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José Trinidad Cabañas Fiallos


Periodo: 1 de Marzo de 1852 al 18 de Octubre de 1855.

Nació en Tegucigalpa el 9 de Junio de 1805. Sus padres José María Cabañas Rivera y Juana Fiallos. Estudio en el Colegio Tridentino de Comayagua. En 1827 cuando las fuerzas de Justo Milla invaden Comayagua y derrocan al Gobierno de Dionisio de Herrera, presta su
cooperación en la defensa del gobierno. Es soldado en la Batalla de la Trinidad el 11 de Noviembre de 1827. Diputado de la Asamblea Constituyente de 1830. El 13 de Noviembre de 1839 triunfa en la Batalla en el Sitio de la Soledad, en inmediaciones de Tegucigalpa,
sobre las fuerzas del General Francisco Zelaya y Ayes. Derrotado el 31 de Enero de 1840 en el sitio de Los Llanos del Potrero, por Francisco Zelaya y Ayes. Participa en la retira de Guatemala en 1840. Sale de Costa Rica en 1842. Ministro de Guerra en diciembre de 1850.
Vencido en la Batalla del Sitio de San José de la Arada el 2 de febrero de 1851.

Residiendo en la Ciudad de San Miguel , en la República de El Salvador fue comunicado por una Comisión de Senadores formada por Francisco López, Vicente Vaquero y León Alvarado, de los resultados de las elecciones celebradas en Honduras a finales de 1851, en donde los resultados le eran favorables. La Asamblea Legislativa de Honduras le envió el Decreto de Elección como Presidente Constitucional de Honduras. Presta la promesa de Ley y toma posesión del cargo el 1 de Marzo de 1852. En calidad de Vice-Presidente se elige a José Santiago Bueso.

Los esfuerzos por mejorar el cultivo del Café son significativos y la Instrucción Pública. Firma el 23 de Junio de 1853 la primera contrata para la Construcción del Ferrocarril Interoceánico de Honduras. Nombra a José Francisco Barrundia, Ministro Plenipotenciario en Washington .

La Asamblea Constituyente de Centro América, reunida en Tegucigalpa el 13 de Octubre de 1852, con el objetivo de restablecer la Federación nombra como Presidente Provisional al General Cabañas. Declina el cargo y el Vice Presidente Pedro Molina asume las tareas de celebrar asambleas en El Salvador y Nicaragua. Durante el año 1853, los hostigamientos del Presidente guatemalteco, General Rafael Carrera son constantes. Deposita la presidencia del país en el General Francisco Gómez durante el periodo del 9 de Mayo al 31 de Diciembre de 1853, para conducir en forma personal la campaña militar contra Guatemala. Instala en Gracias su cuartel general.

Vuelve a la Presidencia el 1 de Enero de 1854. Las condiciones políticas son difíciles. En Julio de ese mismo año envía una columna militar hacia Nicaragua bajo la jefatura del General Francisco Gómez, quien muere atacado por el Cólera el 25 de Julio de 1854, sin lograr los objetivos de imponer los partidarios de la vieja Federación.

En 1855 las agresiones guatemaltecos son reiteradas. El general Rafael Carrera declara que su objetivo en Honduras, es derrocar al General José Trinidad Cabañas. Derrotado por las fuerzas guatemaltecas en los Llanos de Santa Rosa y Gracias el 6 de Julio de 1855. Su ejercito es aplastado en la acción de Masaguara ( Cerca del Valle de Jesús de Otoro),el 6 de Octubre de 1855, por el ejército encabezado por el General Juan López. El vencedor de la Acción de Masaguara, General Juan López llama al Vice-Presidente José Santiago Bueso a desempeñar la titularidad del Ejecutivo, el 18 de Octubre de 1855. Argumentando razones de enfermedad deja la Presidencia en la Persona del Senador Francisco de Aguilar, el 8 de Noviembre de 1855.Se refugia en El Salvador, viajando a Nicaragua a solicitar apoyo para recuperar la Presidencia de Honduras.No obtuvo apoyo, por cuanto el Presidente Patricio Rivas se encontraba influenciado por el aventurero Williams Walker. Se refugia en El Salvador en Octubre de 1855. Ministro y Presidente de El Salvador. Gobernador Civil y Militar de San Miguel en 1859-1863. Regresa a Honduras en 1867. Nombrado por la administración del Presidente José María Medina, Intendente de la Aduana de Trujillo.Regresó a El Salvador donde permaneció muchos años. En 1867 Regresa a Honduras. Inicia campaña contra la presencia del Filibustero Williams Walker en Centro América.

Falleció en Comayagua el 8 de Enero de 1871. Sus restos descansan en la Iglesia de San Sebastián.

ANÉCDOTA:

El relojito del general Cabañas

Reloj de Bolsillo MontreGoussetCuando el ilustre soldado de la Patria don José Trinidad Cabañas, ejercía la Presidencia de la República, llegó ante su presencia un ciudadano de esos que no conocen la inmaculada honradez de ciertos gobernantes y sobre todo el definido criterio que se han formado acerca de los hombres y su actuación.

El personaje a que nos referimos, llegó ante el General Cabañas llevándole de regalo un bonito reloj de bolsillo, y el caballero sin tacha agradeció el regalo sin enterarse de su contenido y en la forma en que se lo entregaron, así lo guardó muy cuidadosamente.

Días después llegó el mismo personaje ante el General Cabañas, solicitándole algo oneroso para el país y en donde se ofendía de manera extrema la personalidad de uno de los gobernantes más honrados que ha tenido el país, pues él no se prestaría de ningún modo a que se llevaran a cabo negocios turbios en beneficio del solicitante, sino que de personas allegadas al Mandatario, que éste un día de tantos, y con una sonrisa poco común en él, le dijo: “Vea amigo, lo que me solicita será imposible que se lo conceda, pero en cambio le hago este regalito, que le ruego aceptarlo".

El personaje de marras, estuvo a punto de que le diera un vértigo, cuando se dio cuenta de que el obsequio que le había hecho el General Cabañas era el mismo relojito que él le había obsequiado, y su sorpresa aumentó, cuando se dio cuenta cabal, de que ni siquiera lo había desenvuelto, para darse cuenta de su contenido.

Tomado de la revista Morazán en la Historia, Septiembre de 1981; tal como apareció en su versión electrónica en Nacer en Honduras BlogSpot:

http://nacerenhonduras.blogspot.com/2010/12/el-relojito-del-general-cabanas.html

FRASES CÉLEBRES

“El poder depositado en las manos de los legisladores no es absoluto. Debe arreglarse a los principios eternos de justicia, debe respetar los derechos y garantías de los ciudadanos, debe hacer contrapesos que aseguren de modo posible el equilibrio de la razón.”

