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José Trinidad
Cabañas Fiallos

Periodo:
1 de Marzo de 1852 al 18 de Octubre de 1855.
Nació en Tegucigalpa el 9 de Junio de 1805. Sus
padres José María Cabañas Rivera y Juana Fiallos.
Estudio en el Colegio Tridentino de Comayagua. En 1827
cuando las fuerzas de Justo Milla invaden Comayagua y
derrocan al Gobierno de Dionisio de Herrera, presta su
cooperación en la defensa del gobierno. Es soldado en
la Batalla de la Trinidad el 11 de Noviembre de 1827.
Diputado de la Asamblea Constituyente de 1830. El 13
de Noviembre de 1839 triunfa en la Batalla en el Sitio
de la Soledad, en inmediaciones de Tegucigalpa,
sobre las fuerzas del General Francisco Zelaya y Ayes.
Derrotado el 31 de Enero de 1840 en el sitio de Los
Llanos del Potrero, por Francisco Zelaya y Ayes.
Participa en la retira de Guatemala en 1840. Sale de
Costa Rica en 1842. Ministro de Guerra en diciembre de
1850.
Vencido en la Batalla del Sitio de San José de la
Arada el 2 de febrero de 1851.
Residiendo
en la Ciudad de San Miguel , en la República de El
Salvador fue comunicado por una Comisión de Senadores
formada por Francisco López, Vicente Vaquero y León
Alvarado, de los resultados de las elecciones
celebradas en Honduras a finales de 1851, en donde los
resultados le eran favorables. La Asamblea Legislativa
de Honduras le envió el Decreto de Elección como
Presidente Constitucional de Honduras. Presta la
promesa de Ley y toma posesión del cargo el 1 de
Marzo de 1852. En calidad de Vice-Presidente se elige
a José Santiago Bueso.
Los esfuerzos por mejorar el cultivo del Café son
significativos y la Instrucción Pública. Firma el 23
de Junio de 1853 la primera contrata para la
Construcción del Ferrocarril Interoceánico de
Honduras. Nombra a José Francisco Barrundia, Ministro
Plenipotenciario en Washington .
La Asamblea Constituyente de Centro América, reunida
en Tegucigalpa el 13 de Octubre de 1852, con el
objetivo de restablecer la Federación nombra como
Presidente Provisional al General Cabañas. Declina el
cargo y el Vice Presidente Pedro Molina asume las
tareas de celebrar asambleas en El Salvador y
Nicaragua. Durante el año 1853, los hostigamientos
del Presidente guatemalteco, General Rafael Carrera
son constantes. Deposita la presidencia del país en
el General Francisco Gómez durante el periodo del 9
de Mayo al 31 de Diciembre de 1853, para conducir en
forma personal la campaña militar contra Guatemala.
Instala en Gracias su cuartel general.
Vuelve a la Presidencia el 1 de Enero de 1854. Las
condiciones políticas son difíciles. En Julio de ese
mismo año envía una columna militar hacia Nicaragua
bajo la jefatura del General Francisco Gómez, quien
muere atacado por el Cólera el 25 de Julio de 1854,
sin lograr los objetivos de imponer los partidarios de
la vieja Federación.
En 1855 las agresiones guatemaltecos son reiteradas.
El general Rafael Carrera declara que su objetivo en
Honduras, es derrocar al General José Trinidad Cabañas.
