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José
Dionisio de la Trinidad
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de
Herrera Díaz del Valle

Período: 16 de septiembre de 1824 al 10 de mayo de
1827.
Nació en Choluteca el 9 de octubre de 1781 y sus
padres fueron Juan Jacinto de Herrera y Paula Díaz
del Valle Izaguirre. Su padre fue, desde 1793, Alcalde
Provincial de la Villa de Choluteca. Su esposa,
Micaela Quezada Borjas, procreó 9 hijos. Doña
Micaela es hermana de la madre del General Francisco
Morazán . Graduado de Abogado en la Universidad de
San Carlos Borromeo, Guatemala
Secretario del Ayuntamiento de Tegucigalpa el 7 de
Agosto de 1820 , durante el período del último
alcalde español, Don Narciso Mallol.
Diputado suplente a las Cortes en julio de 1821 para
la aceptación de la Constitución de Cádiz. Su
hermano, Justo José Herrera, se desempeñó como Jefe
de Estado provisional, y Próspero Herrera, su otro
hermano, como diputado y diplomático Plenipotenciario
en Europa ante Francia e Inglaterra.
Electo
por la Asamblea Constituyente de Honduras, Jefe de
Estado, 16 de septiembre de 1824. Firma la primera
Constitución del Estado de Honduras, "Ejecútese"
el 11 de noviembre de 1825 y establece la primera
división Política territorial y el Escudo de Armas;
sufre un atentado contra su familia en Comayagua, el 1
de noviembre de 1826. Expulsa al Provisor de Comayagua
José Nicolás Irías Midence el 22 de diciembre 1826.
Levantamiento de los pueblos de Gracias, Olancho y
Santa Bárbara.Excomulgado en diciembre de 1826 por el
Provisor, Obispo interino de Comayagua, Irías
Midence. Derrocado por José Justo Milla Pineda, el 10
de mayo de 1827. Es hecho prisionero y enviado a
Guatemala.
Diputado Presidente del Consejo Directivo en 1830.
Ratificó la Capitulación de las "Vueltas del
Ocote", negociadas por el General Francisco Morazán
en Olancho el 21 de enero de 1830. Fue jefe de Estado
en Nicaragua del 12 de mayo de 1830 al 1 de mayo de
1833.Fue electo jefe de Estado en El Salvador en 1834,
pero no aceptó.Diputado por el Distrito de Nacaome en
la Constituyente de 1839.En diciembre de 1849 traslada
su familia a San Salvador. Poseía una extraordinaria
biblioteca de los principales escritores del siglo
XVIII y XIX y leía francés. Oficializó la celebración
de las fiestas patrias, el 15 de septiembre de 1825;
creó las tertulias patrióticas para estudiar las
Constituciones Federal y Nacional, era primo hermano
de José Cecilio del Valle y dueño de la Hacienda de
Pavana y Tapatoca, localizadas en la Villa de Xerez de
la Choluteca y San Francisco de Yeguare en el oriente
de Honduras. Adquirió las haciendas de Hato Nuevo y
El Guayabo. En la comunidad de San José de La Landa
se encuentra una casa de hacienda propiedad de Herrera
y el Huracán Mitch destruyó la casa que el tuvo
cuando vivió en Tegucigalpa, situada en la segunda
avenida de Comayagüela. Radicado por varios años en
el poblado de mineros de Macuelizo, Partido de Nueva
Segovia, donde ejerció el comercio de ganado y víveres
para los asentamientos mineros de la Misericordia y
los Dolores. Desde 1818 se establece en Tegucigalpa.
Dictó su testamento el 30 de mayo de 1850 y falleció
el 15 de junio de 1850 en la Ciudad de San Salvador.
Sus restos están depositados en la iglesia de El
Rosario, desde 1897.