"Hay, pues, algo imprescindible, algo más importante que los intereses materiales, que la utilidad de presente, y es el honor del país y los derechos del pueblo”
“Hay un derecho constitucional en el pueblo inherente a su soberanía, y el fundamento supremo de todas las libertades públicas; este es el derecho de la prensa libre. Yo debo manifestaros en este punto mi programa y mi principio. En la discusión de la política y de la administración pública, no ha limitación posible, no hay formas prohibidas.
El público es el juez, y toda coartativa es un ataque a la soberanía y a la ilustración del pueblo. Los escritos sin razón, sin pudor o sin verdad caen por si mismos desechados por la razón pública, o tienen alguna justicia y fundamento, y sirven de ilustración al gobierno. Estoy persuadido que no ha caso   en que convenga la represión: si no es en los que toquen el sagrado de la conducta privada.
Yo deseo, pues, que la libertad de prensa sea de hecho ilimitada, y que mi administración sea censurada de cualquier manera, siempre que ella desagrade a mis conciudadanos. Para que yo pueda conocer la opinión, para que pueda saber mis extravíos, os encargo que me iluminéis con la razón de vuestros escritos, que me corrijáis con vuestra censura.
Lejos de reprimir, ni aún indirectamente, vuestro soberano derecho, me aprovecharé de vuestras luces y opiniones, veré con tolerancia más aun los desahogos de la pasión y la causticidad de los partidos.
¿Y por qué? Es por que siempre deben servirme de norte aun las opiniones de los que pudieren ser mis enemigos; es por eso que estoy seguro del buen sentido y de la justicia del pueblo hondureño; es por eso que quiero que mi conciencia pública nada tenga que temer del juicio de mis conciudadanos; pero sobre todo, es por eso que quiero siempre concertar mi Gobierno y medirlo en la balanza de la razón pública.
Y yo os protesto, conciudadanos, que si por accidente llego a comprender y a convencerme por el examen diario que me propongo hacer del Estado de la opinión, y para el cual quiero que esta se manifieste francamente, aunque sea desbordándose, que al juicio de la generalidad o de la mayoría desaprueba la administración; o bien crea que me he separado de mis deberes y de mi programa, o por que este no satisfaga sus deseos, y sus esperanzas, os protesto digo, que en cualquier época de mi período volveré sereno a mi vida privada sin turbación y sin escándalo. No seré yo, a fe, el permita en mandaros contra nuestra voluntad o perdida ya vuestra confianza.
Yo tornaré tranquilo a mi elemento natural que es el hogar doméstico, y vosotros me llamaréis para emplear mi espada a favor de vuestra libertad, siempre que la creáis amenazada.
No perderé jamás vuestro favor aun cuando difiriéramos en opinión. Vosotros me comprendéis, y yo os comprendo. Bien sea en el gobierno; bien en lo privado, o en el campo de batalla, vosotros reconoceréis tres cosas en mi corazón y mis hechos: EL PUEBLO HONDUREÑO, LA LIBERTAD, LA NACIONALIDAD.”
José Trinidad Cabañas

``En la devoción por sus ideales, un Don Quijote; en el arrojo y gallardía, un Murat; en la pureza de su vida, un Bayardo. Y en verdad, fue ese hombrecito un caballero sin miedo y sin tacha´´.

``Fue el Quijote de la América", escribió el historiador salvadoreño Alberto Masferrer al describir a José Trinidad Cabañas, este prócer que vio la luz del mundo un 9 de junio de 1805 en Tegucigalpa.

En época en que el coronel Justo Milla sitiaba la ciudad de Comayagua, el señor José María Cabañas, su padre, acompañado de sus tres hijos: Trinidad, Urbano y Gregorio, se presentó ante Dionisio de Herrera y le manifestó:

``Señor, el peso de mis años no me permite acompañaros al campo de batalla pero aquí tenéis a mis tres hijos que pueden lo que yo debiera hacer, dispuestos a derramar su sangre al pie de la bandera que defendeis´´. Así inició Cabañas su carrera militar.

Ingresó al ejército bajo las órdenes del general Morazán.

La Asamblea General del Estado de Honduras instalada en Comayagua, lo eligió presidente del Estado en enero de 1852. Su administración sólo duró tres años y medio, durante los cuales fomentó la instrucción pública, la agricultura y minería.

Fue condecorado con el título "Soldado de la Patria". Falleció el 8 de enero de 1871, a la edad de 65 años en la ciudad de Comayagua.

Artículo aparecido en la Revista Correo Literario de Honduras, Año I, No. 1,
Tegucigalpa, D.C., Honduras, C.A.
Por: Alberto Masferrer (Salvadoreño)

"En la devoción por sus ideales, un Don Quijote; en el arrojo y gallardia, un Murat; en la pureza de su vida, un Bayardo.
Y en verdad, fue ese hombrecito un caballero sin miedo y sin tacha."

Errando por las aldeas silenciosas y los solitarios caminos de la que antes fuera una sola patria, he recogido estas leyendas, que tal vez son historia. "Cabañas fue el Quijote de la América". Enamorado de una idea, jamás contó los enemigos, ni sospechó el miedo, ni aquilató el peligro. Derrotado cien veces, volvió siempre a la carga con la misma fe, con el mismo entusiasmo de sus primeras aventuras. No conoció el orgullo: siendo la lucha por sus ideales, allí corria de jefe o de soldado, leal y bravo, entre los bravos y los leales. El primero entraba al combate con su sencillo dorman azul, ondeante la barba de nieve, firme en la silla como un centauro. Se retiraba el último, acribillado a balazos, cuando solo ya en la pelea, notaba que podía caer prisionero. Muerto, si; rendido, no. Y mientras aquel hombre no cayera de su corcel, ni perdiera su espada, seguro estaba que los vencedores no le aprisionaban. Para esto tenía aquella maniobra suya que llamaba "romper la línea". Cosa fácil: romper la línea era ir solo o acompañado, retrocederla por buen trecho, hundir las espuelas en el vientre de su caballo, partir como un ciclón sobre los enemigos, abrirse camino a sablazos, saltar por las ballonetas, y ya al otro lado, volverse, saludar con la espada, e ir luego a curarse de cinco o seis heridas. Esto era "romper la línea", y jamás falló en la maniobra. Cuentan que le vencian siempre. Yendo de jefe llevaba él su plan, mas a las primeras descargas olvidaba su empleo; que su verdadero lugar estaba en lo más fragoroso del combate, y allá se entraba hendiendo craneos y tajando brazos, como un Rolando o un Oliveros; celebrando los grandes golpes, fueran de amigos o de adversarios; saludando a los que de su camino se apartaban; resucitando en plena edad barbara las hazañas de los siglos caballerescos. Cosas tenía que hubieran agotado la paciencia de Sancho Panza. Como ésta: A su cargo estaba la defensa de La Unión, sobre la cual venía el terrible guerrillero Guardiola. Este era el hombre de las marchas veloces y de los golpes inesperados. Mas en esa ocasión se hallaba a quince leguas y era imposible que atacara antes de veinticuatro horas.

Guardiola hizo la jornada en doce horas, sorprendió a Cabañas, le destrozó, le puso en fuga y tomó la plaza. A la caída de la tarde, iba camino a Conchagua un jinete, solo, cabizbajo, al cansado andar de su caballo, que no sentia la presión de la brida. De pronto volvió atrás, llegó a La Unión, pidió ver a Guardiola, diciéndose portador de urgentes noticias, y lleváronle ante un grupo de oficiales, que todavia comentaban la reciente victoria, y allí preguntó por el jefe.

-Soy yo, ¿qué se le ofrece?
-¿Me conoce usted?
-No, ¿quién es?
-Soy Cabañas.


Y con la respuesta le cruzó el rostro a latigazos. Poco después, herido de tres balas, el mismo jinete volaba por el camino a Conchagua. De filo, su espada era un hacha; de plano era una maza. En León, después de aquella gran resistencia de treinta días, cuando agotados los recursos no quedaba ya otro arbitrio que rendirse al implacable Malespin, Cabañas, uno de los defensores de la plaza, invitó a sus amigos a "romper la línea". Doscientos aceptaron. Era el intento de pasar sobre las cerradas filas de los sitiadores; pasar o quedar allí hasta el último: los doscientos eran reliquias de las falanges Morazánicas. Formóse el escuadrón, y en él quiso Cabañas ocupar el último sitio, para no salvarse sino cuando todos estuvieran a salvo.

El escuadrón rompió como tromba; muchos perecieron, los más pasaron. Cabañas iba el último. Al llegar a la postrera fila de enemigos su espada iba a caer sobre un sargento que le cerraba el paso, mas viéndole que se apartaba, el bizarro jinete le saludó y siguió adelante. De súbito sintió un bayonetazo en la espalda. Cabañas volvió la cara, cayó sobre el felón, y le asestó un cintarazo sobre la cabeza. "Y del golpe, -me contaba un testigo-, de aquel simple golpe el sargento cayó muerto sin decir: ¡Jesús!" Cabañas, como Don Quijote, habría desafiado a un león. No llegó el caso, mas no vaciló en desafiar a Carrera, que era un tigre.