Derrotado por las fuerzas guatemaltecas en los Llanos
de Santa Rosa y Gracias el 6 de Julio de 1855. Su
ejercito es aplastado en la acción de Masaguara (
Cerca del Valle de Jesús de Otoro),el 6 de Octubre de
1855, por el ejército encabezado por el General Juan
López. El vencedor de la Acción de Masaguara,
General Juan López llama al Vice-Presidente José
Santiago Bueso a desempeñar la titularidad del
Ejecutivo, el 18 de Octubre de 1855. Argumentando
razones de enfermedad deja la Presidencia en la
Persona del Senador Francisco de Aguilar, el 8 de
Noviembre de 1855.Se refugia en El Salvador, viajando
a Nicaragua a solicitar apoyo para recuperar la
Presidencia de Honduras.No obtuvo apoyo, por cuanto el
Presidente Patricio Rivas se encontraba influenciado
por el aventurero Williams Walker. Se refugia en El
Salvador en Octubre de 1855. Ministro y Presidente de
El Salvador. Gobernador Civil y Militar de San Miguel
en 1859-1863. Regresa a Honduras en 1867. Nombrado por
la administración del Presidente José María Medina,
Intendente de la Aduana de Trujillo.Regresó a El
Salvador donde permaneció muchos años. En 1867
Regresa a Honduras. Inicia campaña contra la
presencia del Filibustero Williams Walker en Centro América.
Falleció en Comayagua el 8 de Enero de 1871. Sus
restos descansan en la Iglesia de San Sebastián.
ANÉCDOTA:
Cuando
el ilustre soldado de la Patria don José
Trinidad Cabañas, ejercía la Presidencia de la
República, llegó ante su presencia un ciudadano
de esos que no conocen la inmaculada honradez de
ciertos gobernantes y sobre todo el definido
criterio que se han formado acerca de los
hombres y su actuación.
El personaje a que
nos referimos, llegó ante el General Cabañas
llevándole de regalo un bonito reloj de
bolsillo, y el caballero sin tacha agradeció el
regalo sin enterarse de su contenido y en la
forma en que se lo entregaron, así lo guardó muy
cuidadosamente.
Días después llegó
el mismo personaje ante el General Cabañas,
solicitándole algo oneroso para el país y en
donde se ofendía de manera extrema la
personalidad de uno de los gobernantes más
honrados que ha tenido el país, pues él no se
prestaría de ningún modo a que se llevaran a
cabo negocios turbios en beneficio del
solicitante, sino que de personas allegadas al
Mandatario, que éste un día de tantos, y con una
sonrisa poco común en él, le dijo: “Vea amigo,
lo que me solicita será imposible que se lo
conceda, pero en cambio le hago este regalito,
que le ruego aceptarlo".
El personaje de
marras, estuvo a punto de que le diera un
vértigo, cuando se dio cuenta de que el obsequio
que le había hecho el General Cabañas era el
mismo relojito que él le había obsequiado, y su
sorpresa aumentó, cuando se dio cuenta cabal, de
que ni siquiera lo había desenvuelto, para darse
cuenta de su contenido.
Tomado de la revista Morazán en la
Historia, Septiembre de 1981; tal como
apareció en su versión electrónica en Nacer en
Honduras BlogSpot:
http://nacerenhonduras.blogspot.com/2010/12/el-relojito-del-general-cabanas.html
FRASES CÉLEBRES
“El poder depositado
en las manos de los legisladores no es absoluto.
Debe arreglarse a los principios eternos de
justicia, debe respetar los derechos y garantías de
los ciudadanos, debe hacer contrapesos que aseguren
de modo posible el equilibrio de la razón.”
-
"Hay, pues, algo
imprescindible, algo más importante que los
intereses materiales, que la utilidad de
presente, y es el honor del país y los derechos
del pueblo”
-
“Hay un derecho constitucional en el pueblo
inherente a su soberanía, y el fundamento
supremo de todas las libertades públicas;
este es el derecho de la prensa libre. Yo
debo manifestaros en este punto mi programa
y mi principio. En la discusión de la
política y de la administración pública, no
ha limitación posible, no hay formas
prohibidas.
-
El público es el juez, y toda coartativa es
un ataque a la soberanía y a la ilustración
del pueblo. Los escritos sin razón, sin
pudor o sin verdad caen por si
mismos desechados por la razón pública, o
tienen alguna justicia y fundamento, y
sirven de ilustración al gobierno. Estoy
persuadido que no ha caso en que convenga
la represión: si no es en los que toquen el
sagrado de la conducta privada.