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Los hermanos Herrera-Díaz del Valle
- En el 229
aniversario del nacimiento de Dionisio de
Herrera
Por: Ismael Zepeda Ordóñez

Dionisio de Herrera
Siguiendo la tesis del pensador holandés Johan
Huizinga, 1872-1945, que todos los hombres y mujeres
somos historiadores en cuanto participamos de un
conocimiento general histórico, creado en el
contexto de nuestras vidas, sin importar si estamos
conscientes o no de ese proceso intelectual; hoy
ofrecemos algunos apuntes sobre tres destacadas
personalidades de la primera generación de
compatriotas que contribuyeron a dar cohesión a la
institucionalidad del Estado-Nación al momento del
derrumbe del mundo colonial. Comparten sus
ejecutorias en el campo administrativo, en la
divulgación del pensamiento político democrático y
republicano, y una profunda vocación por el servicio
público. Esas tres personalidades son los hermanos
José Dionisio de la Trinidad, Próspero José y Justo
José Herrera Díaz del Valle, naturales de la Villa
de Jerez de la Frontera y mis Reales Tamarindos de
la Choluteca. Se desempeñaron en los cargos de
Alcalde y Teniente del Partido de Choluteca, electos
diputados a varios Congresos Constituyentes y
Ordinarios, cursaron estudios de abogacía en la
Universidad de San Carlos de Borromeo en Guatemala y
fueron permanentes opositores al ala conservadora
del liberalismo decimonónico. Sufrieron la
expropiación de sus bienes durante el gobierno de
Francisco Ferrera, 1841-1844, experimentaron el
exilio por razones políticas y los tres hermanos
están enterrados en suelo salvadoreño. Primos
hermanos de José Cecilio del Valle. Ganaderos y
propietarios de haciendas en la región sur de
Honduras. Mineros y comerciantes.
José Dionisio de la Trinidad. (1781-1850).
Alcalde de la Villa de Choluteca en 1813. Su madre,
Paula Díaz del Valle, solicita un testimonio de
limpieza de sangre demostrando que no corre por sus
venas sangre de judío ni africana para ingresar a la
Universidad de San Carlos, Guatemala, en donde se
gradúa de Abogado con la tesis: “La Ley”. Es
condenado a pagar una indemnización al ciudadano
José de la Cruz Flamenco por haber autorizado una
pena de azotes en la Plaza de la Villa de Choluteca
durante ejercía el cargo de Alcalde. Dedicado al
comercio y minería en Macuelizo, partido de Nueva
Segovia. Comprador de los diezmos de campana de
varias parroquias comprendidas en el territorio de
la vieja Alcaldía Mayor de Tegucigalpa y de los
beneficios de la Cofradía de Colama. Propietario de
las haciendas de Hato Nuevo, El Guayabo y parte de
La Pavana y Tapatoca. Contrae matrimonio con Micaela
Quesada Borjas el 9 de abril de 1820. Nombrado el 7
de agosto de 1820 en el cargo de Secretario del
Ayuntamiento de Tegucigalpa y el último Alcalde
Mayor don Narciso Mallol, lo acusa de ser un hombre
intrigante: “Sólo se ha empleado en mover partidos
contra la autoridad, porque sólo camina al plan de
independencia absoluta”. Participa en la celebración
de la llegada de los pliegos de la Independencia a
Tegucigalpa. Es electo Diputado por Tegucigalpa al
Congreso Constituyente de México en noviembre de
1823, que no se celebra. Candidato para integrar
Triunviro del Gobierno Federal en 1823, Jefe
Político de Tegucigalpa. En su correspondencia
epistolar con el presbítero Francisco Antonio
Márquez le dice: “La población debe ser el primer
objeto de la política”, y “La independencia de la
Isla de Cuba es necesaria a esta América”. Electo
Jefe de Estado el 16 de septiembre de 1824 y firma
la primera Constitución Política del Estado de
Honduras. El 5 de abril de 1826 en un informe a la
Asamblea Ordinaria (Congreso) se pregunta: “¿Y por
qué Honduras ha de caminar con tanta lentitud,
teniendo elementos para marchar a la par de los
primeros estados?”. Los opositores a la
administración de Herrera en la asamblea legislativa
discuten entre los meses de abril y junio de 1826 la
obligación de mandar hacer una nueva elección del
Jefe Supremo del Estado. El Consejo Representativo
declara sin lugar la orden de una nueva elección.