Morazán erraba en el destierro y el porquerizo daba la ley a Centroamérica. ¿Quién era el loco que iba a enojarle? Cabañas. Llegado a la Presidencia de Honduras, sin dinero, sin armas, sin soldados casi, le declaró la guerra. Pudo ser el obediente vasallo de Carrera, vivir en el poder, hartarse de dinero y de goces, pero su oficio era desfacer entuertos; Carrera era un follón, un malandrín y como a tal había que combatirle, aunque todos los endriagos de la tierra vinieran en su contra.

Y le combatió, sin tregua, sin calcular los resultados; y fue vencido, porque en esta miserable tierra los reveses son el patrimonio de los nobles andantes, y la fortuna se va enamorada tras los mal nacidos. En Grecia hubiera dado origen a la leyenda de los Centauros. Tanta era, en verdad, su destreza de cabalgador, que aún disputan las buenas gentes sobre si no era un don diabólico aquel su compañero que de tan grandes peligros le salvara.

Fue en Masaguara donde se libró el último combate contra las huestes de Carrera. La batalla se dio en una meseta cortada por hondo barranco. Cuando nuestro paladin notó su derrota, unos pocos le acompañaron, y toda esperanza de fuga parecia imposible: de un lado la masa de enemigos, del otro la hondonada infranqueable. Cabañas se acercó al foso, lo midió de un vistazo y luego con la espada en la vaina como en actitud de entregarse, encaminóse al paso hacia los contrarios. Estos, seguros de que iba a darse prisionero, le dejaron hacer; mas de pronto, veloz como un meteoro, Cabañas vuelve cara, devora el espacio que le separa del barranco, se lanzó en éste...., y un instante después, cuando los enemigos aún espantados corrian a ver al que creyeran despedazado en la caída, Cabañas, sonriendo altivamente subía a escape la pendiente opuesta, y ya en la cima les saludaba con su sombrero de anchas alas, y luego se perdía en la llanura, corriendo como una centella. Jamás derramó sangre, sino en el combate; pudo ser opulento, y vivió pobre; pudo ser poderoso, y prefirió el destierro; y nunca, jamás ni la sombra de una deslealtad manchó su pensamiento.

En la devoción por sus ideales, un Don Quijote; en el arrojo y gallardia, un Murat; en la pureza de su vida, un Bayardo. Y en verdad, fue ese hombrecito un caballero sin miedo y sin tacha.

APUNTES BIOGRAFICOS SOBRE JOSE TRINIDAD CABAÑAS*

Por: Miguel Cálix Suazo
Presidente del Instituto Morazánico y Coordinador Comisión Nacional Organizadora del Bicentenario del Nacimiento de Cabañas.

“Cabañas en ese tiempo tenía cincuenta y dos años, pero las zozobras y penalidades de vida militar habían arrugado sus facciones. Sus compatriotas siempre han tenido una inconmovible confianza en su gestión política, a la que aun los peores enemigos de su política liberal, nada le pueden tachar ya que se inspira en los más sanos propósitos. Cuando le agradecí sus gentiles expresiones de bienvenida tan “antiespañolas” en su evidente sinceridad, sentí que cuando menos estaba frente a un hombre cuya carrera política no había sido manchada por una sola crueldad o rebajada por un solo acto traicionero o indigno. Durante la conversación, tuve la oportunidad de verificar los varios informes que sobre su aspecto personal se me habían dado. Su estatura, más bien diminuta, estaba compensada por su esbeltez extraordinaria, y en la plática sus ademanes armonizaban con el juego inteligente de su fisonomía. Es, en verdad, un noble ejemplo de varón, pletórico de tranquila dignidad. Sus ojos son dulces, obscuros e inteligentes. Sus cabellos, otrora color castaño, son ahora blancos y largos, mientras su barba, patriarcal por su longitud y color níveo (la que de acuerdo con su promesa solemne, no se ha cortado desde la muerte del General Morazán) imparte un interés adicional a la expresión triste de su rostro. Cabañas está cubierto de heridas, que recibió en innumerosos combates, muchos de ellos perdidos en la historia del pequeño teatro de guerra donde ocurrieron, pero casi increíbles por su fiereza salvaje y por la profusión de la sangre derramada”.

WILLIAM V. WELLS: EXPLORACIONES Y AVENTURAS EN HONDURAS. OBRA PUBLICADA EN NEW YORK EN IDIOMA INGLÉS EN 1857. EDICIÓN EN CASTELLANO DEL BANCO CENTRAL DE HONDURAS. TALLERES TIPOGRÁFICOS DEL BANCO CENTRAL DE HONDURAS, TEGUCIGALPA D.C.

“Cabañas no sólo es el Bayardo de Honduras, el Caballero sin miedo y sin tacha, sino también, el Cid Campeador de Centro América, que combatiera constantemente por la Federación y por la Patria. La vida de Cabañas es el poema humano de la Libertad, que está esperando un Romancero popular. La empresa federal: Dios, Unión, Libertad, fue siempre su divisa. Cabañas que gobernó en Honduras, tendrá siempre el suave resplandor de la luna. No es posible hablar del Gran Capitán centroamericano (Francisco Morazán) que nació en Tegucigalpa, sin recordar al ilustre soldado hondureño que muriera en Comayagua. Estos héroes inseparables, que cubiertos con el tricornio republicano, con la banda del Magistrado al pecho, y montados sobre el corcel de Batalla, señalan juntos con la espada el horizonte, son hechos ciertamente para el cantar de gesta y la epopeya. Son comparados los dos, por su valor y sus virtudes, a los varones de Plutarco, que engrandecieron a Esparta, a Atenas y a Roma”.

CLETO GONZALEZ VIQUEZ (DOS VECES PRESIDENTE DE COSTA RICA): “MORAZÁN Y CABAÑAS”. REVISTA DE LA BIBLIOTECA Y ARCHIVO NACIONALES. TOMO XXI. TIPOGRAFÍA NACIONAL, TEGUCIGALPA, D. C., 1942.

El más honrado hombre que ha producido Centroamérica, José Trinidad Francisco Cabañas, vino al mundo el día 9 de junio de 1805. Su fe de bautismo, emitida el mismo día de su nacimiento, contenida en el folio 98 del Registro Eclesiástico de la Iglesia Parroquial de San Miguel de Tegucigalpa, lo registra como español y establece que recibió las aguas bautismales de parte del padre Juan Francisco Márquez, siendo hijo legítimo de don José María Cabañas y de doña Juana María Fiallos.

EL LEGADO DE CABAÑAS*

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

 

Para mí es un gigante. Me cae mal que digan que es héroe “porque murió pobre”, porque eso es una estupidez, y un mensaje equivocado. Tampoco Cabañas consideraba que ser “pobre” era un merito. No quería ser serlo. Y nadie debe desearlo del estado seglar. Se ufanaba mas bien Cabañas en ser productivo: trabajaba (cultivando, criando y vendiendo ganado, un poco de minería y explotando el bosque para leña) para salir de pobreza, en tiempos difíciles y vivía lo mejor que podía, prescindiendo de lo innecesario. (¿Para que quiere uno un traje formal si vive junto a un corral?) Dice explícitamente en una ocasión que quisiera tener dinero, para auxiliar al Erario en la republicana lipidia. Y muchas veces se simplifica al héroe a la hora de mitificarlo, sin entender de donde viene ni como se relaciona la virtud que se le celebra de la honestidad con muchas otras. Y me cae mal también que venga alguien a decir que no pudo explotar el bosque propio, como explotaba Morazán una concesión forestal, porque habría sido “un depredador del medio”. ¡Han perdido contacto con la realidad estos ideólogos! ¿Qué se supone que debe hacer la gente –morirse de hambre y sed, renunciando a la reproducción-- para satisfacer a estos fariseos? Algo tiene Cabañas de santo, pero no era un ángel.