-
Yo deseo, pues, que la libertad de prensa
sea de hecho ilimitada, y que mi
administración sea censurada de cualquier
manera, siempre que ella desagrade a mis
conciudadanos. Para que yo pueda conocer la
opinión, para que pueda saber mis extravíos,
os encargo que me iluminéis con la razón de
vuestros escritos, que me corrijáis con
vuestra censura.
-
Lejos de reprimir, ni aún indirectamente,
vuestro soberano derecho, me aprovecharé de
vuestras luces y opiniones, veré con
tolerancia más aun los desahogos de la
pasión y la causticidad de los partidos.
-
¿Y por qué? Es por que siempre deben
servirme de norte aun las opiniones de los
que pudieren ser mis enemigos; es por eso
que estoy seguro del buen sentido y de la
justicia del pueblo hondureño; es por eso
que quiero que mi conciencia pública nada
tenga que temer del juicio de mis
conciudadanos; pero sobre todo, es por eso
que quiero siempre concertar mi Gobierno y
medirlo en la balanza de la razón pública.
-
Y yo os protesto, conciudadanos, que si por
accidente llego a comprender y a convencerme
por el examen diario que me propongo hacer
del Estado de la opinión, y para el cual
quiero que esta se manifieste francamente,
aunque sea desbordándose, que al juicio de
la generalidad o de la mayoría desaprueba la
administración; o bien crea que me he
separado de mis deberes y de mi programa, o
por que este no satisfaga sus deseos, y sus
esperanzas, os protesto digo, que en
cualquier época de mi período volveré sereno
a mi vida privada sin turbación y sin
escándalo. No seré yo, a fe, el permita en
mandaros contra nuestra voluntad o perdida
ya vuestra confianza.
-
Yo tornaré tranquilo a mi elemento natural
que es el hogar doméstico, y vosotros me
llamaréis para emplear mi espada a favor de
vuestra libertad, siempre que la creáis
amenazada.
-
No perderé jamás vuestro favor aun cuando
difiriéramos en opinión. Vosotros me
comprendéis, y yo os comprendo. Bien sea en
el gobierno; bien en lo privado, o en el
campo de batalla, vosotros reconoceréis tres
cosas en mi corazón y mis hechos: EL PUEBLO
HONDUREÑO, LA LIBERTAD, LA NACIONALIDAD.”
José Trinidad Cabañas
``En la devoción por sus ideales, un Don Quijote; en
el arrojo y gallardía, un Murat; en la pureza de su
vida, un Bayardo. Y en verdad, fue ese hombrecito un
caballero sin miedo y sin tacha´´.
``Fue el Quijote de la América", escribió el
historiador salvadoreño Alberto Masferrer al
describir a José Trinidad Cabañas, este prócer que
vio la luz del mundo un 9 de junio de 1805 en
Tegucigalpa.
En época en que el coronel Justo Milla sitiaba la
ciudad de Comayagua, el señor José María Cabañas, su
padre, acompañado de sus tres hijos: Trinidad,
Urbano y Gregorio, se presentó ante Dionisio de
Herrera y le manifestó:
``Señor, el peso de mis años no me permite
acompañaros al campo de batalla pero aquí tenéis a
mis tres hijos que pueden lo que yo debiera hacer,
dispuestos a derramar su sangre al pie de la bandera
que defendeis´´. Así inició Cabañas su carrera
militar.
Ingresó al ejército bajo las órdenes del general
Morazán.
La Asamblea General del Estado de Honduras instalada
en Comayagua, lo eligió presidente del Estado en
enero de 1852. Su administración sólo duró tres años
y medio, durante los cuales fomentó la instrucción
pública, la agricultura y minería.
Fue condecorado con el título "Soldado de la
Patria". Falleció el 8 de enero de 1871, a la edad
de 65 años en la ciudad de Comayagua.
Artículo aparecido en la Revista Correo
Literario de Honduras, Año I, No. 1,
Tegucigalpa, D.C., Honduras, C.A.