Los diputados Irías, Milla y Romero encabezan la
oposición a Herrera. El vice Jefe de Estado Justo
José Milla renuncia al cargo. Herrera impulsa las
Tertulias Patrióticas para leer y explicar la
Constitución Política. Durante la presidencia de la
Cámara Ordinaria del diputado Francisco José Gómez
se conoce la formal renuncia presentada por el Jefe
de Estado en la sesión número 58 del 12 de julio de
1826. El cuerpo legislativo no la acepta y declara
un voto de confianza a Herrera por su gestión. En
Tegucigalpa el español Juan Miguel Echarri lanza un
pasquín contra Herrera y lo acusa de “masón”. Un
plan para asesinar al Jefe Herrera no se ejecuta
porque esa noche estuvo lloviendo copiosamente y
lanzan disparos contra su residencia en Comayagua.
Autoridades de Tegucigalpa abortan la colocación del
edicto de excomunión expedido pro el Vicario Nicolás
Irías Midence en la noche del 31 de diciembre de
1826. Le otorga el grado de Capitán al ciudadano
Francisco Ferrera por su acción en Yamaranquila en
defensa del gobierno. Ante el intenso fuego a que es
sometida la capital Comayagua, su gobierno capitula
el 9 de mayo de 1827 y entrega el cargo de Jefe de
Estado a los invasores comandados por el ex Vice
Jefe Justo Milla. Es desterrado a la capital
Guatemala. Regresa a Honduras en 1829. Electo
Diputado y preside la Asamblea Legislativa en 1830.
Electo Jefe de Estado de Nicaragua, 1830-1833, y la
Cámara Legislativa de El Salvador en 1833 lo elige,
pero él no acepta. Se radica en la ciudad de San
Vicente y organiza un Colegio de Educación Media. Es
diputado por Tegucigalpa para el período 1836-1838 y
ocupa la vicepresidencia de la Asamblea
Constituyente de 1838. Es denunciado por alimentos
en 1839 por una mujer que sostiene tener hijos de
él. En una demanda judicial por deudas con el Estado
se ordena el remate de su casa de Choluteca. Tras
el conflicto militar entre Honduras y El Salvador en
1840, regresa a San Vicente. Sus principales
haciendas son intervenidas por el gobierno de
Francisco Ferrera. Dicta su testamento el 13 de mayo
de 1850 en San Salvador, manifestando: “Encomiendo
mi alma a Dios, que la crió y la redimió con el
infinito precio de su sangre, y el cuerpo a la
tierra de que fui formado, el cual hecho cadáver es
mi voluntad sea amortajado con el hábito de nuestro
Padre San Francisco y sepultado en el Panteón de
esta Capital lo más humilde que se pueda”. Muere el
13 de junio de 1850. Después de muchas vicisitudes
sus restos descansan en la Iglesia de El Rosario en
la capital cuzcatleca. El gobierno de Marco Aurelio
Soto, 1877-1883, les reconoció a los herederos
Herrera Quesada la cantidad de 10,000 pesos en
concepto de indemnización en 1882. Igual cantidad
solicitaron en 1893 pero el Congreso lo denegó. Una
nieta, Manuela (Nela) Aplícano Herrera de Sequeira,
recibe una sentencia que le permitió recobrar parte
de la Hacienda de Pavana en 1927, por derechos de
Dolores Herrera Quesada desde 1868. En 1940 el
Congreso aprueba una pensión vitalicia para Arcadia
Herrera, nieta de Dionisio de Herrera y residente en
San Salvador. En su testamento consigna un acto de
verdadero y autentico fervor republicano al otorgar
1200 pesos al “Gobierno Nacional” que debía
instalarse en 1852 bajo la presidencia del General
Cabañas, después de la liquidación a su favor de lo
que le debe el gobierno de Honduras. ¡Qué
desprendimiento! Orgulloso estaría Maquiavelo al
leer las disposiciones de su testamento a favor de
la causa republicana. ¡He aquí un Príncipe de la
Democracia y la Libertad!
Próspero José. (1783-1851). Es quizás uno de
los desconocidos del clan Herrera-Díaz del Valle.