Uno de los problemas, he dicho, es que la “historia de bronce”, la historia de los héroes que, precisamente porque tiene su sentido no debe falsificarse, sigue ineludiblemente patrones y funciona como la hagiografía, la historia de los santos, presentando modelos, como dice la Messen, “aunque tengan por ahí unos cadáveres en el armario”. Puesto que los héroes deben de cumplir una serie de requisitos, lógicamente sus historias se concentran en llenar los patrones de esos modelos. Y la de Cabañas sigue el modelo del héroe romano Cincinato, símbolo de renunciación y honestísimo y abnegado varón, que solo aceptaba salir al servicio de sangre de su patria cuando era preciso, en aquellos tiempos tan violentos como los nuestros y luego rechazaba premios y honores.

Una anécdota de la celebrada honradez de Cabañas es el rechazo a la pensión vitalicia que le ofreció un Congreso. “Todos los ciudadanos tenemos la más estrecha obligación de servir a la patria...” respondió. Me han hecho todo el honor que quiero al nombrarme Soldado de la patria, pero al otorgarme una pensión vitalicia nos exponen al escarnio enemigo y se olvidan de la penuria del erario publico. (El meritísimo Froylan aceptaría después una pensión.) “DESEARÍA TENER CUANTIOSAS RIQUEZAS QUE SUMINISTRARLE, A FIN DE QUE CUBRIESE TANTAS Y TAN IMPORTANTES ATENCIONES A QUE NO ES POSIBLE ACUDIR POR FALTA DE MEDIOS, ¿CÓMO HABRÍA DE QUERER AUMENTAR SUS APUROS GRAVÁNDOLO CON ACEPTAR UNA PENSIÓN?”. Y en estos benditos tiempos institucionalizados, por cuyos progresos hay que agradecer al Señor, todo el mundo lleva pensión: generales y coroneles y ex presidentes, ex rectores y profesores que se jubilan con sueldos de Ministros o de Comisionados! Pero se mitifican y distorsionan los hechos cuando se quiere que Cabañas fuese solo honesto y no lo fuera nadie más.

Tengo la impresión de que la mitificación empieza desde el momento mismo de su muerte. Cabañas era un hombre que había inspirado a la vez cariño y respeto por muchas virtudes. Era tolerante: no hubo durante su gobierno violencia ni “extrañamientos” como se decía, persecución, confinamiento de adversario, en un tiempo en que era común todo eso además de la expropiación y el asesinato de los opositores. Probó ser un genuino demócrata y conciliador (acepta el favor de Lindo y ser presidente liberal con vice conservador), pero siempre definido. Liberal, centroamericanista, radical en su lealtad a Morazán: “Mi amado General” confiesa nerviosamente el Gral. Luis Maldonado, que le decia Cabañas en su correspondencia. (Eran almas gemelas he dicho yo, alter egos, el uno del otro. Amigos genuinos, como siempre hay pocos.) A diferencia de Lindo por ejemplo, que cambiaba de idea y de partido y de gabinete según soplaban los vientos de la conveniencia.

Pero hay que admirarle a Cabañas otro tipo de honradez mas profunda y una valentía que quizás solo Morazán igualo. Intrépido, Cabañas asustaba a sus enemigos porque, sin ser nunca cruel, no amagaba ni se guardaba un golpe. Y son estas otras virtudes del héroe las que le dan sentido a su honradez, la ponen en contexto. ¿Cómo dicen los joyeros? ¿La engarzan? Porque de que serviría --fuera de consuelo de inútiles-- que un hombre fuese solo honesto, como que fuese solo inteligente o solo valiente, “el Caballero sin tacha y sin miedo.” Era todas esas cosas y además...

Perseverante y pragmático. Fue un hombre visionario, el primer impulsor del ferrocarril y el café y la artesanía de junco. Un Presidente educador, que aun siendo ganadero, impuso impuestos a la exportación de ganado y madera para establecer las primeras 50 escuelas publicas pagadas por el erario nacional.

Modesto. A la hora que la Asamblea lo nombra Vice Jefe de Estado, rehuye el nombramiento, ¡suplica que se reconsidere la elección y aduce “que no esta preparado para tan alto cargo, que es un soldado, que no tiene conocimientos de la administración publica”! ¡Cuánto quisiéramos modestia en los lideres de hoy! Como volvió a rechazar su elección como presidente de la Republica, después de la muerte de Juan Lindo hasta que le convencieron de que no había alternativa. O sea que el hombre tenia una honradez intelectual que hoy parece casi inverosímil, cuando cada perico de los palotes cree que puede. Sin haber demostrado carácter ni virtud.

Luego aunque es cierto (“de los eternos reveces” dice Rosa) que cometió errores y perdió batallas en las que estaba en condiciones de inferioridad, no lo es que fuera mal soldado. Por el contrario todos los testimonios que tenemos (de sus amigos y de sus enemigos) confirman que lograba inspirar una gran confianza de su tropa para movimientos audaces y desconcertantes en el campo de batalla y que era temido de sus enemigos, que los comparaban con “un demonio, un rayo” según palabras del mulato Ferrera. Y finalmente leal. Recordé en el foro aunque se estilaba entonces una barba muy recortada y pulida, el chaparro de Cabañas usaba una larga barba de profeta, en memoria y protesta por el asesinato de Morazán. Y a la nación centroamericana, mas allá de cualquier partido o facción.

Cualquiera diría que habría sido imposible atacarlo. Pero sus enemigos lo acusaron de vende patrias y hasta llegaron a insinuar que buscaba beneficiarse de la contrata con Squier. Pero Cabañas rehusó la ayuda de Walker, por quien “juro que nunca mas combatiría a un gobierno centroamericano, mientras un filibustero pisara suelo patrio”. Quizás como otros habían creído que podía encontrar en los estadounidenses una fuerza con que equilibrar la agresividad de los ingleses pero, viéndolo, cae en cuenta que es un caballo de Troya que habían metido inadvertidamente al corazón del istmo. Loor a Cabañas compañeros, este chaparro de barba despeinada que todavía inspira, 200 años después, el fiero patriotismo de unos pocos, la incomprensión de muchos y este homenaje también personal por su lucidez. ¡Y que no duerma pensando en él nuestro enemigo!

*Fuente original de ambos artículos:

Por qué los Cabañas Fiallos se fueron de Tegucigalpa.  Y algo más...

por Ismael Zepeda Ordóñez

Una de las debilidades de la Historia como discurso de justificación es cuando se contrasta con la documentación o evidencia del hecho histórico toda su construcción se derrumba y cae hecha añicos. Es una suerte de castillo de naipes ante la fuerza de prueba del documento. Y, eso sucede entre nosotros, cuando revisamos los escasos trabajos biográficos de protagonistas de la historia política nacional. Muchos eventos que destacamos y los consideramos relevantes para resaltar su papel de actores en el escenario nacional, entran en el terreno de la ficción cuando se cotejan con los documentos. La mayoría de los historiadores sabemos que la familia del general José Trinidad Francisco Cabañas Fiallos se marchó de Tegucigalpa hacia Comayagua en 1811. Algunos aseguran que era para estudiar en el Colegio Tridentino (Félix Salgado, 1927)¹, otros, (Alvarado Ordóñez, 1971)², para acogerse al beneficio de amigos verdaderos y gozaba de la estimación de las altas autoridades coloniales. Antes de proseguir, es justo reconocer que algunos de nuestros compatriotas, honrados como próceres y héroes de nuestra nacionalidad y que ocupan un alto sitial en el altar cívico de la Patria; los hemos tratado con mucha delicadeza.