Por: Alberto Masferrer (Salvadoreño)
"En la devoción por sus ideales, un Don Quijote; en
el arrojo y gallardia, un Murat; en la pureza de su
vida, un Bayardo.
Y en verdad, fue ese hombrecito un caballero sin
miedo y sin tacha."
Errando por las aldeas silenciosas y los solitarios
caminos de la que antes fuera una sola patria, he
recogido estas leyendas, que tal vez son historia.
"Cabañas fue el Quijote de la América". Enamorado de
una idea, jamás contó los enemigos, ni sospechó el
miedo, ni aquilató el peligro. Derrotado cien veces,
volvió siempre a la carga con la misma fe, con el
mismo entusiasmo de sus primeras aventuras. No
conoció el orgullo: siendo la lucha por sus ideales,
allí corria de jefe o de soldado, leal y bravo,
entre los bravos y los leales. El primero entraba al
combate con su sencillo dorman azul, ondeante la
barba de nieve, firme en la silla como un centauro.
Se retiraba el último, acribillado a balazos, cuando
solo ya en la pelea, notaba que podía caer
prisionero. Muerto, si; rendido, no. Y mientras
aquel hombre no cayera de su corcel, ni perdiera su
espada, seguro estaba que los vencedores no le
aprisionaban. Para esto tenía aquella maniobra suya
que llamaba "romper la línea". Cosa fácil: romper la
línea era ir solo o acompañado, retrocederla por
buen trecho, hundir las espuelas en el vientre de su
caballo, partir como un ciclón sobre los enemigos,
abrirse camino a sablazos, saltar por las ballonetas,
y ya al otro lado, volverse, saludar con la espada,
e ir luego a curarse de cinco o seis heridas. Esto
era "romper la línea", y jamás falló en la maniobra.
Cuentan que le vencian siempre. Yendo de jefe
llevaba él su plan, mas a las primeras descargas
olvidaba su empleo; que su verdadero lugar estaba en
lo más fragoroso del combate, y allá se entraba
hendiendo craneos y tajando brazos, como un Rolando
o un Oliveros; celebrando los grandes golpes, fueran
de amigos o de adversarios; saludando a los que de
su camino se apartaban; resucitando en plena edad
barbara las hazañas de los siglos caballerescos.
Cosas tenía que hubieran agotado la paciencia de
Sancho Panza. Como ésta: A su cargo estaba la
defensa de La Unión, sobre la cual venía el terrible
guerrillero Guardiola. Este era el hombre de las
marchas veloces y de los golpes inesperados. Mas en
esa ocasión se hallaba a quince leguas y era
imposible que atacara antes de veinticuatro horas.
Guardiola hizo la jornada en doce horas, sorprendió
a Cabañas, le destrozó, le puso en fuga y tomó la
plaza. A la caída de la tarde, iba camino a
Conchagua un jinete, solo, cabizbajo, al cansado
andar de su caballo, que no sentia la presión de la
brida. De pronto volvió atrás, llegó a La Unión,
pidió ver a Guardiola, diciéndose portador de
urgentes noticias, y lleváronle ante un grupo de
oficiales, que todavia comentaban la reciente
victoria, y allí preguntó por el jefe.
-Soy yo, ¿qué se le ofrece?
-¿Me conoce usted?
-No, ¿quién es?
-Soy Cabañas.
Y con la respuesta le cruzó el rostro a latigazos.
Poco después, herido de tres balas, el mismo jinete
volaba por el camino a Conchagua. De filo, su espada
era un hacha; de plano era una maza. En León,
después de aquella gran resistencia de treinta días,
cuando agotados los recursos no quedaba ya otro
arbitrio que rendirse al implacable Malespin,
Cabañas, uno de los defensores de la plaza, invitó a
sus amigos a "romper la línea". Doscientos
aceptaron. Era el intento de pasar sobre las
cerradas filas de los sitiadores; pasar o quedar
allí hasta el último: los doscientos eran reliquias
de las falanges Morazánicas. Formóse el escuadrón, y
en él quiso Cabañas ocupar el último sitio, para no
salvarse sino cuando todos estuvieran a salvo.
