma de los pueblos y abono de los ejércitos de la libertad.”

"Si avanzo sígueme, si me detengo empújame, si retrocedo mátame"

“De estos goces (garantías sociales) disfruta
Centro América ni tiranos, ni esclavos en su suelo
consentiremos jamás: si alguno aspira
a entronizar el fiero despotismo.
Si pretende derechos de conquista establecer,
o rememorar que tenga
por cierta e indubitable ruina”

“Siempre he creído que el que no aspira a engañar debe presentarse al pueblo con sus propios colores”

“Desgraciados centroamericanos! Vuestros males se pueden lamentar: pero consolaos con este estéril sentimiento, porque no es posible, en conciencia, hacer responsable de ellos a su autor”

 

Batallas de Morazán

 

No

Nombre

Fecha

Lugar

Oponente (s)

1.

"La Trinidad"

11 de noviembre de 1827

Honduras

General Justo Milla

2.

"Gualcho"

6 de julio de 1828

El Salvador

Vicente Domínguez

3.

"San Antonio"

9 de octubre de 1829

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4.

"Mixco"

18 de febrero de 1829

---

---

5.

"San Miguelito"

6 de marzo de 1829

---

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6.

"Las Charcas"

15 de marzo de 1829

Guatemala

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7.

"Invasión a Guatemala"

12 de abril de 1829

Guatemala

Mariano Aycinena

8.

"Vueltas del Ocote"

21 de enero de 1830

Olancho, Honduras

---

9.

"Opoteca"

19 de febrero de 1830

Honduras

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10.

"Jocoro"

14 de marzo de 1832

Morazán, El Salvador

Vicente Domínguez

11.

"San Salvador"

28 de marzo de 1832

San Salvador

---

12.

"San Salvador"

23 de junio de 1834

San Salvador

Joaquín de San Martín

13.

"Mataquescuintla"

Octubre de 1838

Guatemala

Rafael Carrera

14.

"Chiquimulilla"

Diciembre de 1838

Guatemala

Rafael Carrera

15.

"Las Lomas"

28 de marzo de 1839

San Salvador

---

16.

"Espíritu Santo"

6 de abril de 1839

El Salvador

General Francisco Ferrera

17.

"San Salvador"

20 de septiembre de 1839

El Salvador

---

18.

"San Pedro Perulapán"

25 de septiembre de 1839

El Salvador

General Francisco Ferrera

19.

"Guatemala"

18 de marzo de 1840

Guatemala

Rafael Carrera

20.

"La Laguna"

24 de marzo 1840

---

Rafael Carrera

21.

"El Jocote" (Sin Combate)

11 de abril de 1842

Costa Rica

General Vicente Villaseñor

22.

"San José"

14 de septiembre de 1842

Costa Rica

Antonio Pinto Soares
Florentino Alfaro

 

 

 

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