Sentimos vergüenza y un tanto apenados, por no decir desconsiderados, si hablamos sobre la conducta inapropiada de Dionisio de Herrera en el manejo de fondos públicos, sobre las contratas de maderas y la maquina del cuño que Morazán contrató con el Estado hondureño, el peculado de Marco Aurelio Soto o Luis Bográn, o los reconocimientos escandalosos por pérdidas de guerra a Policarpo Bonilla y Manuel Bonilla. Pero algunos hondureños que tienen méritos para figurar en el altar de la Patria son tratados como bandidos. A ellos, Francisco Ferrera y Santos Guardiola, entre otros, los reprochamos inmediatamente sus tropelías y son estigmatizados como enemigos de la Patria Grande o los declaramos antimorazanistas para enfatizar nuestro menosprecio. El mismo José María Medina no ha sido suficientemente valorado en su gestión gubernamental. La primera victoria frente a tropas salvadoreñas en junio de 1845 en el gobierno de Coronado Chávez, no es reconocida en términos militares o políticos en la versión de la historia manejada por pensadores afines al liberalismo como doctrina filosófica, e interpretarse como un intento de darle al Estado nación su configuración territorial. Aún cuando se emitió un decreto legislativo en junio de 1846 que declaró Fiesta Cívica esa efemérides. Igualmente, sucede con el incendio a una parte de la ciudad de Comayagua por tropas salvadoreñas comandadas por el General Trinidad Cabañas Fiallos el año de 1845. No hay comentarios. Solo justificaciones.

Entonces, respondamos: por qué se fueron los Cabañas-Fiallos de Tegucigalpa. Con la documentación revisada podemos concluir: don José María Cabañas se declaró en quiebra, agobiado por las deudas y la persecución de los acreedores. Esta es la razón por la cual esa familia abandonó Tegucigalpa. El historiador don Juan Bautista de la Cruz Valladares Rodríguez, comenta: “Probablemente, a fines del año de 1810 don José María Cabañas se trasladó con su familia a Comayagua, buscando la protección o llamado por el Dr. Fiallos, hermano legítimo de su esposa doña Juana María Fiallos. Estando cerca de tan poderoso protector y pariente, la familia Cabañas-Fiallos debe de haber subsistido con algún desahogo. Prueba de ello es que no hay constancia de que regresaron a vivir de nuevo a Tegucigalpa”³. Quién era ese famoso pariente. Nada menos que el Doctor en Teología Juan Miguel Fiallos, Dignidad de Deán de la Santa Iglesia Catedral, Comisario del Santo Oficio, Juez de Capellanía y Obras Pías, Provisor, Vicario General y Gobernador Apostólico de Comayagua?.

En 1817 don José María Cabañas es requerido por el Alcalde Mayor interino Teniente Coronel Simón Gutiérrez para responder por 6,877 pesos y 7 reales del ramo de diezmos de la Parroquia de Cantarranas durante el trienio (1813-1814 y 1815)?. El padre Comendador de La Merced, Fray Manuel Ignacio González, le reclama pagos de los réditos sobre la Hacienda de Río Hondo por dos hipotecas registradas en 1816, cuyos valores son de 1050 y 1470 pesos. Los réditos por 5 años, entre 1816-1820, eran 400 pesos: “la mencionada Hacienda Río Hondo haya padecido muchos quebrantos y ruinas, que la han hecho disminuir de su valor notablemente”?. En el acta del 25 de septiembre de 1829 de la Municipalidad de Tegucigalpa, se lee: “Los Cabañas Fiallos deben al gobierno 600 pesos por impuestos”. En las listas de deudores de la Real Hacienda de diezmos en 1818 el nombre de José María Cabañas, figura entre ellos. Estas fueron las razones poderosísimas porque la familia Cabañas-Fiallos emigró de Tegucigalpa a Comayagua. Deudas mayores de 10,000 pesos más intereses en las primeras décadas del siglo XIX le quitan el sueño a cualquier, y para evadir la acción de los acreedores la mejor vía era acogerse a la protección del Vicario General Fiallos.

Y lo algo más, es un tema muy espinoso. Está relacionado con la pensión otorgada en mayo de 1851. Muchos comentaristas han llegado al extremo de aprenderse de memoria la carta del General Cabañas rechazando ese beneficio. Que no es nuevo para esa época, considerando sobre todo su rango militar de General de División. Pero negar que no recibiera ese beneficio después de dejar el cargo de presidente, derrocado, es ir contra la prueba documental. Es una especie de oda a la antihistoria. En tal sentido, hay que reconocer que el Capitán General José María Medina le dispensó un trato especial al General Cabañas; ¿para compensar su traición en la defensa de Omoa?, se preguntarán algunos. El 22 de marzo de 1866, Cabañas empezó a recibir los pagos por concepto de pensión conforme al decreto del 31 de mayo de 1851?. En septiembre de ese mismo año recibió 1683 pesos con bonos de Primera Clase, correspondiente al año 1865?. Magín Serra, administrador de la Aduana de Omoa, certifica que ha entregado a cuenta del General Cabañas la cantidad de 303.47 pesos el 3 de julio de 1869, según el decreto de 1851. El trato especial del Presidente Medina al General Cabañas se extendió a su familia. Doña Petronila Barrios de Cabañas y su hermana Onesifora Barrios, viuda de don Mariano Vela, reciben una sentencia favorable a un reclamo de 5,000 pesos y réditos?.

La mano del presidente Medina no es extraña en la resolución a favor de doña Petronila y su hermana. Por eso es explicable, incluso justificado, que la esposa de Cabañas le haya entregado a Medina algunas insignias militares del General¹?. Para 1867 el General Cabañas fue nombrado Tesorero de la Junta Itinerante de Trujillo¹¹. Y finalmente en 1874, el Estado de Honduras liquidó todo lo atrasado por valor de 7,360 pesos, honrando el decreto de 1851. Para 1880, el licenciado Abelardo Zelaya, Ministro de Hacienda, autorizó la liquidación final a favor de la viuda del General Cabañas¹². Por otro lado, la Asamblea Nacional Constituyente de El Salvador también autorizó una pensión a la viuda doña Petronila Barrios de Cabañas Fiallos en 1871¹³. En la liquidación de los beneficios a la familia Cabañas-Barrios, intervinieron como apoderados: Ramón Valenzuela, Adolfo Zúniga, Julio Lozano y Abelardo Zelaya. Concluimos diciendo, que el Estado de Honduras cumplió su deber con el “Soldado Ilustre de La Patria” por los servicios prestados , y hacer honor a la Representación Nacional que emitió el decreto del 31 de mayo de 1851.

Finalmente, no afecta ni se cuestiona la integridad de la persona del General Cabañas el haber recibido una pensión que autorizó el Congreso Nacional en 1851. Ni demerita en toda la profundidad su compromiso por la honestidad, buen gobierno y probidad administrativa; sino que nos hace comprender a un hombre cuya integridad esta amparada en la ley. No queremos héroes de oropel ni de juegos pirotécnicos. Queremos hombres que nos enseñen todas las vicisitudes que enfrentamos como mortales en nuestras vidas. Esa debe ser la lección. Los héroes y próceres inventados por el fundamentalismo histórico, tarde o temprano, empiezan a presentar fisuras en sus estatuas: Debemos apostar a hombres que conquistan su papel en la historia a base de integridad, lealtad, sacrificio y lucha. Estos parámetros deben ser para elevarlos al sitial de la Patria. Y entre esos esta, indudablemente, José Trinidad Cabañas. Porque esa debe ser la fuente de nuestra identidad nacional y nuestra conciencia histórica. ¡Saludos, General!