El escuadrón rompió como tromba; muchos perecieron,
los más pasaron. Cabañas iba el último. Al llegar a
la postrera fila de enemigos su espada iba a caer
sobre un sargento que le cerraba el paso, mas
viéndole que se apartaba, el bizarro jinete le
saludó y siguió adelante. De súbito sintió un
bayonetazo en la espalda. Cabañas volvió la cara,
cayó sobre el felón, y le asestó un cintarazo sobre
la cabeza. "Y del golpe, -me contaba un testigo-, de
aquel simple golpe el sargento cayó muerto sin
decir: ¡Jesús!" Cabañas, como Don Quijote, habría
desafiado a un león. No llegó el caso, mas no vaciló
en desafiar a Carrera, que era un tigre.
Morazán erraba en el destierro y el porquerizo daba
la ley a Centroamérica. ¿Quién era el loco que iba a
enojarle? Cabañas. Llegado a la Presidencia de
Honduras, sin dinero, sin armas, sin soldados casi,
le declaró la guerra. Pudo ser el obediente vasallo
de Carrera, vivir en el poder, hartarse de dinero y
de goces, pero su oficio era desfacer entuertos;
Carrera era un follón, un malandrín y como a tal
había que combatirle, aunque todos los endriagos de
la tierra vinieran en su contra.
Y le combatió, sin tregua, sin calcular los
resultados; y fue vencido, porque en esta miserable
tierra los reveses son el patrimonio de los nobles
andantes, y la fortuna se va enamorada tras los mal
nacidos. En Grecia hubiera dado origen a la leyenda
de los Centauros. Tanta era, en verdad, su destreza
de cabalgador, que aún disputan las buenas gentes
sobre si no era un don diabólico aquel su compañero
que de tan grandes peligros le salvara.
Fue en Masaguara donde se libró el último combate
contra las huestes de Carrera. La batalla se dio en
una meseta cortada por hondo barranco. Cuando
nuestro paladin notó su derrota, unos pocos le
acompañaron, y toda esperanza de fuga parecia
imposible: de un lado la masa de enemigos, del otro
la hondonada infranqueable. Cabañas se acercó al
foso, lo midió de un vistazo y luego con la espada
en la vaina como en actitud de entregarse,
encaminóse al paso hacia los contrarios. Estos,
seguros de que iba a darse prisionero, le dejaron
hacer; mas de pronto, veloz como un meteoro, Cabañas
vuelve cara, devora el espacio que le separa del
barranco, se lanzó en éste...., y un instante
después, cuando los enemigos aún espantados corrian
a ver al que creyeran despedazado en la caída,
Cabañas, sonriendo altivamente subía a escape la
pendiente opuesta, y ya en la cima les saludaba con
su sombrero de anchas alas, y luego se perdía en la
llanura, corriendo como una centella. Jamás derramó
sangre, sino en el combate; pudo ser opulento, y
vivió pobre; pudo ser poderoso, y prefirió el
destierro; y nunca, jamás ni la sombra de una
deslealtad manchó su pensamiento.
En la devoción por sus ideales, un Don Quijote; en
el arrojo y gallardia, un Murat; en la pureza de su
vida, un Bayardo. Y en verdad, fue ese hombrecito un
caballero sin miedo y sin tacha.
APUNTES BIOGRAFICOS SOBRE
JOSE TRINIDAD CABAÑAS*
Por: Miguel Cálix Suazo
Presidente del Instituto Morazánico y
Coordinador Comisión Nacional Organizadora del
Bicentenario del Nacimiento de Cabañas.