Vivió entre Choluteca y Guatemala. Abogado por la
Universidad de San Carlos de Borromeo. Alcalde de
Choluteca en 1819 y 1821 desde donde informa a la
Alcaldía de Tegucigalpa la llegada de los pliegos a
la Villa de Choluteca. Propietario de un comercio en
Macuelizo. Comprador de diezmos y campanas.
Administró los bienes y habilitaciones mineras de
Juan Miguel Midence en Macuelizo. Diputado al
Congreso de México, que no instaló. El Tesorero de
la Caja Nacional Narciso del Rosal, casado con
Marcelina Morazán, le reclama la devolución de 2
barras de plata que en concepto de viáticos se le
entregó. Apoderado de su hermano Dionisio ante las
injurias del Alcalde Mallol. Ejerció su profesión en
Honduras. El Salvador y Guatemala. Diputado en 1823
y 1826. Ministro Plenipotenciario y Enviado
Extraordinario de la República Federal en Londres y
París en 1831, recomendado, quizás, por su primo el
licenciado José Cecilio del Valle. Desde Francia
solicitó la autorización para enviar a estudiar
jóvenes centroamericanos en ciencias. Celebra la
contrata de un cuño con la compañía de Andrew Augar
y Miller en Londres. Recibe los primeros reclamos
sobre el pago del empréstito de 1824 de la firma
inglesa Barclay & Herring con la República Federal.
Despertó interés en inversionistas europeos sobre la
construcción del canal interoceánico. Desde Nueva
York envía una carta al Presbítero Márquez, que
reside en Güinope, para preguntar sobre el futuro de
la República. Al desmembrarse el proyecto federal,
se instala en Nueva York. Regresa a El Salvador al
final de 1842 durante el gobierno de Juan Lindo. Se
establece en San Salvador y se dedica a labores
relacionadas con su formación de abogado. Murió en
San Salvador el 19 de septiembre de 1851. Los
diarios de esa época mencionan a su hija Rosita
Herrera. Fue propietario de la Hacienda de Tapatoca.
Justo José. (1785-1856). Su figura histórica
ha sido muy controversial. Unos se refieren a él en
su triste papel de comparsa de los conservadores
encabezados por el Benemérito General Francisco
Ferrera. Otros, lo señalan como un hombre anodino,
sin ideas propias y respondiendo a los vaivenes de
la crisis política. Algunos, un tanto indulgentes,
destacan que el momento en que le tocó ejercer la
Jefatura de Estado eran tiempos de vientos
huracanados. En su discurso de toma de posesión se
queja de su incompetencia en asuntos de Estado, pero
algo de original tiene un hombre al pasar por el
firmamento de la historia. Su mayor actividad fue el
negocio de ganado en pie, administrador de los
diezmos comprados por sus hermanos y su hermana
Mariana; y servir de Teniente de Partido de la Villa
de Choluteca (1815-1821). Electo Alcalde en 1817.
Fue activo buscador de minas en El Corpus, San
Martín y en la región de Nueva Segovia, Nicaragua.
Comprador de diezmos de la Hacienda de Colama,
definida en 1825 como “la más pingüe Cofradía del
País”. En la Hacienda del Guayabo (entre Jícaro
Galán y San Lorenzo) sembró añil. Recordemos que
durante el siglo XVIII familias españolas sembraron
arbustos de jiquilite para extraer añil, pero las
disposiciones de la Corona prohibiendo utilizar
fuerza de trabajo indígena impidió la prosperidad de
esa industria. Entre esas familias sobresale la Díaz
del Valle. Encargado de la defensa de las costas del
sur ante la presencia de piratas en el Golfo de
Fonseca. En su carácter de Teniente de Alcalde
presidió los actos de juramento de la Constitución
española de 1812 en julio de 1820, de cuyo
entusiasmo le informa al Alcalde Mallol. Promovió la
creación de escuelas de primeras letras en la Villa
de Choluteca. Diputado por Choluteca a la primera
Asamblea Nacional Constituyente de 1824. Magistrado
Presidente de la Corte Superior de Justicia en
1829-1831. Jefe de Estado de Honduras, 1837-1838.