Ismael Zepeda Ordóñez. Choluteca. Historiador. UNAH. zepedao.ismael@hotmail.com

REFERENCIAS:

1 Salgado, Felix. Compendio de Historia de Honduras. (1927), p.111
2 Alvarado Ordoñez, Miguel Antonio. Revista de la Academia Hondureña de Geografía e Historia. Tomo LIV. Enero-marzo de 1971. No. 3. P. 18
3 Valladares Rodríguez, Juan. Raíces hondureñas del General Cabañas. Revista Extra. Año XI. Junio de 1971. Pp 15-17. Tegucigalpa. Reproducido en “Anales Históricos”. La Tribuna. 19 de junio de 2011.
4 Caja 134. Documento No. 4692. 1817. Archivo Nacional.
5 Caja 116. Documento 3750. Folio 52. Archivo Nacional.
6 Caja 147. Documento 5438. 1820. Archivo Nacional.
7 Carpeta 147. Libros Copiadores de la Contaduría Mayor del estado. 1865-1866. Archivo Nacional.
8 Ídem, Folio 326, V
9 Caja 151, Folio 298. 8 de junio de 1867. Libro Copiador del Supremo Gobierno. A.N.H.
10 Moran, John. José María Medina. Capitán-General y Presidente de Honduras. Esclarecimiento de su personalidad. (2002). Centro Editorial. San Pedro Sula. P, 39.
11 Caja 158. Libro de Alcabala de Trujillo. Libros Copiadores. A.N.H.
12 Carpeta 3. Libro 17-1880/17. Correspondencia de Hacienda. Libros Copiadores del Supremo Gobierno. A.N.H.
13 Anales del Archivo Nacional. No. 4. Año II. Octubre, 1968. P.64

 

  Entrevista con el presidente Cabañas

por William W. Wells

Durante los pocos días que estuve cambiando visitas y entregando cartas de presentación, tuve la oportunidad de estudiar el carácter y los hábitos de este pueblo aislado, en el cual ya había hecho varias valiosas  amistades. Decidí ahora exponerle al presidente Cabañas  el objetivo de mi visita a Honduras. Yo tenía noticia de que él comprendía mis puntos de vista, y que había expresado su intención de favorecerlos.

Al saber  que el presidente estaría desocupado a las diez de la mañana, fui con T… a la Casa de Gobierno, situada en la margen norte del río, y viendo directamente hacia el puente. Un centinela estaba a la puerta y presentó armas cuando pasábamos hacia el  corredor interior, pavimentando con losas cuadradas y al cual daban varios apartamentos ocupados por oficiales militares y civiles. La casa era la más espaciosa y de mejor aspecto que hasta entonces había  vis5to. En el patio de abajo creían varios hermosos árboles. Unas gradas de piedra conducían de este patio a varios cuartos de la segunda planta; la  casa era de alto y era cuidada con especial interés,  pues había sido antes propiedad y residencia del general Morazán, que era nativo de Tegucigalpa (1).

Yendo por el corredor vino a nuestro encuentro un sirviente, que con especial cortesía nos condujo a un apartamento amplio y agradablemente fresco; el lado occidental de éste se abría, por dos grandes puertas batientes, hacia un balcón, desde donde la esposa del General Morazán (hijo del ex presidente de Centro América) contemplaba el paisaje (2). Ella saludó con toda cortesía y justamente terminaba de darme la bienvenida a Honduras deseando que mi empresa tuviera éxito, cuando un ayudante nos anunció que el señor Presidente tendría placer en recibirnos.

Una cortina de damasco rojo, descolorida, colgaba de lado a lado, y servía para separar la oficina de la sala. Fue descorrida y, cruzando entre sus amplios pliegues, entramos a un pequeño gabinete. El mobiliario consistía en unos pocos escritorios repletos con expedientes, una gran mesa y escaso número de sillas,  que mostraban su mucho uso. T…, que era pariente de él, se adelantó y me presentó al señor Presidente. Estaba sentado frente a su escritorio y cuando entramos dirigió la vista hacia nosotros. Cabañas en este tiempo tenía cincuenta y dos años, (1) pero las zozobras y penalidades de su vida militar habían arrugado sus facciones. Sus compatriotas siempre han tenido una inconmovible confianza en su gestión pública, a la que, aún los peores enemigos de su política liberal, nada le pueden tachar ya que se inspira en los más sanos propósitos. Cuando le agradecí sus gentiles expresiones de bienvenida, tan “antiespañolas” en su evidente sinceridad, sentí que cuando menos estaba frente a un hombre cuya carrera pública no había sido manchada por una sola crueldad o rebajada por un solo acto traicionero o indigno.

Durante  la conversación, tuve la oportunidad de verificar los varios informes que sobre su aspecto personal se me habían dado. Su estatura, más bien diminuta, estaba compensada con su esbeltez extraordinaria, y en la plática sus ademanes armonizaban con el juego inteligente de su fisonomía. Es, en  verdad, un noble ejemplo de varón, pletórico de tranquila dignidad. Sus ojos son dulces, obscuros e inteligentes. Sus cabellos, otrora color castaño, son ahora blancos y largos, mientras su barba, patriarcal por su longitud y color níveo (la que, de acuerdo con su promesa solemne, no se ha cortado desde la muerte del General Morazán) imparte un interés adicional a la expresión triste de su rostro. Cabañas está  cubierto de heridas, que recibió en innúmeros combates, muchos de ellos perdidos en la historia del pequeño teatro de guerra donde ocurrieron,  pero casi increíbles por su fiereza salvaje y por la profusión de la sangre derramada.

El Presidente recibió mis cartas y expresó hallarse favorablemente dispuesto a la participación del capital y empresas americanas para el desarrollo de los recursos naturales de Honduras. Se refirió a su determinación reciente de enviar al señor Barrundia a los Estados Unidos con plenos poderes a fin de que negociara una extensión de privilegios especiales para los ciudadanos de la América del Norte, y lamentaba el deceso inesperado de su emisario en los momentos en que el objetivo de su misión estaba casi alcanzado. Habló en particular del departamento de Olancho y del famoso  río Guayape, y después  aconsejó a T… para que me disuadiera de mi proyectada visita, porque sus habitantes, separados del resto de la república por una formidable barrera de montañas, considerándose  desde la Independencia  en 1821 como una especie de entidad democrática autónoma, rehusaban contribuir a los gastos públicos y recibían a los extraños con recelo y sospecha. En verdad, durante esta entrevista dos veces se manifestó él decididamente en contra de mi proyecto de ir a esa región desconocida de Centro América, con cuyos habitantes el Supremo Gobierno había estado reiteradamente en pugna  en cuanto a los impuestos decretados para el sostenimiento de la seguridad colectiva y quienes, recientemente, habían llegado a levantarse en armas con el fin de rechazar a los oficiales de reclutamiento.

El, no obstante, admitió que yo, con cartas amplias y explícitas y un grado razonable de prudencia,  podría visitar las propiedades de los Zelaya en Olancho, ser recibido  cordialmente, y tal vez hasta suscribir con ellos importantes contratos en relación con las célebres regiones auríferas del Guayape. Esto, sin embargo, siendo desde tiempo inmemorial prerrogativa de los habitantes indígenas civilizados de aquella porción del país, podría provocar recelos de su parte. Estos y otros pormenores de información obtuve de Cabañas quien, estoy seguro, habló francamente y con toda sinceridad. Era obvio que su información respecto a aquel punto remoto de Honduras era incompleta. Admitió que nunca  había estado allá y vi que este era el caso con todos los jefes militares del Estado, exceptuando el General Morazán, quien penetró en Lepaguare con unos pocos acompañantes en 1829 y suscribió un pacto con los olanchanos (1).

(1)    La vieja casa de dos pisos que se alzaba en la esquina suroeste de la manzana donde ahora se yergue el moderno edificio del Banco Central de Honduras, perteneció a D. Dionisio de Herrera; pero no puede descartarse  la posibilidad de que el General Morazán residiera en ella alguna temporada.