“Cabañas en ese tiempo tenía cincuenta y dos
años, pero las zozobras y penalidades de vida
militar habían arrugado sus facciones. Sus
compatriotas siempre han tenido una inconmovible
confianza en su gestión política, a la que aun
los peores enemigos de su política liberal, nada
le pueden tachar ya que se inspira en los más
sanos propósitos. Cuando le agradecí sus
gentiles expresiones de bienvenida tan
“antiespañolas” en su evidente sinceridad, sentí
que cuando menos estaba frente a un hombre cuya
carrera política no había sido manchada por una
sola crueldad o rebajada por un solo acto
traicionero o indigno. Durante la conversación,
tuve la oportunidad de verificar los varios
informes que sobre su aspecto personal se me
habían dado. Su estatura, más bien diminuta,
estaba compensada por su esbeltez
extraordinaria, y en la plática sus ademanes
armonizaban con el juego inteligente de su
fisonomía. Es, en verdad, un noble ejemplo de
varón, pletórico de tranquila dignidad. Sus ojos
son dulces, obscuros e inteligentes. Sus
cabellos, otrora color castaño, son ahora
blancos y largos, mientras su barba, patriarcal
por su longitud y color níveo (la que de acuerdo
con su promesa solemne, no se ha cortado desde
la muerte del General Morazán) imparte un
interés adicional a la expresión triste de su
rostro. Cabañas está cubierto de heridas, que
recibió en innumerosos combates, muchos de ellos
perdidos en la historia del pequeño teatro de
guerra donde ocurrieron, pero casi increíbles
por su fiereza salvaje y por la profusión de la
sangre derramada”.
WILLIAM V. WELLS: EXPLORACIONES Y AVENTURAS
EN HONDURAS. OBRA PUBLICADA EN NEW YORK EN
IDIOMA INGLÉS EN 1857. EDICIÓN EN CASTELLANO DEL
BANCO CENTRAL DE HONDURAS. TALLERES TIPOGRÁFICOS
DEL BANCO CENTRAL DE HONDURAS, TEGUCIGALPA D.C.
“Cabañas no sólo es el Bayardo de Honduras,
el Caballero sin miedo y sin tacha, sino
también, el Cid Campeador de Centro América, que
combatiera constantemente por la Federación y
por la Patria. La vida de Cabañas es el poema
humano de la Libertad, que está esperando un
Romancero popular. La empresa federal: Dios,
Unión, Libertad, fue siempre su divisa. Cabañas
que gobernó en Honduras, tendrá siempre el suave
resplandor de la luna. No es posible hablar del
Gran Capitán centroamericano (Francisco Morazán)
que nació en Tegucigalpa, sin recordar al
ilustre soldado hondureño que muriera en
Comayagua. Estos héroes inseparables, que
cubiertos con el tricornio republicano, con la
banda del Magistrado al pecho, y montados sobre
el corcel de Batalla, señalan juntos con la
espada el horizonte, son hechos ciertamente para
el cantar de gesta y la epopeya. Son comparados
los dos, por su valor y sus virtudes, a los
varones de Plutarco, que engrandecieron a
Esparta, a Atenas y a Roma”.
CLETO GONZALEZ VIQUEZ (DOS VECES PRESIDENTE
DE COSTA RICA): “MORAZÁN Y CABAÑAS”. REVISTA DE
LA BIBLIOTECA Y ARCHIVO NACIONALES. TOMO XXI.
TIPOGRAFÍA NACIONAL, TEGUCIGALPA, D. C., 1942.
El más honrado hombre que ha producido
Centroamérica, José Trinidad Francisco Cabañas,
vino al mundo el día 9 de junio de 1805. Su fe
de bautismo, emitida el mismo día de su
nacimiento, contenida en el folio 98 del
Registro Eclesiástico de la Iglesia Parroquial
de San Miguel de Tegucigalpa, lo registra como
español y establece que recibió las aguas
bautismales de parte del padre Juan Francisco
Márquez, siendo hijo legítimo de don José María
Cabañas y de doña Juana María Fiallos.