Convoca a una Asamblea Constituyente para que
“revea” y reforme la Constitución Política del 11 de
diciembre de 1825, que abrió las puertas a la
restauración conservadora para decretar la
separación del Estado de Honduras de la República
Federal. Enfrentó la crisis del Cólera y actualiza
las providencias utilizadas en 1833 para disminuir
los efectos. Nombró al General Ferrera Jefe
Pacificador ante los levantamientos en Texiguat,
Santa Ana, Nacaome y Goascorán por el pretendido
envenenamiento de las aguas. Comisiona al Presbítero
José Trinidad Reyes para llegar a una solución
pacífica en Santa Ana, igualmente a Pedro Pablo
Chévez, Leonardo Romero y al padre Márquez para
lograr conciliar los intereses en Texiguat. En una
correspondencia con el Presidente Morazán le
recuerda el abono de los 17,000 pesos entregados por
el negocio del cuño. Ya pesaba en el ambiente el
negocio de las maderas. Ante el panorama desolador
por la presión conservadora renuncia a la Jefatura
de Estado. Es nombrado Ministro Plenipotenciario
ante el gobierno federal para negociar el
reconocimiento de la independencia del Estado
hondureño acordada el 5 de noviembre de 1838. A raíz
de los sucesos de la guerra entre Honduras y El
Salvador en 1845, decide trasladarse a San Salvador.
Regresa a Honduras para encargarse de los
disminuidos y saqueados negocios del grupo familiar
al tomar posesión como Presidente Juan Lindo en
1847. Presenta los reclamos de sueldos no pagados a
Dionisio, Próspero y los suyos ante el Gobierno. Al
caer el gobierno del General José Trinidad Cabañas
en octubre de 1855, se traslada a San Salvador. El
13 de marzo de 1856, el Diario Oficial de El
Salvador publica un obituario en su memoria. Entre
tanto, su Patria inauguraba un nuevo gobierno de
corte conservador y antimorazánico con la figura del
General Guardiola a la cabeza. Hoy los estudiantes
de la UNAH llevan bajo el brazo sus cuadernos con la
leyenda: “La ignorancia es la plaga más grande de
las sociedades, el más poderoso disolvente de la
libertad”. (Informe del Jefe de Estado Justo José
Herrera a la Asamblea Ordinaria en Comayagua, 30 de
abril de 1838). Esa frase lo ha inmortalizado, aún
cuando quienes la leemos preferimos ignorar la
personalidad histórica de su autor.
Al conmemorar la efemérides del nacimiento del
prócer Dionisio de Herrera quiero saludar a mis
paisanos de Choluteca, porque en nuestra historia
común ese clan familiar ha dado prestigio a nuestra
Villa de Jerez de la Frontera y mis Reales
Tamarindos de la Choluteca. Probablemente no habrá
celebraciones ni discursos en ocasión de tal
acontecimiento, sólo el tedio cotidiano cubrirá ese
día especial. Pero nuestra lucha contra el olvido
histórico será siempre una constante en el diario
trajinar de esta existencia. Es urgente reeditar la
obra sobre la personalidad de Dionisio de Herrera
para que nuestros compatriotas fortalezcan el
reconocimiento de su papel en la construcción del
Estado-Nación y la institucionalidad republicana.
Eso es un elemento vital para consolidar nuestra
identidad nacional y la memoria colectiva. Queremos
compartir estos sentimientos con todos mis
compañeros de la Escuela de varones “Dionisio de
Herrera” de la ciudad de Choluteca, y un homenaje a
mis siempre recordados maestros: Orfilia Acuña,
“Lichita” Maradiaga y Azucena de Motz (R.I.P.).
Comayagüela, octubre del 2010 1.
1 Ismael Zepeda Ordóñez, Choluteca. Historiador.
UNAH.
Izepedao@hotmail.com
Fuente:
http://www.latribuna.hn/2010/11/21/los-hermanos-herrera-diaz-del-valle/
Por: Luis Armando Verde
Dionisio de Herrera no es
solamente un caso histórico en la política hondureña.