(2)    De los dos hijos varones que se conocen del General Morazán parece que solo uno contrajo matrimonio; el otro, el General José Antonio Ruiz, debe de haber muerto soltero. El autor se refiere, indudablemente, a doña Carmen Venerio Gasteazoro, esposa de D. Francisco Morazán Moncada.

(1)    El General José Trinidad Cabañas había nacido en Tegucigalpa el 9 de junio de 1805.

(1)     Marure dice  en sus efemérides que el 21 de enero de 1830 “se consiguió la completa pacificación del estado de Honduras por medio de un tratado que ajustó el General Morazán, con los sublevados del departamento de Olancho en el paraje llamado Las Vueltas del Ocote”.

Fuente: Exploraciones y Aventuras en Honduras, 1857, Editorial Universitaria 1983.

RAICES HONDUREÑAS DEL GENERAL CABAÑAS

Juan Valladares Rodríguez

-I-

Un de los fines primordiales que profesa la Academia Hondureña de Geografía e Historia de Honduras, es el mejor conocimiento y la exaltación que debemos a quienes nos legaron patria y honor. En cumplimiento de esta obligación, tan grata a sus miembros, la academia ha dedicado un número extraordinario de su revista a la memoria del General Cabañas, en el primer centenario de su tránsito a la inmortalidad.

Por causas no previstas, este breve ensayo no pudo ser incluido en la publicación conmemorativa. Pero la fecha natalicia de José Trinidad Cabañas es oportuna para recordar las hondas raíces que él tiene en esta tierra generosa, que también es madre de sus consanguíneos Dionisio de Herrera y Juan Lindo.

Investigar los vínculos que nos muestran el profundo arraigo que en esa parcela centroamericana tienen algunos de los constructores de nuestra nacionalidad; probar que su hondureñidad se ahonda a lo largo de varias  generaciones; ubicarlos dentro de su familia y bajo el cielo donde ellos vieron la luz primera; anudarlos con los lazos indestructibles de la sangre y de los caros afectos de la niñez y juventud y fortalecer nuestro origen común como nación;  es sustentar los vínculos indisolubles de la sangre y del espíritu hondureñista que  debe mantenernos unidos para que de veras formemos la patria digna, libre y respetable que soñaron nuestros mayores.

Dar a conocer las profundas y entrañables raíces que el General Cabañas tiene en la hondureñidad, exhumando fechas, nombres y parentescos, es tarea gratísima para quienes todavía profesamos amor y veneración a la memoria de nuestros pares, y a la de los padres de nuestros padres, que también es amor a la patria.

Los nombres y vinculaciones que irán apareciendo en el curso del presente ensayo pueden servir para que otro aficionado a las genealogías componga un estudio menos breve y más enaltecedor para el General Cabañas, el hondureño que con su probidad heroica nos sigue enseñando que el primer deber de todo ciudadano es servir a la patria con total desprendimiento.

En Escritura que paso ante Don Gabriel de Irías, alcalde Ordinario de Segunda Nominación de la Real Villa de Tegucigalpa, consta que a 19 de noviembre de 1792, doña Josefa, doña Joaquina y don José María Cabañas; padre de don José Trinidad “hermanos, hijos legítimos del Capitán don Vicente Cabañas, vecino que fue del partido de  Olancho, y de doña María Antonia Herrera”, declararon:  “que resultas de haver (estado) prisionero su padre por los yngleses en la guerra del año de mil setecientos setenta y dos en la Isla de Jamaica, de donde se restituyo en La Habana, y en servicio del Rey Nuestro Señor, tienen noticias que por esta causa existen en la caja militar de Comayagua algunos dineros de sueldos devengados por el citado su padre, y para poderlos cobrar han venido en otorgar su poder cumplido, quanto en derecho se requiere y es necesario, al Rexidor de este Ayuntamiento Dn. Manuel Antonio Vásquez y Rivera…”.

Por la partida de matrimonio de los padres del General Cabañas conocemos los nombres de sus cuatro abuelos;  pero esta escritura de poder también nos revela los nombres de doña Joaquina y doña Josefa Cabañas, hermanas legítimas de don José María, quienes de seguro eran solteras en aquella fecha, porque de otra manera constaría la necesaria licencia marital.

Muchos años antes del nacimiento de don José María Cabañas, vivía en el Real de Minas de San Miguel de Tegucigalpa con Francisco Cabañas, casado con doña María del Rosario Rivera, tal vez emparentado con la familia de don Vicente Cabañas, abuelo del General Cabañas, hija de este matrimonio tegucigalpense fue doña María Francisca Cabañas, señora que a principios de 1754 se veló en esta parroquia con don Francisco Antonio Urmeneta natural de los reinos de España e  hijo legítimo de don Gaspar Urmeneta, y de doña Luisa Alcain. Años mas tarde, cuando estaba por nacer o recién nacido don José Maria Cabañas, a mediados de 1771, en esta misma parroquia de Tegucigalpa, otra hija del matrimonio Rivera-Cabañas, llamada Juana, caso con don Matías Mariano del Pino, natural de la ciudad de Quito e hijo legítimo de don Esteban del Pino y de doña Maria Manuela de Jara y Garcés.

Alguien con más dedicación y con mejor suerte puede llegar a esclarecer los enlaces consanguíneos que puedan haber existido entre los Cabañas de Olancho el viejo con la familia del capitán don Vicente Cabañas, abuelo de don José Trinidad.

-II-

Doña Maria Antonia Herrera, la abuela paterna del General Cabañas, fue hija legítima de don José de  Herrera y de doña Leocadia Rivera, que también fueron los padres de Maria Francisca, José Antonio, Maria Mercedes, Maria Manuela, Francisca, Juan Jacinto, Maria Escolástica y Maria del Carmen Herrera Rivera. De estos hermanos, don Juan  Jacinto de Herrera caso en primeras nupcias con doña  Paula Díaz del Valle, tía carnal del sabio Valle,  unión de la que  nacieron don Dionisio, don Justo y don Prospero de Herrera.

Don Juan Jacinto de Herrera fue cuñado del capitán don Vicente Cabañas, esposo de doña Maria Antonia Herrera; por consiguiente, don José Maria, el padre del General  Cabañas, fue primo hermano carnal de don Dionisio de Herrera; de aquel ciudadano prudente, integro, que después de haber sido gobernante de dos estados y de haber rehusado el gobierno de otro, murió en honrosa pobreza cuando era maestro de una humilde escuela de primeras letras.

Viudo de doña Paula Díaz del Valle, don Juan  Jacinto de Herrera contrajo matrimonio con doña Isidora Borjas, viuda en primeras nupcias de don Andrés de Cepeda. En la información matrimonial seguida por el Br. Don Juan Francisco Márquez, cura propio de la Villa de Tegucigalpa, a 3 de Enero de 1809 aparece declarando “Dn. Josef Maria Cavañas, vecino conocido dijo ser de edad de  treinta y seis, quien premiso el juramento del caso ofreció decir verdad en lo que fuese interrogado; y siéndolo conforme al tenor del escrito y demás artículos de la materia, dice: “que conoce de trato y comunicación a su tío Dn. Juan Jacinto Herrera, Alcalde Provisional de este Noble Ayuntamiento, y a doña Ysidora Borjas, viuda últimamente de Dn. Miguel Guerrero…”. Esta declaración viene a confirmar dos hechos apuntados arriba: el cercano parentesco entre don Dionisio de Herrera y don José María Cabañas y la época del nacimiento de este, ocurrido por los años de 1771 y 1772.