EL LEGADO DE CABAÑAS*
Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Para mí es un gigante. Me cae mal que digan que
es héroe “porque murió pobre”, porque eso es una
estupidez, y un mensaje equivocado. Tampoco
Cabañas consideraba que ser “pobre” era un
merito. No quería ser serlo. Y nadie debe
desearlo del estado seglar. Se ufanaba mas bien
Cabañas en ser productivo: trabajaba
(cultivando, criando y vendiendo ganado, un poco
de minería y explotando el bosque para leña)
para salir de pobreza, en tiempos difíciles y
vivía lo mejor que podía, prescindiendo de lo
innecesario. (¿Para que quiere uno un traje
formal si vive junto a un corral?) Dice
explícitamente en una ocasión que quisiera tener
dinero, para auxiliar al Erario en la
republicana lipidia. Y muchas veces se
simplifica al héroe a la hora de mitificarlo,
sin entender de donde viene ni como se relaciona
la virtud que se le celebra de la honestidad con
muchas otras. Y me cae mal también que venga
alguien a decir que no pudo explotar el bosque
propio, como explotaba Morazán una concesión
forestal, porque habría sido “un depredador del
medio”. ¡Han perdido contacto con la realidad
estos ideólogos! ¿Qué se supone que debe hacer
la gente –morirse de hambre y sed, renunciando a
la reproducción-- para satisfacer a estos
fariseos? Algo tiene Cabañas de santo, pero no
era un ángel.
Uno de los problemas, he dicho, es que la
“historia de bronce”, la historia de los héroes
que, precisamente porque tiene su sentido no
debe falsificarse, sigue ineludiblemente
patrones y funciona como la hagiografía, la
historia de los santos, presentando modelos,
como dice la Messen, “aunque tengan por ahí unos
cadáveres en el armario”. Puesto que los héroes
deben de cumplir una serie de requisitos,
lógicamente sus historias se concentran en
llenar los patrones de esos modelos. Y la de
Cabañas sigue el modelo del héroe romano
Cincinato, símbolo de renunciación y honestísimo
y abnegado varón, que solo aceptaba salir al
servicio de sangre de su patria cuando era
preciso, en aquellos tiempos tan violentos como
los nuestros y luego rechazaba premios y
honores.
Una anécdota de la celebrada honradez de Cabañas
es el rechazo a la pensión vitalicia que le
ofreció un Congreso. “Todos los ciudadanos
tenemos la más estrecha obligación de servir a
la patria...” respondió. Me han hecho todo el
honor que quiero al nombrarme Soldado de la
patria, pero al otorgarme una pensión vitalicia
nos exponen al escarnio enemigo y se olvidan de
la penuria del erario publico. (El meritísimo
Froylan aceptaría después una pensión.)
“DESEARÍA TENER CUANTIOSAS RIQUEZAS QUE
SUMINISTRARLE, A FIN DE QUE CUBRIESE TANTAS Y
TAN IMPORTANTES ATENCIONES A QUE NO ES POSIBLE
ACUDIR POR FALTA DE MEDIOS, ¿CÓMO HABRÍA DE
QUERER AUMENTAR SUS APUROS GRAVÁNDOLO CON
ACEPTAR UNA PENSIÓN?”. Y en estos benditos
tiempos institucionalizados, por cuyos progresos
hay que agradecer al Señor, todo el mundo lleva
pensión: generales y coroneles y ex presidentes,
ex rectores y profesores que se jubilan con
sueldos de Ministros o de Comisionados! Pero se
mitifican y distorsionan los hechos cuando se
quiere que Cabañas fuese solo honesto y no lo
fuera nadie más.
Tengo la impresión de que la mitificación
empieza desde el momento mismo de su muerte.
Cabañas era un hombre que había inspirado a la
vez cariño y respeto por muchas virtudes. Era
tolerante: no hubo durante su gobierno violencia
ni “extrañamientos” como se decía, persecución,
confinamiento de adversario, en un tiempo en que
era común todo eso además de la expropiación y
el asesinato de los opositores. Probó ser un
genuino demócrata y conciliador (acepta el favor
de Lindo y ser presidente liberal con vice
conservador), pero siempre definido. Liberal,
centroamericanista, radical en su lealtad a
Morazán: “Mi amado General” confiesa
nerviosamente el Gral. Luis Maldonado, que le
decia Cabañas en su correspondencia. (Eran almas
gemelas he dicho yo, alter egos, el uno del
otro. Amigos genuinos, como siempre hay pocos.)