Es mucho más. Herrera es artífice de nuestra
nacionalidad y un consecuente defensor de las
libertades públicas. Perteneció a una familia de
hondo arraigo en el país, primo de José Cecilio del
Valle, otro influyente intelectual de su época,
formado en la muy ilustre universidad de San Carlos
de Guatemala a la que tenían acceso únicamente los
adinerados de la aristocracia chapina y uno que otro
criollo filtrado gracias a las bondades de
reconocimiento y la buena fortuna.
Herrera es considerado un
hombre de pensamiento liberal, conocedor de las
ideas de la ilustración y ferviente apasionado por
la historia. En su biblioteca personal abundaban los
textos en francés, pues se afirmó que era una de las
más completas, a tal grado que sus opositores
políticos la incendiaron en las cercanías del puente
Mallol de Tegucigalpa por encontrar “libros
herejes”.
Las diferencias entre el
vicario Irías y el Jefe de Estado Herrera llegaron
al extremo de excomulgarlo acusándolo de francmasón
y poniendo a una parte de la población en su contra.
Esta acusación resultó difícil
de explicar, además en ese momento era evidente la
posición de la jerarquía eclesiástica arrimada a las
clases más reaccionarias y su persecución a todos
los partidarios del liberalismo considerado
peligroso, pues así funcionaba la vieja alianza
entre el trono y el altar, hasta se dijo: “es
perfectamente compatible ser católico y masón, pues
el punto de partida de la masonería es la creencia
en Dios”.
Muchos historiadores opinan
que las disputas políticas eran transferidas al
campo religioso si detrás de ellas existían
problemas económicos. Recién proclamada la
independencia el gobierno de Comayagua pidió al
mismo provisor del Obispado que ordenara a sus
feligreses obedecer a su gobierno y no a las
autoridades nombrados por Guatemala.
El Congreso Constituyente de
Honduras eligió Jefe de Estado a Herrera el 16 de
Septiembre de 1824, posteriormente conocido como
Asamblea, la cual dispuso una serie de medidas
legislativas; al dividir el territorio en siete
departamentos (Comayagua, Tegucigalpa, Gracias a
Dios, Santa Bárbara, Yoro, Olancho y Choluteca) que
sirvió para rubricar simbólicamente el nuevo
ordenamiento y diseñar el escudo de Honduras.
La Asamblea hondureña, con
asiento en Comayagua juró a su vez la Constitución
Política de Centroamérica basada en dos principios
filosóficos de la revolución francesa y la Carta de
Estados Unidos, y como tal, era federal, popular y
representativa, formada también por un poder
bicameral, es decir un congreso y un senado y el
Poder Judicial.
En cuanto a las disposiciones
generales, llama la atención concedida a los
derechos humanos, al decretarse la abolición de la
esclavitud antes que Estados Unidos de América y
Rusia.
El establecimiento de derechos
que gozarían prisioneros y acusados en espera de
sentencia, el respeto a la privacidad de los
ciudadanos, determinando que solo podían decomisarse
como prueba los papeles personales en caso de
traición a la patria y que su publicación era
imprescindible para constatar la verdad.
El gobierno de Herrera
estableció las tertulias patrióticas para consolidar
principios republicanos. Estos espacios políticos
habían sido impuestos por la vía del decreto en
Guatemala desde los albores de la independencia, en
ellos se reunían destacadas personalidades para
discutir la situación política y económica de la
región. Herrera es además autor del Acta de
Independencia de Honduras, redactada el 28 de
Septiembre de 1821, poco después de la llegada de
los pliegos; con la revolución triunfante de Morazán
fue nombrado para que pacificara Nicaragua.
Este proyectismo social y su
carrera política definen la esencia del verdadero
estadista y está por encima de aquellos personajes
de nuestro medio elaborados con arcilla de mala
calidad.
También lo encontramos en las
postrimerías de su vida y en otras circunstancias
radicado en El Salvador, como maestro de escuela,
aquí muere en 1850 dejando en su testamento tres
pesos como símbolo de universal humanidad destinados
a la educación del vecino país.