Don Céleo Arias refiere que cuando fue sitiada la ciudad de Comayagua por tropas federales al mando del Coronel Justo Milla, en abril y mayo de 1827, don José María Cabañas se presentó con sus tres hijos Trinidad, Urbano y Gregorio al Jefe de Estado don Dionisio de Herrera, ofreciéndole los servicios de los tres jóvenes. Agrega, que “desde ese día el joven José Trinidad Cabañas se hizo notable por su entusiasmo y valor”. Pero no fue en el asedio de Comayagua donde por primera vez empuñó las armas el soldado José Trinidad Cabañas, porque él mismo afirma que “comenzó su carrera militar en el año de 1826” según aparece de la certificación en que hace constar los servicios del Teniente Coronel don Ciriaco Mejía, extendida en Comayagua el 5 de enero de 1870.

De los hermanos del General Cabañas, apenas he logrado averiguar que el primogénito del matrimonio Cabañas-Fiallos nació en la Villa de Tegucigalpa el 27 de Noviembre de 1802, a quien se le impusieron los nombres de José Gregorio Francisco María, sacándolo de pila doña Juana María Rivera, la misma que también fue Madrina de bautismo del General Cabañas.

A 1º de Diciembre de 1814 del Dr. Don Juan Miguel Fiallos, Dignidad de Arcediano, Provisor y Vicario General de la Diócesis de Comayagua, fue nombrado Gobernador General del obispado, sin limitación alguna, por el Ilmo. Sr. Don Manuel Julián Rodríguez del Barranco, el ultimo Obispo hizo viaje a la ciudad de Guatemala en busca de salud, para no volver más a su silla.

Probablemente, a fines del año de 1810 don José María Cabañas se trasladó con su familia a Comayagua, buscando la protección o llamado por el Dr. Fiallos, hermano legítimo de su esposa doña Juana María Fiallos. Estando cerca de tan poderoso protector y pariente, la familia Cabañas-Fiallos debe de haber subsistido con algún desahogo. Prueba de ello es que no hay constancia de que regresaran a vivir de nuevo a Tegucigalpa.

Parece que el General Cabañas no tuvo hijos de su matrimonio con doña Petronila Barrios. De sus hijos naturales, si acaso tuvo varios, solo conozco a doña Rafaela Cabañas, casada con don Manuel Antonio Ugarte, hijo legítimo de don Dámaso Ugarte y de doña María Francisca Laínez. Del matrimonio Ugarte-Cabañas nació el 11 de junio de 1866 una niña, hija única de este matrimonio bautizada con los nombres de María Francisca, esposa que fue de don Julio Díaz Ugarte. Doña Rafaela Cabañas falleció a la edad de veintiocho años, el  3 de septiembre de 1866, según apuntes familiares de su esposo don Manuel Antonio Ugarte.

-III-

El Capitán de Granaderos don José de Zelaya y Midence, “descendiente de los más antiguos pobladores y conquistadores”, Regidor perpetuo del Noble Ayuntamiento de la Villa  de Tegucigalpa y Alcalde Provisional de la Santa Hermandad, fue hijo  legítimo del Comisario don Francisco de Zelaya y de doña Antonia Midence. El Capitán Zelaya Midence casó en esta  parroquia de San Miguel con doña María de la Rosa Fiallos, hija legítima de don José Fiallos y de doña Bernarda Lozano Peña. De este matrimonio, cuya velación tuvo lugar el 27 de Enero  de 1763, nacieron: Antonia Josefa, María Antonia, Ubalda Josefa, Juana Josefa, Bárbara Josefa, José Simón, José Ramón y José Jerónimo Zelaya Fiallos.

Doña Bárbara Zelaya Fiallos contrajo matrimonio  con don Joaquín Fernández Lindo, natural de la ciudad de León de Nicaragua, en donde nació el 19 de octubre de 1764, del matrimonio de don Alonso Lindo con doña María Mercedes Molina. De la alianza Fernández Lindo-Zelaya, verificado el 21 de diciembre de 1785,  vino al mundo don Juan Nepomuceno Fernández Lindo, que debe de haber nacido hacia el año de 1790, Jefe de dos Estados Centroamericanos, don Juan Lindo promovió y protegió la fundación de sus respectivas universidades.

Doña Rosa Fiallos, abuela materna de don Juan Lindo, fue hermana de don Manuel Fiallos, el abuelo materno del General Cabañas; de manera

Que éste y don Juan Lindo eran primos segundos, hijos ambos de dos primas hermanas: doña Juana María Fiallos y doña Bárbara Zelaya Fiallos.

Don José  de Zelaya y Midence, en pago de un voto hecho a la Santísima Virgen por haberlo sanado milagrosamente del mal de piedra, de su peculio y con la ayuda de los vecinos y limosnas que al efecto recaudó, en el año de 1780 levantó la primera ermita que tuvo Nuestra Señora de Suyapa.

El 31 de agosto de 1743, ante el Maestro de Campo don Gaspar de Artica, Teniente de Alcalde Mayor del Real de Minas de Tegucigalpa, el Alférez don José Fiallos, hijo legitimo de don Pedro Fiallos y de doña Juana de Cepeda (tatarabuelos del General Cabañas); encontrándose  el testador enfermo en cama, “de achaques de Dios Nuestro Señor ha sido servido de darme, pero en mi entero juicio, memoria y entendimiento natural”, otorgo  su última voluntad, en la que declara haber sido casado y velado con doña Bernarda Lozano Peña, difunta, con quien procrearon a Juana María, María de La Rosa (abuela materna de don Juan Lindo), José Alejandro y Manuel (abuelo materno del General Cabañas). También declaro ser dueño, entre otros bienes, de ocho caballerías de tierra medidas y compuestas con su Majestad en el sitio de Suyapa, y en ellas casa de vivienda de tejas y otra de trapiche corriente y moliente, una suerte de caña…”.

El abuelo paterno del General Cabañas, don Manuel Fiallos, contrajo matrimonio con doña Isabel María Castellón, hija legítima de don Nicolás Castellón y de doña María de la Concepción Díaz; se desposaron el 20 de mayo de 1754 en la parroquia del Real de Minas de Tegucigalpa, habiéndose velado el 22 de noviembre del mismo año.

Dejo para otra ocasión  -si el Señor  me concede otra prórroga- escribir algo sobre otra rama de la familia Fiallos, cuyo origen viene de otro don Pedro Fiallos, casado con doña Isabel García, de quienes descienden el Dr. Máximo Soto Fiallos,  el Dr. Ramón Rosa, el Dr. Marco Aurelio Soto, el  Dr. Carlos Alberto Uclés, el Dr. Juan Manuel Fiallos  Salgado, el Ing. don Enrique Constantino Fiallos Montiel,  el Presbo. don Agapito Fiallos Martínez y Monseñor Ernesto Fiallos Lanza, entre otros nombres ilustres.

En Honduras, donde hay hasta profesionales cuya genealogía no va más allá de su padre, porque ignoran los nombres de sus abuelos, conocer los nombres de estos es toda una  proeza genealógica. En esta medida, los datos apuntados sobre los próximos ascendientes del General Cabañas serían bastante para contentar a cualquiera; pero demasiado sé que no son otra cosa que elementos para formar, con la seguridad que dan documentos de primera mano, la genealogía de tres de nuestros grandes hombres, que están unidos por los vínculos de la sangre: Dionisio de Herrera, el gobernante que supo perdonar, ordenando destruir los documentos en que aparecían comprometidos los enemigos que intentaban derrocarlo; Juan Lindo, promotor de dos universidades, y José Trinidad Cabañas, el ciudadano de la probidad acrisolada, el que se conformó con el tesoro de la plata que resplandece sobre su pecho.  Porque un pelo de la barba de Cabañas es todo un programa de gobierno: resume la probidad, la entereza y el valor cívico de que tanto necesita nuestra pobre Honduras.

Tegucigalpa, doce de junio de 1871.

Tomado de  la REVISTA EXTRA, Año XI, Junio de 1971, páginas 15, 16 y 17
Director Oscar Acosta
Tegucigalpa, Honduras, C.A.
 

 

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