A diferencia de Lindo por ejemplo, que cambiaba
de idea y de partido y de gabinete según
soplaban los vientos de la conveniencia.
Pero hay que admirarle a Cabañas otro tipo de
honradez mas profunda y una valentía que quizás
solo Morazán igualo. Intrépido, Cabañas asustaba
a sus enemigos porque, sin ser nunca cruel, no
amagaba ni se guardaba un golpe. Y son estas
otras virtudes del héroe las que le dan sentido
a su honradez, la ponen en contexto. ¿Cómo dicen
los joyeros? ¿La engarzan? Porque de que
serviría --fuera de consuelo de inútiles-- que
un hombre fuese solo honesto, como que fuese
solo inteligente o solo valiente, “el Caballero
sin tacha y sin miedo.” Era todas esas cosas y
además...
Perseverante y pragmático. Fue un hombre
visionario, el primer impulsor del ferrocarril y
el café y la artesanía de junco. Un Presidente
educador, que aun siendo ganadero, impuso
impuestos a la exportación de ganado y madera
para establecer las primeras 50 escuelas
publicas pagadas por el erario nacional.
Modesto. A la hora que la Asamblea lo nombra
Vice Jefe de Estado, rehuye el nombramiento,
¡suplica que se reconsidere la elección y aduce
“que no esta preparado para tan alto cargo, que
es un soldado, que no tiene conocimientos de la
administración publica”! ¡Cuánto quisiéramos
modestia en los lideres de hoy! Como volvió a
rechazar su elección como presidente de la
Republica, después de la muerte de Juan Lindo
hasta que le convencieron de que no había
alternativa. O sea que el hombre tenia una
honradez intelectual que hoy parece casi
inverosímil, cuando cada perico de los palotes
cree que puede. Sin haber demostrado carácter ni
virtud.
Luego aunque es cierto (“de los eternos reveces”
dice Rosa) que cometió errores y perdió batallas
en las que estaba en condiciones de
inferioridad, no lo es que fuera mal soldado.
Por el contrario todos los testimonios que
tenemos (de sus amigos y de sus enemigos)
confirman que lograba inspirar una gran
confianza de su tropa para movimientos audaces y
desconcertantes en el campo de batalla y que era
temido de sus enemigos, que los comparaban con
“un demonio, un rayo” según palabras del mulato
Ferrera. Y finalmente leal. Recordé en el foro
aunque se estilaba entonces una barba muy
recortada y pulida, el chaparro de Cabañas usaba
una larga barba de profeta, en memoria y
protesta por el asesinato de Morazán. Y a la
nación centroamericana, mas allá de cualquier
partido o facción.
Cualquiera diría que habría sido imposible
atacarlo. Pero sus enemigos lo acusaron de vende
patrias y hasta llegaron a insinuar que buscaba
beneficiarse de la contrata con Squier. Pero
Cabañas rehusó la ayuda de Walker, por quien
“juro que nunca mas combatiría a un gobierno
centroamericano, mientras un filibustero pisara
suelo patrio”. Quizás como otros habían creído
que podía encontrar en los estadounidenses una
fuerza con que equilibrar la agresividad de los
ingleses pero, viéndolo, cae en cuenta que es un
caballo de Troya que habían metido
inadvertidamente al corazón del istmo. Loor a
Cabañas compañeros, este chaparro de barba
despeinada que todavía inspira, 200 años
después, el fiero patriotismo de unos pocos, la
incomprensión de muchos y este homenaje también
personal por su lucidez. ¡Y que no duerma
pensando en él nuestro enemigo!
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*Fuente original de ambos artículos:
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